Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, junio 22, 2026

Los ministros que dejaron a Venezuela a oscuras


Luego de ser uno de los mejores servicios eléctricos de América Latina, Venezuela pasó a ser un país a oscuras. La respuesta al deterioro de esta industria se puede encontrar en la docena de ministros —la mayoría militares sin formación técnica—, los contratos millonarios sin resultados y las decisiones que expertos rechazaron desde el principio

apagón

Desde hace más de dos décadas, el Sistema Eléctrico Nacional ha atravesado un deterioro progresivo marcado por apagones masivos, racionamientos prolongados y un déficit estructural de generación que aún persiste. La crisis no solo responde al colapso de la infraestructura, sino también a una cadena de decisiones institucionales y a los distintos perfiles que han estado al frente del Ministerio de Energía Eléctrica y Corpoelec, en una gestión que ha alternado entre militares, operadores políticos y, en menor medida, ingenieros del área.

En marzo de 2026, en medio de un sistema aún golpeado por fallas recurrentes y un déficit de generación, la cartera eléctrica pasó a manos del ingeniero electricista Rolando Alcalá, designado por la administración de Delcy Rodríguez como nuevo ministro de Energía Eléctrica. Su nombramiento se produjo en un contexto de reformas legales y administrativas, intentos de inversión y una apertura incipiente del sector, tras años de conducción marcada por perfiles no técnicos. Este recorrido histórico repasa a los ministros que han estado al frente del sistema eléctrico venezolano y que, en distintos momentos, han acompañado su deterioro hasta el escenario actual.

El petróleo lo comenzó todo

Venezuela, como país petrolero, abrió muchas puertas en el plano internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, el país abastecía de crudo a aliados como Estados Unidos y el Reino Unido, y más tarde también a Canadá y China.

Durante el gobierno de Isaías Medina Angarita se impulsó el desarrollo de la industria petrolera y se crearon mecanismos para que el país pudiera refinar su propio crudo. Las refinerías de Cardón y Amuay, las más grandes de Venezuela, se construyeron como consecuencia de ese impulso.

Con el desarrollo de las refinerías llegó también la construcción de centrales termoeléctricas, instalaciones que generan energía a través de la quema de combustibles fósiles u otras fuentes. Según la revista SIC, Venezuela alcanzó una tasa de crecimiento de la capacidad eléctrica del 23,11% anual en 1960, la más alta de América Latina.

Entre los años 60 y 80 se crearon otras empresas y proyectos que consolidaron ese desarrollo. La Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico (Cadafe) ejecutó proyectos que cubrieron energéticamente al 50% del país. Y en 1986 fue inaugurada la Central Hidroeléctrica del Guri, que para la época era la más grande del mundo y llevaba electricidad al 77% de la población venezolana.

Lo que cambió todo

En 1999, con la llegada de Hugo Chávez Frías al poder, comenzó una era de cambios sociales y políticos que también transformó radicalmente el sector eléctrico.

El primer ministro de Energía y Minas de Chávez fue Alí Rodríguez Araque, también conocido como «Comandante Fausto», quien había pertenecido al grupo guerrillero Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y cuya visión era afín al modelo cubano. Su nombramiento daría una idea de lo que vendría después.

En 2000 lo sucedió Álvaro Luis Silva Calderón, abogado y uno de los autores de la ley que nacionalizó el petróleo en Venezuela.

En 2002 llegó el ingeniero Rafael Ramírez, quien tomó las riendas del Ministerio de Energía y Petróleo y acumuló considerable poder durante su mandato. Bajo su gestión se nacionalizaron las pocas empresas privadas del sector eléctrico, entre ellas La Electricidad de Caracas, comprada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa) por 740 millones de dólares. Esa operación sería el origen de lo que hoy conocemos como Corpoelec.

En 2005 se determinó que los centros de distribución eléctrica pasarían a estar controlados por militares venezolanos.

Entre 2002 y 2006 también estaba como viceministro Nervis Gerardo Villalobos Cárdenas, un ingeniero eléctrico que se desarrolló en el Ministerio de Energía y Petróleo y que actualmente enfrenta cargos en Estados Unidos y España por corrupción internacional y blanqueos de capitales. Era la mano derecha de Rafael Ramírez.

En el 2018 el ex fiscal general, Tarek William Saab, emitió una orden de captura en su contra, según el portal, Armando.Info.

Para el 2007 ya se había creado Corpoelec y en el 2008 el militar Hipólito Izquierdo tomó sus riendas con el encargo de ejecutar el Plan de Expansión de Generación, que tenía como objetivo añadir 10.480 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional. Chávez lo destituyó en 2009.

La estadía de Rafael Ramírez o el «zar del petróleo» en el Ministerio de Energía y Petróleo fue extensa, hasta el 2009 cuando se creó el Ministerio para el Poder Popular para la Energía Eléctrica(MPPEE) y continuó con su legado Ángel Rodríguez Gamboa, militante del PSUV y primer ministro de Energía Eléctrica de Venezuela, quien aplicó los primeros racionamientos en algunas zonas del país. Duró apenas un año en el cargo.

