Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, enero 07, 2026

Humberto García Larralde: El rescate de la soberanía



Preocupantes algunas reacciones iniciales sobre la operación militar de EE.UU. que capturó a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia, y, más aún, la posterior rueda de prensa ofrecida por Donald Trump. Los comentaristas que señalan que ello violó la soberanía nacional de Venezuela deberían saber que Maduro, en absoluto, encarnaba tal soberanía. Él y sus cómplices venían operando como ejército de ocupación en el país, confiscando progresivamente su soberanía hasta culminar con el robo electoral del 28J. No fue la operación militar la que violó la soberanía popular. Tampoco es aceptable la idea de que el conflicto resumía un desencuentro entre dos bandos de venezolanos, como sugieren algunos noticieros. No. Se trata, lamentablemente, de una guerra librada por un régimen criminal en contra de su propio pueblo, en aras de perpetuarse en el poder. Desde luego, ¡tampoco el operativo de Trump restituyó la soberanía! Pero podría haber creado oportunidades para restablecerla con condiciones para cumplir de forma abierta y fidedigna la voluntad popular sobre la conducción de la nación, expresada en los comicios de 2024. Pero la rueda de prensa de Trump transmitió otra cosa.

Anunciar que su fin es quedarse en Venezuela hasta que se estabilice, administrándola como si fuera simplemente una gran corporación petrolera, y dejar a Delcy Rodríguez al frente del gobierno a cuenta de ser la vicepresidente que dejó el ilegítimo Maduro –siempre que cumpliese con sus dictados–, insulta las aspiraciones democráticas y libertarias del venezolano. Y menospreciar a María Corina Machado –“a nice woman”— como opción, alegando que carece de apoyo y respeto entre los venezolanos, añade sal a la herida. Venezuela, a cuenta de su petróleo, convertida en un protectorado gringo bajo custodia de Delcy y compañía. ¡Imperialismo con “socialismo” –fascismo– del siglo XXI!

En su autocomplaciente y narcisista exultación, Trump no asomó nunca a la democracia como objetivo, y menos aún mencionó la perentoria liberación de todos los presos políticos, ni el resguardo pleno de los derechos humanos de la población. Más bien quiso aprovechar el éxito de la operación militar para lucirse ante su país y minimizar, con ello, a los demócratas ante las elecciones de medio período de finales de este año. Elemento central de su postura fue rescatar a la doctrina Monroe, rebautizada ahora, “Donroe”, para reservarse el derecho de intervenir en su “patio trasero” cuando lo considerase apropiado. MAGA con sus vecinos Lo mismo que hace Putin en “su” área de influencia.

Podría pensarse que un Trump pragmático buscase reducir posibilidades de que el descabezamiento del régimen fascista venezolano desembocase en inestabilidad, como ocurrió con la eliminación de Hussein por parte de Bush (hijo) –criticada por el propio Trump–, ya que favoreció el dominio de Irán en el Medio Oriente. Para tal efecto, concertar un gobierno con Delcy permitiría contar con la anuencia del alto mando militar, cosa que María Corina, en su visión, no generaría. Otra explicación que viene cogiendo más calor, bastante más sombría, señala la traición de Maduro por parte de Delcy, seguramente con el visto bueno del resto del comando fascista, a cambio de que se les permitiese permanecer en el poder, sujeta, claro está, a los requerimientos de Trump. Era previsible un desenlace así, como anticipé en artículos anteriores, tomando en cuenta el lastre que significó cargar con tan impopular, pésimo e incompetente figura como Maduro, destructor del propio chavismo.

El problema para Delcy es cómo guardar las apariencias “revolucionarias” para mantener la cohesión entre sus menguadas filas y cumplir, a la vez, los mandatos imperiales. Buscan el control del negocio petrolero por “las más grandes” empresas estadounidenses del ramo, desplazando al régimen de expoliación que montó Chávez para depredar, con sus cómplices, esta riqueza. Además de abofetear las esperanzas y expectativas de libertad de los venezolanos y de la opinión democrática mundial, constituye una “solución” incompatible en sus términos y, por ende, inviable. Pero lo más reprobable es que, así planteado, dejaría en libertad a los criminales que acompañaron a Maduro en la represión, asesinato y ruina de tantos venezolanos. Quedaría prácticamente intacto el dispositivo para el tráfico de drogas amparado por Diosdado, Padrino y su alto mando militar corrupto. La acción terrorista del Estado seguiría contando con los esbirros al mando de Granko Arteaga, de enfermos mentales como Tarek W. Saab y el propio Diosdado, de una Guardia Nacional descompuesta y de unos magistrados convertidos en desalmados verdugos de los venezolanos que protestan. ¿Mirará EE.UU. a otro lado si la respuesta ante las protestas se reduce, como ha sido hasta ahora, en mayor represión?  ¿Cómo queda Trump si tiene que convalidar esta situación para mantener como opción de gobierno a Delcy?

