Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, 20 de marzo de 2017

La calma, Simon Garcia

La protesta está en pausa. Hay una apariencia de calma. Pero es imposible que cualquier sociedad esté tranquila con la gravedad de la crisis económica, social e institucional que genera este gobierno. El solo agravio de gente, ¿importa el porcentaje?, obligada a buscar comida es suficiente para intuir que la violencia está comprimida en nuestros tuétanos.

En términos políticos hay una situación de empate que mantiene a los contendores formales con los brazos abajo. Pero el gobierno sigue pifiando, intrigando, reprimiendo y deshaciendo su legitimidad y sus apoyos debido a su incapacidad y su corrupción.

La acción internacional ha pasado a ser la fuente de exigencia más activa para que Maduro se recoloque dentro de los cauces democráticos y el Gobierno vuelva a ampararse dentro de la Constitución. Donald Trump ha mostrado una amenaza creíble que tiene a los número uno del régimen en estado general de miedo. El ex general Carvajal no haya como pedirle al imperio un arreglo. Y no es el único en los exclusivos predios de Miraflores.

La cúpula oficialista está aislada en el país y en el mundo. Está obligada a construir su ruta de escape por si las cosas se le pasan de rojitas, porque duras las tiene todas desde hace rato. Buscará otra vez una foto con la oposición, treta que siempre crea hacia afuera una expectativa de estabilidad.

Al país le conviene un acuerdo que suponga un restablecimiento de la democracia y la Constitución. Pero ya nadie cree en el baratillo de ofertas engañosas que muestra el gobierno cuando quiere ganar tiempo. A punta de vivezas de patas cortas dejo de ser confiable y debe ser tratado según sus hechos y no según sus cuentos.

Crece la convicción entre los seguidores del oficialismo que la cúpula se equivoca al aferrarse al poder en vez de abrirse a su transferencia progresiva aotras manos. La convocatoria y realización de las elecciones de gobernadores y alcaldes es un primer paso que el gobierno debe dar, si quiere conversar. Sin condiciones porque cumplir con la Constitución no es una concesión.

El oficialismo frente a este tipo de encrucijadas debe optar entre salvar el futuro de su proyecto político o proteger hasta donde pueda a las figuras y grupos que se niegan a perder sus privilegios y sus impunidades. Pero si toman esta segunda vía, debido a razones no políticas, ¿cuánto tiempo aguantarán los sectores, que forman parte de ese 90% de la población, oficialista incluidos, que siente que su situación está mal, para abandonar la pasividad?

Por ahora la MUD y los partidos están en la validación. Hay que apoyarlos para que todos la logren y derrotar el esquema de ilegalización de la oposición que tienta a los radicales del gobierno. Si luchamos por el restablecimiento de la democracia, hay que pelear por el reconocimiento legal de uno de los instrumentos que contribuyen a su configuración.

Después habrá que encarar el tema pendiente que tienen los dirigentes de los partidos y la MUD con el país: ¿van o no a definir una estrategia de cambio, un plan conjunto de acciones, una verdadera articulación con la sociedad civil y una definición de los grandes objetivos que pueden unificar a los venezolanos con diferentes visiones de país?

http://www.talcualdigital.com/Nota/138551/la-calma

domingo, 19 de marzo de 2017

Almagro pone a prueba a los presidentes, por Asdrúbal Aguiar

La primera respuesta de los defensores del gobierno dictatorial y narco-corrupto – lo dicen los datos del Informe Almagro – de Venezuela, ante el pedido del Secretario General de la OEA de intimarlo para que cumpla ya con la democracia o se atenga a las consecuencias sancionatorias que aparejan su conducta contumaz, ha sido la de señalar que el mismo no logrará los votos para ello.

Al gobierno de Costa Rica le basta decir que no acompaña la suspensión de Venezuela como miembro de la Organización, en tanto que el peruano apoya la invocación de la Carta Democrática Interamericana, que a su vez la canciller argentina – muy resbaladiza – considera que no resolverá la crisis. Las posiciones finales dentro del Hemisferio, sin embargo, no se han dilucidado, salvo lo ya dicho por el acusado: ¡No lograrán condenarme!

Pues bien, quienes se contentan con estas nimias y triviales percepciones sobre el Informe de actualización del otro original, que les entregara Luis Almagro a los gobiernos de los Estados miembros de la OEA – éste de 30 de mayo de 2016 y aquél de 14 de marzo de 2017 – no hacen sino desviar o diluir – ¿interesadamente? – la cuestión de fondo, crucial para la vida del Sistema Interamericano y su razón de ser.

Decir que hay o no votos para acompañar las recomendaciones de Almagro equivale a la cínica respuesta del delincuente quien se mira descubierto y se burla de sus acusadores: ¡Preséntenme las pruebas! O al caso les pide que lo lleven ante el juez, seguro de que no le condenará. Es su coludido, beneficiario de sus crímenes y corruptelas.

Almagro, no me canso de decirlo, recibe su mejor elogio de quien – el ex presidente Mujica – luego de años de amistad y al decirle que su relación llega hasta allí por haber dicho del régimen de Maduro lo que dijo y ahora completa, agrega lo esencial: ¡Es un esclavo del Derecho! Es un sirviente de los principios.

Almagro, sin titubeos, disecciona con escalpelo diestro el diálogo de utilería, parcializado e ilegítimo, que impulsan los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, todos de mano del ex presidente Ernesto Samper para apuntalar a Nicolás Maduro y los suyos, denunciados por vínculos con el narcotráfico y el terrorismo. Es un libelo, asimismo, dirigido a los gobiernos americanos y a sus presidentes en ejercicio. Si bien señala a Maduro antes lo hace con la lenidad y el silencio de los que, sabiendo lo que ocurre en Venezuela, optan por mirar de lado con excusas inaceptables: que si cabe esperar por la gestión de Zapatero, o que si dejar que sea el Vaticano el que fije el punto de inflexión al respecto.

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