Mientras la economía de Cuba está en caída libre, su red eléctrica falla, y millones de sus ciudadanos se han marchado, el gobierno de la isla se enfrenta a lo que quizás sea su enemigo más amenazante: el presidente Donald Trump.

Hace casi 20 años, se desataron celebraciones frente al emblemático restaurante Versalles de Miami después de que Fidel Castro anunciara que estaba tan enfermo que tenía que renunciar temporalmente a la presidencia de Cuba.
Los exiliados cubanos volvieron a regocijarse dos años más tarde, cuando dimitió definitivamente, y una vez más cuando falleció en 2016, aunque su hermano Raúl Castro era presidente en ese momento.
Ahora, la economía del país está en caída libre, su red eléctrica está fallando, millones de sus ciudadanos se han ido y el gobierno cubano se enfrenta a lo que quizás sea su enemigo más amenazante: el presidente Donald Trump.
Trump ha cerrado el acceso de Cuba a los envíos de petróleo, ha contribuido a paralizar su vital industria turística y ha declarado que el gobierno cubano “está en las últimas”.
El gobierno de Trump y los numerosos exiliados cubanos que llevan casi siete décadas esperando la caída del gobierno comunista de Cuba dijeron que creían que este podría ser finalmente su momento.
Después de años en los que los presidentes estadounidenses han probado diversas tácticas de presión económica para acelerar la caída del gobierno cubano, el corte de combustible por parte del gobierno de Trump ha subido drásticamente la apuesta, ya que el petróleo mantiene en funcionamiento al país, desde el transporte público hasta las fábricas y las granjas.

En el pasado se han hecho predicciones sobre la caída del gobierno cubano, sobre todo tras la disolución de la Unión Soviética, que había sido el principal benefactor de Cuba, pero todas ellas resultaron erróneas.
Pero esta vez, según los expertos, la supervivencia del gobierno cubano parece estar muy en duda.
Los miembros de la comunidad cubana exiliada en el sur de Florida afirman que los funcionarios del gobierno de Trump les han asegurado que los días del gobierno cubano están contados.
El gobierno de Estados Unidos “ha decidido que Cuba debe ser libre antes de que termine 2026”, dijo Marcell Felipe, un destacado líder exiliado cubano en Miami que preside el Museo Americano de la Diáspora Cubana y afirmó haberse reunido con diplomáticos estadounidenses. “Este es un plan en marcha”.
Además del petróleo, los planes de Trump también se han centrado en gran medida en eliminar el acceso de Cuba a las divisas fuertes procedentes del turismo y las misiones médicas del país en el extranjero, según afirmó un funcionario de alto rango del Departamento de Estado que habló con la condición de que no se publicara su nombre para poder discutir asuntos diplomáticos delicados.
La industria turística cubana nunca se recuperó de la pandemia de COVID-19, en parte debido a las medidas del gobierno de Trump que dificultaban a los europeos viajar a Estados Unidos después de visitar Cuba.

Después de que el ejército estadounidense capturara al líder venezolano Nicolás Maduro, Trump detuvo el suministro de petróleo venezolano a Cuba. Venezuela había mantenido a flote a Cuba durante mucho tiempo con 35.000 barriles de petróleo al día a cambio de servicios médicos prestados por médicos cubanos.
Trump también anunció aranceles contra cualquier país que envíe petróleo a Cuba. En conjunto, las medidas cortan efectivamente los dos únicos proveedores de petróleo de Cuba, Venezuela y México, justo cuando Cuba está sufriendo cortes de electricidad en toda la isla. Cuba produce su propio petróleo, pero solo lo suficiente para cubrir el 40 por ciento de sus necesidades diarias, y la falta de envíos internacionales acabaría paralizando el país, según los analistas.
Trump afirma que Estados Unidos está en conversaciones con los principales líderes cubanos, pero no ha dado más detalles.
“Cuba es una nación que está fracasando”, declaró recientemente Trump a los periodistas. “Ha sido así durante mucho tiempo, pero ahora no cuenta con Venezuela para sostenerla. Así que estamos hablando con la gente de Cuba, con las personas más importantes de Cuba, para ver qué sucede”.
El gobierno cubano se negó a hacer comentarios para este artículo.
El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossio, declaró a la agencia de noticias EFE que se habían “intercambiado mensajes” con el gobierno de Trump, pero negó que se estuviera llevando a cabo ningún diálogo.
Descartó cualquier discusión sobre cambios políticos o económicos, y señaló que Estados Unidos no tiene más voz en estos asuntos que la que tendría Cuba para dictar cómo deben actuar los agentes del ICE en las redadas contra migrantes en Mineápolis.
“Si se está pensando que existe fraccionamiento dentro del gobierno cubano, fraccionamiento dentro de las fuerzas políticas en Cuba, y una disposición”, se le citó diciendo, “a claudicar frente a la presión, la agresividad de Estados Unidos, injustificada e inmoral,… es una interpretación equivocada”.
Juan Triana, profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, señaló que Cuba no se derrumbó ni siquiera en la década de 1990, durante la crisis conocida como el “período especial” tras la caída de la Unión Soviética.
“Todo el mundo miraba a Cuba esperando que cayera, y perdieron la apuesta”, dijo. “Todos los presidentes de Estados Unidos la han perdido”.
Aun así, en una inusual conferencia de prensa que el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ofreció la semana pasada, pareció reconocer la gravedad de los problemas del país. Describió planes para racionar el limitado suministro de petróleo nacional de Cuba y para ampliar la energía solar y eólica, pero no mencionó la obtención de nuevas importaciones de petróleo.

