Preocupante lo que pudiera pasar durante el año que recién comienza. Adelante del año solo se ve confusión e incertidumbre. En la política, la esperanza esta puesta en la capacidad de persuasión del Vaticano para sentar a ambos lado de nuevo en la mesa de negociación. Solo así habrá paz y conciliación. Entendimiento entre unos y otros. Se podría fortalecer la institucionalidad. Prevalecer la Constitución en las funciones y competencias de los poderes públicos. La Asamblea salir del desacato y el ejecutivo respetar la constitución y las leyes. Se lograría la libertad de los presos políticos. En fin, se implantaría el Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos. Se impondría la paz. Y la convivencia reinaría en la relación entre los venezolanos y especialmente entre los partidos políticos.
Ha sido terrible la crítica a la MUD por su comportamiento y resultados del diálogo. La gente siente que el proceso fue aprovechado únicamente por el gobierno que ganó tiempo para liquidar elecciones y terminar el año en paz. La MUD dividida es débil e ineficaz políticamente hablando. Pierden votantes si se fractura. Porque hay que estar claros la gran masa opositora no pertenece a ningún partido político, su naturaleza es anti-chavista por excelencia. Adversan al modelo de gobierno implantado por Chávez. A sus causas y consecuencias. Su filosofía política y su aplicación en la realidad venezolana. Esta es una verdad de Perogrullo. Por eso, la fuerza de la oposición está en su unidad.
La diferencia entre la paz y la violencia está en la vigencia del diálogo. Durante el año que comienza si hay diálogo habrá paz, si hay conversaciones entre gobierno y oposición, seguirá la lucha frontal pero imperará la conciliación y disminuirá el odio entre los venezolanos. Solo por eso hay que apostar porque continúen las conversaciones y los acuerdos. Venezuela se lo merece y sabrá reconocerlo. Porque conoce la diferencia entre la guerra y la paz. Entre la lucha democrática electoral y pacífica y la lucha violenta en las calles con saldo de muertos y heridos de un bando y de otro bando. El diálogo es entonces el camino y el puerto. Es el método para que se imponga la concordia y transitemos vías de civilismo y ponderación. Donde reine la racionalidad y la cultura política haga valer con creces la sabiduría y la cordura en cada acción o expresión.
Antes que individuos autoproclamados de líderes el país nacional necesita equipos, consciente como está de la complejidad de los problemas y dificultades. Son tal los asuntos por resolver que no es cuestión de caudillos. Se necesitan equipos multidisciplinarios muy bien preparados y especializados para afrontar las complicaciones de cada sector. Un proyecto de país realista, consultado y compartido. Un programa de gobierno para el difícil entorno socioeconómico en que nos encontramos. El momento requiere un plan con programas diseñados de acuerdo a las realidades financieras, fiscales, económicas y presupuestarias de la nación. Programas sociales para proteger a las familias más pobres. Políticas de incentivos y estímulos para aumentar y diversificar la producción, crear empleo bien remunerado, disminuir la inflación y acordar estrategias para reducir la especulación.
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