En 2010 regresó Alí Rodríguez Araque, quien decretó la «emergencia eléctrica» y delegó gran parte de los procesos al equipo cubano encabezado por el ministro de Tecnología de Cuba, Ramiro Valdés Menéndez, militar condecorado y vicepresidente de Cuba. Con él se prometió la modernización del sistema y, con cientos de millones de dólares disponibles, comenzaron los contratos exprés que enriquecieron a los conocidos como «bolichicos».

En 2011 desfilaron varios nombres por el cargo. Rodolfo Navarro Díaz fue nombrado ministro de Energía Eléctrica, pero duró pocos meses. La presidencia de Corpoelec pasó brevemente por Joaquín Osorio, quien apenas duró 7 días antes de ser sustituido nuevamente por Alí Rodríguez Araque, quien se mantuvo hasta el 24 de enero de 2012.

También en julio de 2011, Argenis Chávez, hermano del presidente e ingeniero eléctrico, fue designado ministro de Energía Eléctrica y presidente de Corpoelec. Duró exactamente 7 días, fue destituido el 30 de julio. Trabajadores de la empresa señalaron que durante su breve gestión se generaron pérdidas de más de 4 millones de dólares destinados al mejoramiento del sistema.

Ese mismo año, el ingeniero eléctrico Héctor Navarro asumió el Ministerio de Energía Eléctrica y atribuyó los problemas del sistema al «sabotaje». Salió del cargo en 2013 y fue suspendido del Psuv por sus críticas al gobierno.

Jesse Chacón llegó después como ministro y presidente de Corpoelec. Militar de carrera, prometió públicamente que si en 100 días no lograba cumplir el plan para mejorar el servicio eléctrico, renunciaría. El plan fracasó, pero Chacón no renunció hasta 2015.

Ese año asumió Luis Motta Domínguez, general de División de la Guardia Nacional, quien atribuyó los problemas eléctricos al sabotaje y al fenómeno «El Niño». Durante su gestión se firmaron contratos que superaban los 6 millones de dólares. En 2019, dos personas identificadas como sus presuntos testaferros —Jesús Ramón Veroes y Luis Alberto Chacín Haddad— fueron acusadas en la Corte del Distrito Sur de Florida de conspiración para el lavado de dinero.

El apagón masivo

Motta Domínguez permaneció en el cargo hasta 2019, año en que se produjo el apagón masivo que dejó a todo el país sin electricidad durante al menos dos semanas, con cortes que en algunas zonas se extendieron por días.

Tras su destitución, Nicolás Maduro nombró al ingeniero eléctrico Igor Gavidia León al frente del ministerio y de Corpoelec, el primer ministro sin grado militar desde Argenis Chávez y el primer ingeniero eléctrico en el cargo en años.

Ese mismo año llegó Freddy Brito Maestre, ingeniero eléctrico egresado de la UCV con doctorado en electrónica en Francia. Su mandato se extendió hasta 2020, cuando fue sustituido por Néstor Reverol, militar y político venezolano que había presidido Corpozulia, y quien se mantuvo en el cargo hasta 2024.

Lo sucedió Jorge Elieser Márquez, general de División de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que también ejercía como director general de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) desde 2017. Permaneció en el ministerio hasta 2026, cuando fue sustituido por el actual ministro, Rolando Alcalá, ingeniero electricista egresado de la Universidad Simón Bolívar (USB).

El comienzo de la mala gestión

Según la revista SIC, el gasoil, utilizado para generar electricidad en las termoeléctricas venezolanas, es un mecanismo obsoleto que produce «emisiones acidificantes de la atmósfera que hacen que se genere lluvia ácida, capaz de deteriorar los suelos y las cosechas».

Ese recurso solo es utilizado por otro país en América Latina: Cuba. Y cuando en 2009 se creó el Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica, la decisión de usar gasoil para abastecer las plantas de gas natural se impuso a pesar del rechazo de numerosos especialistas.

Eso provocó la salida de ingenieros y profesionales del sector. Hoy, de las plantas termoeléctricas adquiridas entre 2004 y 2014, solo funciona la mitad.

Según la revista SIC, la explicación tiene una sola palabra: mala gestión. Los proyectos inacabados, las decisiones equivocadas, la improvisación y la falta de conocimiento técnico destruyeron un sistema eléctrico que en los años 90 era considerado uno de los mejores de América Latina.

¿Dónde estamos parados ahora?

Luego de años de mala gestión, con personas a cargo de ministerios de los cuales no estaban aptos, ahora, luego el recién decretado gobierno interino de Delcy Rodríguez, busca un acercamiento distinto para tratar de recuperar lo que alguna vez fue el sistema eléctrico del país.

El 15 de junio del 2026, el gobierno de Venezuela firmó un acuerdo con la empresa General Electric. El objetivo estipulado por el país es recuperar 5.000 megavatios en 4 años para reforzar el Sistema Eléctrico.

