
El operativo quirúrgico que llevó a Nicolás Maduro y a su esposa ante la justicia de Estados Unidos —sin bajas en las filas del ejército que opera bajo las órdenes de Donald Trump— bien podría considerarse un «éxito» desde todo punto de vista. Desarticularon las eventuales defensas, entraron, se llevaron a los prisioneros y no hubo mayores inconvenientes, que sin dudas se hubiera convertido en serios problemas políticos para la administración republicana.
Sin embargo, esto no era el plan ideal de Trump, ni mucho menos. Varias cosas sucedieron a contramano de lo esperado por el presidente y Marco Rubio, el pasado 3 de enero. En primer lugar, con las recompensas sobre Maduro y las principales cabezas del régimen, una de las tácticas más sencillas era una fractura interna dentro del gobierno, que haga que algunos hombres de confianza del dictador lo traicionen y lo entreguen. La apuesta tenía sentido, aunque no dio resultado para Estados Unidos. Ellos contaban con la fortaleza como para hacerlo por la fuerza, pero ofrecieron una jugosa compensación económica para que alguien que comprenda que el chavismo no tenía futuro, pueda hacerse multimillonario. Esa fue la primera instancia de «fracaso» o de, al menos, resultado estéril para Trump y Rubio.
Luego decidieron dar un paso más, pero, por primera vez, jugando fuerte y apostando. Limitándose a futuro. El mega despliegue militar en las costas del Caribe buscó un «enforcement» al primer plan que no había dado resultado. Se les estaba diciendo a las fuerzas del régimen que ya no había vuelta atrás y que, incluso, sería mucho más fácil y práctico entregarles a Maduro a los estadounidenses. Este movimiento fuerte sí comenzó a limitar el amplio abanico de posibilidades de Trump: al haber ido hasta ahí, ya era imposible retirarse sin el objetivo cumplido. También tenía sentido que el incentivo de la recompensa (que por ahora no sabemos si la cobró algún colaborador en la operación de hace dos días) pueda hacer viable la captura, sin el despliegue aéreo militar realizado en la mañana del tercer día del año.
Trump tampoco consiguió lo que quería en esta instancia, por lo que, como si fuese un remate, tuvo que seguir subiendo el precio del gasto para conseguir su objetivo. La captura de Maduro tuvo lugar luego de una operación militar que no se pudo evitar, pero, dentro de todo, el gobierno estadounidense pudo haber terminado pagando «más caro» el costo de la intervención.
Con Maduro en Nueva York, le preguntaron a Rubio lo que más de uno podría preguntarse: ¿Si pudieron llevarse con relativa facilidad al usurpador de la presidencia, porque no hicieron lo mismo con los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López, descabezando por completo la totalidad del régimen chavista?
Entre lo que puede decir, la honestidad intelectual y lo que conviene manifestar, el secretario de Estado dijo que habían apresado al objetivo máximo y que, si los cuestionaron tanto por el operativo extractivo de una persona, muchas más críticas hubiera conseguido el presidente estadounidense por una eventual multiplicidad de operativos, donde las chances de las complicaciones se multiplican automáticamente.
Lo que Rubio no puede comentar es que el juego inicial vuelve a empezar. Sí, el del regateo de la subasta de conseguir los objetivos deseados «al menor precio posible». Los Rodríguez, Cabello y López ya tienen muy claro que están en Venezuela, solamente porque Trump así lo dispone. ¿Pueden llevarse a todos o uno por uno una vez más? Sí, claro. Lo saben tanto los estadounidenses como los herederos del régimen. Por ahora, Trump y Rubio apuestan por evitar otro operativo militar, balas y bombardeos. Negociar, ya es claro que negocian con casi todos ellos. Las comunicaciones con Delcy Rodríguez y con Padrino López son de público conocimiento.
Por ahora, en Washington esperan la «colaboración» (rendición incondicional y la transición a la democracia) de los cercanos a Maduro, que podrían aceptar la nada despreciable idea de mantener la vida y la libertad. Claro que son un combo. Podría ser que no todos decidan hacer lo mismo. El misterio más grande por estas horas es Diosdado Cabello.
Para los días que vienen habrá que estar muy atento a los gestos. Lo que manifiesten los personeros de esta tercera instancia del chavismo post Maduro poco importa. Lo que hagan en concreto, importa mucho. Como ya es claro desde cuando arribó el primer portaavión, el régimen chavista ya está liquidado. Ahora lo único que queda por resolver es cuánto pagará Trump por esto y si lo que queda de la dictadura acepta negociar o no. Si se niegan, ya se sabe que terminarán esposados y ante la justicia norteamericana. La alternativa a eso es peor, inclusive.
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