Una política hace depender su éxito del estudio, la valoración que hace de los actores, procesos, sucesos que suben al escenario político. Las últimas semanas el gobierno ha extendido su política represiva hacia su interior, sus áreas afectuosas. Parlamentarios, investigadores universitarios, defensores de derechos humanos, han sido incorporados a las listas de detenidos, sospechosos y defenestrados. El dedo gubernamental ubica los nuevos críticos, enemigos, bajo el amparo de la Fundación Rosa Luxemburgo, financiada por el Estado Alemán.
¿Cómo se desplaza el poder, los grupos que giran en su interior, qué papel juega la confianza, la lealtad en la hegemonía del poder?
No es posible sostener un proyecto, un plan, político, cuyo propósito es el sometimiento, el control, la opresión, el usufructo, de una sociedad, sin que tal despliegue autoritario no disponga de socios operarios de probada lealtad, sumisa incondicionalidad. Es este el combustible que irriga el sistema circulatorio del autodenominado Socialismo del Siglo XXI, cuyo núcleo de acción es el sometimiento de la nación, despojándola de su voluntad política, su democracia, riqueza material, su libertad y creación espiritual e intelectual, desbaratando su juridicidad e institucionalidad política y administrativa, para controlarla y usufructuarla salvajemente.
Lograr tal propósito requiere de una lealtad, más bien de una incondicionalidad, sostenida sobre fanáticos, adulantes, oportunistas de cargo y guiso, también probablemente, gente crédula, de buena fe... Esto estimula y favorece una cultura política donde la lealtad, la confianza, son mercadeables, desechables.
Cuando la confianza, la lealtad, se torna incondicionalidad, pasa a ser complicidad para la corrupción, la delación y las desapariciones forzosas, violación de los DD.HH., complicidad con el autoritarismo. Es lo que están comenzando a comprender dirigentes, militantes, y víctimas del fraude del Socialismo del Siglo XXI.
Es innegable el efecto de las últimas medidas y presiones internacionales, pero lo más resaltante es la contagiante fuerza de la fé en el cambio por parte de la ciudadanía. El cambio se está creando, el país y su liderazgo, Edmundo y María Corina, están listos para gobernar y abrir paso a la libertad, la democracia y el progreso.
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