Esta no fue una decisión que vino sola. A principios de junio la Asamblea Nacional aprobó un primer debate para que la empresa privada pueda incursionar en el sistema eléctrico, después de décadas de control del Estado. Estas primeras discusiones se centrarán en realizar los informes técnicos correspondientes para la recuperación del sistema y en la realización de una propuesta para la participación de empresas mixtas y privadas en el servicio eléctrico.

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Ramiro Valdés, el "virrey" de Cuba que ayudó a construir el aparato de control del chavismo


lapatilla.com

La muerte de Ramiro Valdés este domingo no solo marca el final de uno de los fundadores del castrismo. Para Venezuela, representa la desaparición de una figura que durante años fue señalada como el principal operador de la penetración cubana en áreas sensibles del Estado chavista, desde los organismos de inteligencia hasta los sistemas de identificación, telecomunicaciones y vigilancia política. Valdés fue durante décadas uno de los hombres más poderosos del régimen cubano y encabezó la Seguridad del Estado creada tras la llegada de Fidel Castro al poder.

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Cuando Hugo Chávez anunció en 2010 la llegada del dirigente cubano para atender la crisis eléctrica venezolana, pocos creyeron que su papel se limitaría al sector energético. Desde entonces, distintos analistas, exfuncionarios y sectores de la oposición sostuvieron que su verdadera misión consistía en profundizar la influencia de La Habana sobre las estructuras de control del chavismo.

Para muchos venezolanos, Valdés fue el rostro visible de un proceso que comenzó con el Convenio Integral Cuba-Venezuela firmado por Castro y Chávez en el 2000 y que permitió el desembarco de miles de asesores cubanos en instituciones estratégicas del país. Con el paso de los años, esa cooperación dejó de limitarse a médicos o técnicos y se trasladó hacia áreas mucho más sensibles para la permanencia del chavismo en el poder.

Diversas denuncias atribuyeron a Valdés un papel clave en la penetración cubana dentro de organismos de inteligencia, sistemas de identificación ciudadana y plataformas tecnológicas utilizadas para monitorear a la población. Su experiencia no era casual: fue uno de los creadores de la Seguridad del Estado cubana y posteriormente dirigió áreas vinculadas a las telecomunicaciones y la informática en la isla.

Bajo su influencia, el chavismo avanzó hacia mecanismos de control cada vez más sofisticados. Durante años, sectores opositores denunciaron que asesores cubanos tuvieron acceso a bases de datos estratégicas de los venezolanos y participaron en proyectos vinculados a la identidad digital, el monitoreo de información y la vigilancia política.

Uno de los nombres que más apareció en esas denuncias fue el de Albet S.A., empresa estatal cubana que recibió contratos millonarios para desarrollar sistemas tecnológicos en Venezuela. Sus críticos sostuvieron que esos convenios no solo implicaban enormes desembolsos de dinero público, sino también la cesión de información sensible a La Habana.

La influencia cubana también se proyectó sobre el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), creado por Nicolás Maduro en 2013 para centralizar información procedente de todos los organismos de inteligencia y seguridad. El exdirector de Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, Gyoris Guzmán, llegó a afirmar que el régimen cubano ejercía un importante nivel de control sobre los flujos de información manejados por esa estructura.

El Cesppa fue concebido para procesar datos sobre cualquier asunto que pudiera afectar la estabilidad del régimen chavista. Para sus detractores, era la versión venezolana de los mecanismos de vigilancia desarrollados durante décadas por la inteligencia cubana. No por casualidad, una de las primeras decisiones adoptadas tras la caída de Maduro fue la eliminación formal de ese organismo.

Pero la influencia de Valdés no se limitó a los sistemas de inteligencia. Su nombre también apareció vinculado a operaciones financieras y acuerdos opacos entre Caracas y La Habana. Uno de los episodios más reveladores ocurrió en 2016, cuando el entonces presidente de Pdvsa, Eulogio Del Pino, tuvo que dirigirse directamente a Valdés para gestionar la liberación de fondos venezolanos depositados en un banco cubano, un hecho que para muchos ilustró el nivel de poder que había acumulado el dirigente comunista sobre asuntos estratégicos para Venezuela.

Por eso, más que un funcionario cubano, Valdés terminó siendo visto como una especie de “virrey” del castrismo en Caracas. Mientras Chávez y posteriormente Maduro concentraban la atención pública, él operaba en las sombras consolidando la presencia cubana en las estructuras más sensibles del Estado venezolano.

Su fallecimiento ocurre además en un momento en el que buena parte de esas estructuras están siendo desmontadas o revisadas tras la captura de Maduro y el proceso de transición impulsado bajo supervisión de Washington. Sin embargo, para sus críticos, el legado de Valdés sigue presente en muchos de los mecanismos de vigilancia, control y represión que marcaron más de dos décadas de chavismo.

La desaparición física del histórico comandante cubano no borra la huella que dejó en Venezuela. Para quienes denunciaron durante años la injerencia de La Habana, Ramiro Valdés fue mucho más que un asesor extranjero: fue el hombre que ayudó a convertir al chavismo en una versión tropicalizada del modelo de control político construido por los Castro en Cuba.

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