El gobierno cubano ha enviado mensajes contradictorios al gobierno de Trump, publicando mensajes contundentes en las redes sociales, pero también emitiendo una declaración más moderada.
Cuba propuso renovar la cooperación con Estados Unidos en cuestiones como la lucha contra el terrorismo, el lavado de dinero, la prevención del tráfico de drogas, la ciberseguridad, la trata de personas y los delitos financieros.
Al mismo tiempo, Cuba también ha atacado a Mike Hammer, jefe de la embajada de Estados Unidos en La Habana, con pequeños grupos de simpatizantes del gobierno que lo han abucheado y lo han llamado asesino. El vehículo diplomático de Hammer fue rodeado por manifestantes en cinco ocasiones cuando salía de reuniones en varias ciudades cubanas, episodios conocidos en Cuba como “actos de repudio”, según el Departamento de Estado.
Un funcionario estadounidense que no estaba autorizado a hablar públicamente sobre las interacciones del gobierno estadounidense con La Habana dijo que los funcionarios cubanos estaban nerviosos porque habían empezado a darse cuenta de que su revolución estaba llegando a su fin.
El funcionario de alto rango del Departamento de Estado que habló sobre la estrategia de la Casa Blanca dijo que la mayoría de las conversaciones con el gobierno cubano versaban sobre cuestiones técnicas, como los vuelos de repatriación, y no eran sustantivas.
El problema no es que las dos partes no dialoguen, sino que existe un desacuerdo fundamental sobre lo que debe ponerse sobre la mesa, dijo el funcionario del Departamento de Estado.

Si los funcionarios cubanos se acercaran al gobierno de Trump con ofertas significativas, como permitir más empresas privadas y partidos políticos rivales, el gobierno estadounidense estaría dispuesto a participar más activamente, dijo el funcionario.
El gobierno de Trump, dijo el funcionario, buscaba conversaciones similares a las que se están llevando a cabo en Venezuela, donde el gobierno interino del país ha acordado tomar medidas hacia la transformación económica y la democracia.
Pero ese enfoque sería difícil porque no hay ningún funcionario cubano en el cargo como la líder interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que haya estado dispuesto a apaciguar al gobierno de Trump, dijo Ricardo Zúniga, un exfuncionario del gobierno de Barack Obama que ayudó a dirigir las negociaciones secretas con Cuba. El gobierno de Cuba ha marginado a cualquier funcionario gubernamental que pareciera tener aspiraciones políticas.
Muchos expertos señalan otro reto clave si el gobierno de Cuba cayera: no está claro quién lideraría el país, ya que el gobierno ha encarcelado a la mayoría de los líderes de la oposición o los ha obligado a exiliarse.
Peter Kornbluh, autor de una historia de las negociaciones secretas entre Cuba y Estados Unidos, dijo que creía que las conversaciones ya estaban en marcha.
“Tiene sentido que Estados Unidos y Cuba mantengan conversaciones secretas, aunque sean el resultado de la coacción criminal de la Casa Blanca de Trump”, dijo Kornbluh, crítico de las políticas económicas de línea dura de Estados Unidos. “El diálogo, incluso bajo coacción, es preferible a la agresión abierta de Estados Unidos y ofrece una posible salida para ambas partes”.

Las conversaciones de 2013 durante el gobierno de Obama fueron tan secretas que ni siquiera el Departamento de Estado sabía de ellas. Las discusiones, mediadas por el Vaticano y celebradas allí y en Canadá, dieron lugar a la renovación de las relaciones diplomáticas y a un breve período de aumento de los viajes.
Las conversaciones se centraron en la idea de que la apertura de Cuba a más empresas privadas y la mejora de las condiciones de vida conducirían a un cambio de régimen, pero el gobierno cubano acabó sofocando las oportunidades económicas. Según Zúniga, el pensamiento de Trump es el contrario: que el colapso económico y social también hará que el gobierno se derrumbe.
“Creo que están tratando de crear una situación de tensión extraordinaria, similar a una guerra, en Cuba, para intentar sacar ofertas del gobierno cubano”, dijo. “Pero los cubanos no tienen ninguna visión de un plan que los aparte del poder”.
Ada Ferrer, profesora de historia en la Universidad de Princeton, cuyo libro Cuba, an American History ganó el Premio Pulitzer de Historia en 2022, dijo que era cierto que las predicciones anteriores sobre la caída del gobierno cubano habían sido erróneas. Pero ahora no hay ningún benefactor esperando tras los bastidores para salvar la economía cubana en crisis, como hizo Venezuela luego de la caída de la Unión Soviética.
“Esta vez”, dijo, “se siente diferente”.
Jack Nicas colaboró con reportería desde Ciudad de México.
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.









