Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, septiembre 08, 2026

WIN WIN CON LOS VENEZOLANOS Por Douglas Zabala



El convenio, firmado el 28 de agosto de 2026, otorga a Estados Unidos el control sobre 65.000 millones de barriles de crudo distribuidos en 17 campos y se proyectan ingresos de 209.000 millones de dólares en 25 años. 

 

A primera vista esta información ha resultado aleccionadora, pero, como lo ha señalado María Corina Machado: “el patrimonio de nuestro suelo no le pertenece a un régimen ilegítimo, le pertenece al pueblo venezolano”.

 

La líder de la oposición democrática, reconoce que “Los Estados Unidos son el principal socio que Venezuela necesita para desarrollar a plenitud su valor estratégico”. Por esa poderosa razón recuerda que un convenio de esta magnitud no puede ser sellado por un gobierno interino sin legitimidad democrática.

 

Por ello, desde Panamá ha dicho: “Sabemos que no hay desarrollo posible sin instituciones sólidas y un gobierno electo por voto popular. Esa es la única y verdadera garantía de éxito y estabilidad para cualquier inversión a largo plazo”.

 

!Algo huele mal en Dinamarca! Porque mientras Machado reclama un calendario electoral para elegir un nuevo presidente, Donald Trump ha declarado que Venezuela “no va a estar lista” para celebrar elecciones y de paso elogia a Delcy Rodríguez, a quien califica de “muy respetada” y asegura que está haciendo un “muy, muy buen trabajo”.

 

La pregunta podrá resultar incómoda, pero por cuánto tiempo se prolongará ese interinato con los mismos autores de la tragedia que padece el país y lo mantiene al borde de un estallido social.  

 

No podemos esconder que el acuerdo petrolero de Trump podría fortalecer al gobierno interino de Delcy Rodríguez y retrasar la transición democrática en Venezuela. Será que para Trump, lo primero es el petróleo y  nunca le ha  interesado realmente el tema democrático. 

 

Aquí nadie se puede oponer al convenio. Venezuela necesita inversiones gigantescas en su sector energético, pero esos convenios, para ser sostenibles, requieren un marco de transparencia y legalidad democrática.

 

El sector petrolero es parte de la inmensa tarea de reconstrucción que debe emprender Venezuela, pero en un país con la fragilidad institucional actual, ningún sector puede funcionar de manera aislada.

 

La credibilidad y la estabilidad que ofrecen unas instituciones democráticas son el único cimiento sobre el que se puede edificar un acuerdo que beneficie realmente a los venezolanos, y no solo a quienes firman en su nombre.

 

Así las cosas, solo un gobierno democrático, elegido por el voto popular, puede garantizar que el “Win Win” o en términos criollos el “Ganar Ganar” no sea un pacto entre élites, sino un verdadero acuerdo de beneficio mutuo entre naciones soberanas.

 

Ha dicho y con toda razón María Corina que “Venezuela vale mucho más que su petróleo. Por ello, su futuro no puede seguir siendo decidido sin contar con los venezolanos. 

 

Mientras tanto aquí seguimos esperando que todo el liderazgo político opositor en el exilio, arme maletas y regresen al país que hoy sigue en pie de lucha  por el cese del estado tutelado y el nacimiento del nuevo estado democrático sin protectorado.

lunes, septiembre 07, 2026

Susana Rafalli: Lo que ocurrió en Venezuela no lo he visto ni en Haití ni en Pakistán


Fotografía que muestra embarcaciones en el mar frente a los escombros de edificios destruidos por los terremotos este lunes, en La Guaira (Venezuela). Al menos 3.535 personas han muerto y 16.740 han resultado heridas tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio en Venezuela, según el último boletín publicado por el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez. EFE/ Ronald Peña R

Susana Raffalli nunca había visto que los sobrevivientes de una devastación a gran escala removieran escombros con sus propias manos para rescatar a sus familiares y vecinos, como ocurrió tras los terremotos de Venezuela.

Por Valentina Oropeza | BBC News Mundo

A lo largo de 22 años de trabajo humanitario, en los que ha presenciado en terreno al menos siete emergencias de gran magnitud, tampoco había visto que los más pobres fueran los menos perjudicados por un desastre.

La primera vez que visitó La Guaira después de los dos terremotos del 24 de junio, Raffalli quedó sorprendida al descubrir que las zonas más vulnerables fueron las menos afectadas.

Antes de los sismos, aquella línea costera fundía dos paisajes: abajo, la ciudad construida frente al mar, poblada de edificios que disponían de servicios. Arriba, en las laderas de las montañas estaban las casas levantadas por sus propios habitantes, conocidas en Venezuela como ranchos.

Pero después de los terremotos, los edificios se derrumbaron sobre el suelo arenoso en el que habían sido levantados, mientras que los ranchos quedaron erguidos sobre el piso de roca de la montaña.

Desde el punto de vista humanitario, esto significaba que la gente más pobre no era la más necesitada.

Durante la última década, Raffalli ha reivindicado la intervención de la sociedad civil al frente de SAMAN, la mayor iniciativa no estatal de lucha contra la desnutrición infantil en Venezuela, coordinada por la organización Cáritas.

Foto: Redes sociales

Sin embargo, esta vez advierte que la reconstrucción tras los sismos requiere de recursos y capacidades que solo el Estado puede ofrecer.

“Una conclusión incómoda”

¿Qué es lo más impactante que has visto en La Guaira? ¿En qué se diferencia esta emergencia de otras que hayas presenciado como trabajadora humanitaria?

He trabajado en varios terremotos. El más importante fue el de Haití en 2010. También en Pakistán, en una emergencia muy impactante por las dificultades de acceso y la magnitud de los daños.

Si comparo a La Guaira con esas experiencias, especialmente con Haití, hay algo que me llama mucho la atención: en la mayoría de los terremotos, el daño estructural coincide con la vulnerabilidad social.

Los más afectados suelen ser también los más pobres. Pero aquí no ocurrió así.

Antes del terremoto, la población más vulnerable que atendíamos en La Guaira era la que vivía en los cinturones de pobreza de las montañas, en condiciones muy precarias, trabajando en actividades informales y dependiendo de ingresos diarios.

Pero después del terremoto aparece otro grupo: personas que pertenecían a sectores populares o de clase media baja que perdieron sus viviendas, sus empleos o incluso a sus familias por el colapso de los edificios.

Personas caminan por escombros de edificios afectados por los terremotos este jueves, en La Guaira (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R.

Lo que más me impactó fue levantar la vista y ver dos realidades al mismo tiempo: por un lado, kilómetros de edificios destruidos. Y por el otro, un enorme cinturón de ranchos que seguía allí. Esa imagen es muy difícil de procesar.

Cuando observé esa magnitud de destrucción llegué a una conclusión muy incómoda: esto no lo pueden resolver las ONGs, las agencias internacionales o los voluntarios por sí solos. La escala de la reconstrucción requiere del Estado.

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