Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, enero 19, 2026

La Sombra de Bagdad en Caracas; Por qué Washington eligió el ‘Chavismo sin Nicolás Maduro para evitar otro Irak, por Jaime Herrera



Bagdad y Caracas.

Abstract

El presente análisis disecciona la arquitectura de la transición política en Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro en enero de 2026, un evento que marca un hito en la diplomacia coercitiva del siglo XXI. Se postula que la decisión de Washington de mantener operativa la estructura administrativa, burocrática y militar del chavismo —en lugar de proceder a su desmantelamiento sistemático— representa una corrección estratégica directa basada en el traumático fracaso de la “Desbaasificación” en Irak (2003). El documento argumenta que la política exterior estadounidense ha transitado desde un idealismo democrático (que buscaba un cambio total de régimen) hacia un realismo defensivo o pragmático. Este nuevo enfoque prioriza la integridad territorial, la contención de flujos migratorios y la estabilidad del suministro energético sobre la justicia transicional inmediata, buscando evitar a toda costa la “somalización” o “libinización” del Caribe sur.

1. Introducción: El Dilema del Día Después y la Fricción con la Diáspora

La operación de extracción de alta precisión que culminó con la captura de Nicolás Maduro en la madrugada del 03 de enero de 2026 marcó un hito en la historia de las intervenciones híbridas. Sin embargo, el “Día Después” no trajo consigo las imágenes de multitudes derribando estatuas o el colapso institucional que muchos en el exilio anticipaban. Por el contrario, Caracas amaneció el 04 de enero sumida en un silencio tenso y surrealista.

Mientras las agencias internacionales transmitían las primeras imágenes del exmandatario bajo custodia, en los ministerios y cuarteles venezolanos el pánico inicial dio paso rápidamente a una desconcertante normalidad. No hubo tribunales sumarios, ni despidos masivos, ni el desbande de las fuerzas de seguridad. La maquinaria del Estado siguió operando, dirigida por los mismos rostros que horas antes juraban lealtad al líder depuesto. Esta continuidad no fue un fallo de cálculo de la operación, sino su característica central de diseño.

La intervención indirecta, caracterizada por una combinación de asfixia financiera de precisión y diplomacia de canal trasero, planteó a la Casa Blanca y al Pentágono una disyuntiva crítica existencial: ¿Debe el cambio de régimen implicar la disolución del Estado existente para construir uno nuevo desde cero? La respuesta visible en las calles ese primer día fue un rotundo “no”.

Durante la última década, la retórica predominante en los sectores más radicales de la oposición venezolana abogaba por una “ruptura total”. Sin embargo, la estrategia implementada ha sido una política de continuidad institucional cooptada. Figuras del alto mando militar y la burocracia civil del PSUV retienen el control operativo bajo supervisión estadounidense. Esta decisión es el resultado de un aprendizaje institucional traumático derivado directamente de los errores cometidos tras la invasión de Irak hace más de dos décadas.

Costa del Sol

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