Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, enero 11, 2026

ESCLAVITUD Y SOBERANÍA Por Douglas Zabala



Una de las manifestaciones más aberrantes traída a estas tierras colmadas de libres guacamayas, dantas, jaguares y humanos amantes de sus ríos, lagos, selvas y montañas fue la degradante esclavitud.

 

Españoles, ingleses y portugueses llenaron nuestro continente de esclavos, después de haber diezmado la población indígena que al principio también fue sometida a semejante injusticia.

 

Es Simón Bolívar el primero en intentar acabar con tan odiosa institución cuando el 11 de enero de 1820, en el Congreso de Angostura, decreta la abolición progresiva de la esclavitud. El mismo José Antonio Páez nos recuerda que ninguna ley había sido tan importante como la referida a la Manumisión expedida por el Congreso el 30 de septiembre de 1830 y mandada ejecutar bajo sus órdenes el 2 de octubre del mismo año. Este decreto estableció un camino gradual, pero consciente de su limitación.

 

En el entendido de que esta Ley de Manumisión no resolvería de forma definitiva el tema, el General Páez aclaraba al respecto: “Sensible es sin embargo que el decreto no fuera de completa abolición, y que haya dejado tamaña gloria a la administración del General Monagas cuando ya no había en Venezuela tropiezo alguno para llevarla a cabo”.

 

Y así fue. La gloria final y la justicia histórica llegaron el 24 de marzo de 1854. Ese día, el Presidente José Gregorio Monagas firmó el decreto que rubricó la libertad absoluta. El Congreso de la República decretó en su artículo primero: “Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela”. Desde ese momento, todos los esclavos recuperaron sus derechos civiles y políticos.

 

Así culminó, tras largas décadas de lucha y promesas, el proceso iniciado por el Libertador. La firma de Monagas no fue el golpe definitivo al yugo, la manumisión total que transformó a una nación de siervos en una República de ciudadanos.

 

Esta herencia de lucha, sellada con la tinta de la ley, es el juramento que hoy sostiene a nuestra nación. Y por ello, esa voluntad de defender lo nuestro, forjada en la epopeya de la independencia, es el muro inquebrantable con el que defendemos la soberanía popular y nacional.

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