En el plano económico, la situación luce todavía menos esperanzadora. Se agravará al mantenerse, como afirmó Trump, el embargo de la exportación de petróleo sancionado. ¿Podrá Delcy contener las apetencias de sus cómplices en tales condiciones? Habrá de descansar en otros negocios ilícitos: contrabando de oro, coltán y otros minerales, extorsión y/o confiscación de negocios privados, lavado de dinero. ¿Alcanzará? ¿Qué hacer con las alianzas con el ELN, Hezbolá y demás bandas criminales? Sus secretos son instrumentos poderosos para el chantaje. ¿Trump se hará el loco al respecto?

¿Y cómo queda la gobernabilidad, el rescate de los servicios públicos y de condiciones de vida más dignas de la población? ¿De dónde provendrán los recursos para ello? Invertir fuertes sumas en Venezuela es, ahora, muy riesgoso si no logran restituirse las garantías de propiedad y procesales con base en una institucionalidad confiable de un Estado de derecho robusto. ¿Cómo crear estas condiciones con una administración pública colapsada e infiltrada por mafias depredadoras? Y aumentar los ingresos petroleros no es asunto de “abrir una llave”. Llevará años, requiriendo fuertes inversiones y el retorno del personal especializado que migró. Satisfacer las justas aspiraciones de mejora de los venezolanos, mantener contentos, a la vez, a los integrantes de la alianza mafiosa y atraer a potenciales inversionistas, estando el núcleo fascista en el poder, es un cruel exabrupto.

La Harvard Caps Harris Poll de diciembre registró que una gran mayoría de estadounidenses considera dictador a Maduro y respaldaba su remoción, aunque con una proporción algo menor si ello ocurriese por la fuerza. Con las arbitrariedades con las que, hasta ahora, estaría Trump manejando el asunto, ¿podrá mantenerse tal apoyo? El imperativo de liberar cuanto antes a todos los presos políticos, ¿tiene cabida en su entendimiento con Delcy? ¿Qué dirán sus ciudadanos?

La extracción forzosa de Maduro debía haber significado un paso decisivo en la liberación del pueblo venezolano de la opresión. Ocurrió violando la normativa internacional existente, pero debería juzgarse considerando la tiranía de un régimen fascista que extinguió toda lucha política posible para desplazarlo del poder. La historia proporciona criterios para justificar acciones parecidas, no sólo referentes a la segunda Guerra Mundial, sino también a la intervención en los ’90 del siglo pasado para parar el genocidio en Bosnia-Herzegovina. Igualmente, llamados para acciones similares en resguardo de la población civil Somalí y de los Sudanes, víctimas de la misma amenaza.

Considerar la intervención de Trump con tales parámetros sólo procedería de culminar con la restitución efectiva, sin cortapisas, de la soberanía popular. Y la apuesta más segura y viable para ello es apoyar una transición rápida hacia la institucionalidad democrática invistiendo a Edmundo González Urrutia de presidente, con el apoyo del indiscutible liderazgo de María Corina Machado y el respaldo entusiasta de las amplias mayorías, tanto dentro como fuera del país. Cuenta con un equipo calificado, con planes listos para gobernar, y la confianza de organismos financieros internacionales. La lucha política debe centrarse, en los actuales momentos, en hacer realidad esta opción, lo cual obliga a una ofensiva diplomática en los países más influyentes, como entre factores políticos decisivos del propio EE.UU., para asegurar las condiciones que lo hagan factible al menor costo.

Independientemente del diabólico arreglo que parece estar forjando Trump con lo que queda del núcleo fascista, éste ha quedado muy golpeado. Sin recursos, bajo la vigilancia escrutadora del gobierno de USA, sin poder confiar entre sí porque las posibilidades de traición están ahora más presentes que nunca y con la necesidad de efectuar un “salto dialéctico” que justifique la entrega del país al imperio bajo banderas “bolivarianas”, el momento parece propicio para pasar a la ofensiva por restituir el ordenamiento constitucional y la soberanía popular, consolidando el gobierno democrático elegido el 28J de 2024. De una forma u otra, debe convertirse en la única opción sana y viable con que pueda contar Trump si quiere estabilizar el país y evitar los errores de anteriores administraciones, como ocurrió en Iraq o Afganistán. De lo contrario, asomaría la figura de un protectorado petrolero bajo la bota militar gringa, la peor solución no sólo para Venezuela y América Latina, sino también para la imagen de EE.UU. y de Trump en particular, tanto dentro de su país como en el mundo.

Economista, profesor (J) Universidad Central de Venezuela – humgarl@gmail.com

https://www.costadelsolfm.org/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario