Petróleo sin Reservas.
La reforma de la ley de hidrocarburos aprobada por la Asamblea Nacional obedece a la urgente necesidad de atraer capitales privados nacionales e internacionales al negocio petrolero, a objeto de superar este marasmo de tantos años que tanto ha afectado la calidad de vida de los venezolanos.
La hora de la Resurrección
La mesa está servida para que Venezuela vuelva a ser un importante productor de hidrocarburos. La industria petrolera mundial seguirá en primer plano por muchas décadas. Adicionalmente hay que aprovechar que Estados Unidos – nuestro mercado natural- comenzará en poco tiempo a declinar su producción, y que ellos requieren crudos como el nuestro en las refinerías de la costa del Golfo de México. Igualmente favorece al crudo venezolano que los competidores en petróleos pesados Canadá y México, están, el primero diversificando sus mercados hacia el Océano Pacífico, y el Maya mexicano está en decadencia.
Por otra parte, las reservas de petróleo venezolanas son varias veces superiores a las de Brasil, Guyana, Estados Unidos, México y otros países… juntas… Y las de gas son las séptimas del mundo y las primeras de América Latina.
¿Entonces? No podemos seguir siendo el país de las oportunidades perdidas. Ya es hora de dejar de ser un limosnero sentado en un barril. Venezuela tiene con qué encaminarse a ser una potencia petrolera. La resurrección es… obligatoria.
Aspectos positivos de la reforma de la Ley
Se hace más flexible la regalía y en general los impuestos. Da más espacio a empresas privadas (esquema: estatales, mixtas, operadoras privadas bajo esquema de contratación y CPP). Estas pueden comercializar directamente el petróleo y se les dan otras facilidades que redundan en una operación más libre.
Además, ahora la incorporación de empresas no deberá pasar por el engorroso trámite de la Asamblea Nacional. Tan solo se les informarán los cambios. Realmente la Reforma de la Ley trata de ser un imán para las inversiones.
La ley incompleta
Esta Ley se queda corta para lo que se requiere de ella: que sirva de plataforma para la construcción de una nueva industria petrolera de primera. Veamos algunos aspectos:
– En cuanto a Transparencia… El proyecto de Ley explica que es necesario revisar todas las Empresas Mixtas, aspecto indispensable porque la mayoría de ellas son improductivas y parecen destinadas al engorde y no a la producción.
Pero por otra parte deja intocables a las empresas que han contratado bajo la modalidad de Contratos de Participación Productiva (CPP). Es decir, mantienen el secreto de las condiciones de esas contrataciones, cuando lo que procede es que se las muestren al país. Que sean examinadas punto por punto. Aquí no valen agentes secretos. Más cuando la Ley que las contiene (Ley Antibloqueo) debería dejar de tener sentido porque el “bloqueo” tiende a ser superado.
Es un derecho de los venezolanos. Todo lo que se haga en materia de hidrocarburos debe ser informado, sin cortapisas. Tal como se hizo con la Apertura Petrolera, cuando todas las contrataciones se hicieron por televisión y con la máxima transparencia.
– En cuanto a Discrecionalidad… No es suficiente que los contratos sean otorgados por licitación. Ni por la transparencia, ni por la eficiencia del proceso. Se corre el riesgo dejar a discreción el otorgamiento de los contratos.
Las leyes modernas de petróleo en México, Brasil, Colombia, Ecuador, etc., contemplan la figura de Agencias de Energía. Se trata de entes con cierta autonomía del gobierno, con directivas integradas por personalidades del área, cuya función es: seleccionar los paquetes energéticos, organizar Rondas de Licitación para subastar esos paquetes, al mejor postor y dentro de las leyes.
De esta manera se optimiza la oferta de paquetes energéticos, se selecciona a los mejores, se despolitizan los otorgamientos, y se entera a la población (realmente el “petróleo es nuestro”) de los intríngulis del negocio. Además, las ofertas pueden incluir bonos especiales que podrían ser utilizados para cualquier fin específico.
Hay que acabar con el secretismo y con el “dedismo” que demasiado daño han hecho y que tienden a convertirse en peligrosas fuentes de corrupción. Verbigracia…
Doble imán: La Ley y el entorno
No hay que perder de vista que el norte de esta Ley debe ser doble: atraer inversiones y construir una empresa petrolera de primer mundo, que ubique a Venezuela como una potencia petrolera.
Pero la mejor Ley se “queda en el aparato” si no hay Confianza y Seguridad Jurídica. Nadie va a traer miles de millones de dólares si no tiene confianza en el retorno. La Ley debe ser un imán para las inversiones, y el entorno, otro imán.
En el caso venezolano, las transnacionales activas en el país han expresado que incrementarán su inversión. Claro, están en el sitio. Pero las grandes empresas petroleras del mundo, están renuentes a ello. Requieren más allá de la Ley, una sociedad que les garantice armonía, respeto y ganancias, sin rimbombancias que los dejen en la calle como ha sucedido en el pasado reciente.
Así que si realmente se quiere que esta Ley sirva de plataforma para una gran industria, que a su vez sea pivote para una Venezuela próspera y democrática como la que merecemos los venezolanos, hay que ampliar la visión hacia la búsqueda de un doble imán.
Porque las inversiones petroleras no “llueven”, se insertan como legos en sociedades que funcionan. Más cuando hay tanta competencia en el vecindario.

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