El gobierno de Estados Unidos busca obtener una participación importante en las reservas petroleras de Venezuela mediante una posible asociación entre el Departamento de Defensa y Alejandro Betancourt, un controvertido inversionista energético que se ha convertido en un intermediario clave entre ambos países.
Las negociaciones se centran en hasta 17 yacimientos petroleros que abarcan las principales cuencas petroleras de Venezuela, según personas familiarizadas con el asunto.
Se está considerando que la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono (OSC) sea la agencia que supervise la inversión, dijeron también algunas de esas personas. La OSC fue creada por la Administración de Joe Biden en 2022 como parte de un esfuerzo para desarrollar tecnologías críticas con ayuda de capital privado. La Administración Trump ha recurrido a esa oficina para abordar brechas en las cadenas de suministro.
La Casa Blanca y el Pentágono declinaron comentar de inmediato. Un funcionario de prensa del Ministerio de Información de Venezuela no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios. North American Blue Energy Partners, el principal productor petrolero independiente de Venezuela, controlado por Betancourt, tampoco respondió de inmediato.
Que el Pentágono pueda tomar el control directo de reservas energéticas en un país extranjero es el último detalle llamativo y poco ortodoxo que emerge sobre los esfuerzos de Estados Unidos para reforzar su control sobre el sector petrolero venezolano. Un posible arreglo en discusión contemplaría un arrendamiento de 100 años para Estados Unidos.
Desde la captura del expresidente Nicolás Maduro en enero y su reemplazo por Delcy Rodríguez, el presidente Donald Trump ha promovido la reconstrucción de la golpeada industria petrolera venezolana, que alguna vez fue la más grande de América Latina. Washington ahora controla de facto las ventas de petróleo venezolano y ha relajado sanciones para permitir que empresas estadounidenses hagan negocios en el país.
Aun así, la producción petrolera de Venezuela solo ha aumentado de forma marginal este año, y la llegada de nueva inversión extranjera ha sido un proceso lento. Mientras tanto, la guerra de Estados Unidos con Irán y la interrupción de suministros de Oriente Medio han empujado al alza los precios globales de la energía, lo que subraya los posibles beneficios de una reactivación rápida de la producción venezolana.
Mientras las grandes petroleras estadounidenses ExxonMobil Holdings Corp. y ConocoPhillips se han mantenido al margen a la espera de un clima político y de inversión más favorable en Venezuela, Betancourt se ha movido con rapidez para consolidar sus intereses petroleros y convertirse en un intermediario tanto para el gobierno de Estados Unidos como para operadores independientes dispuestos a asumir riesgos en busca de acuerdos.

