
El ingeniero civil geotécnico, Pascual Perazzo, quien por años trabajó en el desarrollo hidroeléctrico del Caroní, aclaró que la falla El Pao, donde se ubica Guri, está inactiva.
Ciudad Guayana. Si bien Ciudad Guayana no está exenta de sentir un sismo, aunque no es zona de epicentro, los recientes terremotos en Venezuela despertaron la duda sobre la seguridad de las represas del Caroní y los daños que pudieran ocasionar movimientos telúricos en sus estructuras, ya que Guri se construyó sobre una falla geológica, aunque inactiva.
Sin embargo, el ingeniero civil geotécnico Pascual Perazzo aseguró que las obras hidroeléctricas de Caroní se construyeron bajo “estrictos” criterios de seguridad.
El especialista, quien trabajó durante años en el desarrollo hidroeléctrico de la zona, explicó que desde el punto de vista geológico los ríos suelen desarrollarse sobre zonas de debilidad de la corteza terrestre.
“Evidentemente, un río es una falla, porque el río se va modelando a través de una zona más débil donde, básicamente, es una falla que va caminando hasta la desembocadura con el mar”.
Sin embargo, ello no significa que se trate de una falla activa capaz de originar grandes terremotos. Específicamente sobre la represa Simón Bolívar (Guri), explicó que se construyó en un estrecho natural del río Caroní conocido como el cañón de Necuima.
“Guri 1 y Guri 2 está en lo que se llama el cañón de Necuima. La falla más cerca que hay a esas obras es la falla de El Pao, que tuvo ciertos movimientos en el pasado geológico. Pero no es activa”.

Perazzo sostuvo que todo el desarrollo del Caroní se diseñó previendo un gran sismo en la falla de El Pilar. Para ello se consideraron grandes magnitudes, como 7,8 y 7,5, con una aceleración de superficie en el orden de 0.5.
“No podíamos correr el riesgo alguno de que esas estructuras fallaran. Primero, por la vida humana de las poblaciones aguas abajo, también estaba un parque industrial que era la vida económica de Venezuela, además del petróleo”.
Agregó que la vibración que hacen las turbinas en la casa de máquinas es mucho más fuerte que un sismo. “Entonces, ya de por sí son diseñadas para un fenómeno vibratorio”.
Evitar riesgos
En cuanto a la construcción de Caruachi, Perazzo recordó que allí existían antiguos depósitos de arena y arcilla correspondientes a un viejo cauce del río Caroní.
“Quitamos la arena completamente para poner la presa de forma segura, para que no se manifestara ese fenómeno que se dio en el litoral. Porque esas arenas sometidas a un sismo podían eventualmente generar ese fenómeno de licuación de suelos. Lo estudiamos hasta el cansancio y no tomamos riesgo”.
El mismo criterio se aplicó en las demás centrales. “En Tocoma y en Macagua toda la obra está fundada en roca, y es una gran obra de roca y concreto”.

Reto: el cambio climático
Aunque el ingeniero descartó riesgos importantes por causas sísmicas, consideró que en el futuro será necesario evaluar con mayor frecuencia el comportamiento hidrológico de la cuenca, en especial por el cambio climático que pudiera ser otro factor producto de la devastación.
“Con Guri estamos sumamente protegidos y con una evaluación a tiempo y responsable se pudieran tomar las medidas para aún protegernos más, porque Guri está aguas arriba y protege las presas que están aguas abajo».
Señaló también la importancia de inspecciones oportunas, sobre las que tiene información de que Corpoelec está en proceso de estudiar ciertos puntos álgidos que pudieran haber en Guri. “Álgidos quiero decir que son los más delicados, que habría que prestarle atención”.
Eso es un proceso que tiene que ser seguido, continuo y de vez en cuando, pues emitir unos informes sobre la base de lo que se llama la instrumentación de las presas, para en todo momento certificar que se comporta de acuerdo con las hipótesis de diseño.

Sismicidad inducida
Perazzo explicó sobre la sismicidad inducida en las represas. Este fenómeno “es el efecto del peso del embalse sobre las placas tectónicas. Eso se estudió hasta el cansancio y se detuvo. Eso es un efecto momentáneo que sufrió el sitio, pero no fue de mayor relevancia y es temporal”.
Por último, recordó que se considera una falla inactiva cuando tiene ya más de 10.000 años que no muestra movimiento alguno. Este es el caso de la falla El Pao, en Guri.
Para el ingeniero más que alarmar a la población, el reto está en mantener programas permanentes de monitoreo, inspección y mantenimiento que permitan verificar que las estructuras continúan comportándose conforme a los parámetros con los que fueron diseñadas hace varias décadas.
