Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, 18 de febrero de 2018

No hubo país latinoamericano que no tendiera una alfombra roja al chavismo durante los tiempos de la diplomacia petrolera. El fallecido presidente y su para entonces canciller no solo eran recibidos con honores de cuanto avión se bajaban, sino que se convirtieron en la voz de mando en una región infectada de gobiernos populistas y chulos de aquella abultada chequera bolivariana. No se salvaba nadie, ni aquellos que decían no pertenecer al llamado eje Caracas-La Habana liderado por Venezuela.

Todos les reían los chistes al autodenominado “Quijote caribeño” que entre disfraces, chistes e insultos hizo y deshizo a su antojo en el plano internacional, creó organizaciones multilaterales, financió escuelas, hospitales y hasta carrozas en un carnaval de Rio. No había un no que la petrodiplomacia no pudiera convertir en sí.

Nadie era capaz de mirar a Venezuela, eran tiempos de complicidad y silencio. Aquellos que elevaban su voz en medio de esa especie de “unanimidad” interna y externa tenían poca esperanza que su llamado de alerta tuviera receptividad. Solo hay que recordar cómo algunos presidentes latinoamericanos se negaban a recibir representantes de la oposición venezolana, quienes parecían locos arando en el mar buscando una solidaridad que nunca llegaba.

En esta etapa tan crítica del país hay que repetir que la situación nacional no se deterioró de un día para otro. Aquí se hicieron muchas alertas que no fueron escuchadas, se le dijo a la región que la crisis venezolana se extendería como una epidemia por todas partes, directa o indirectamente. Hubo una Latinoamérica que no quiso mirar, ni escuchar, ni entender.

Hoy la situación es distinta, no solo porque el eje del mal tuvo sensibles bajas en varios países, sino porque el drama humanitario venezolano se ha expandido por todo el continente. Hoy son las puertas del mundo que se le cierran a quienes hasta hace poco parecían tener la llave para entrar donde quisieran. Este año Latinoamérica vivirá procesos electorales muy importantes, pero incluso cambiando radicalmente el balance de fuerzas en la región nadie podrá a estas alturas de la crisis venezolana volver a cerrar los ojos o mucho menos, guardar silencio otra vez.

Brian Fincheltub

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@Brianfincheltub

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sábado, 17 de febrero de 2018

Cuando un sistema político se cierra, Piero Trepiccione

La teoría sistémica es muy tajante. Cuando un sistema político se va cerrando sus posibilidades de funcionamiento se reducen al mínimo y se pierden los procesos de desarrollo natural que se dan gracias a la interacción con otros sistemas. En Venezuela en los dos últimos años estamos viviendo un ciclo político que marca una tendencia de aislamiento internacional y por ende, un cierre de posibilidades infinitas de intercambios económicos, comerciales, tecnológicos y culturales que fortalecerían nuestro propio desarrollo. El gobierno venezolano, en lugar de facilitar válvulas de escape democráticas y constitucionales para garantizar la alternabilidad en el poder y variar las fórmulas económicas en aras de contrarrestar la crisis, ha venido optando por el “repliegue estratégico” equivalente a un “atrincheramiento” en el poder para evitar la oxigenación de la democracia y la economía. Esto, obviamente está teniendo y tendrá consecuencias terribles para la población en general. Con un cuadro hiperinflacionario y en medio de una marcada recesión económica el fenómeno de marca venezolana no tiene precedentes ni en la región ni en el mundo entero, como bien lo han señalado versados analistas tanto económicos como políticos. Esta singularidad junto al aislamiento condicionado por muchos países del continente y del mundo entero crea enormes dificultades para avanzar en lo económico y estructural que afectan al país.

El juego del gobierno ha sido hasta ahora consolidar una base de apoyo político de alrededor del treinta por ciento de la población. Para ello usa todos los mecanismos de políticas públicas en el ámbito social en función de generar un retorno político condicionado, mejor conocido como “clientelismo”. Aunado a ello, realiza una completa reingeniería electoral y política cuyo objetivo central es la dispersión del descontento social para que éste no se agrupe en una mayoría política que ponga en riesgo la permanencia en el poder de las fuerzas chavistas. Inscritas en esta dirección por ejemplo, fueron las elecciones del 30 de julio de 2017 -no reconocidas por más de cincuenta países alrededor del orbe- donde solo participaron fuerzas aliadas al gobierno dándole un cien por ciento de representación en una asamblea constituyente absolutamente aderezada por una especie de “apartheid político” donde se decide supra-constitucionalmente el futuro del país sin tomar en cuenta siquiera al setenta por ciento de población que expresa su rotundo rechazo al clima nacional actual y particularmente al estatus económico.

La teoría general de sistemas desarrollada por Von Bertalanffy en la década de los cuarenta del siglo pasado da cuenta de los estudios sobre los sistemas interpersonales (familia, instituciones, países, etcétera) y muestran que las conductas se inscriben en circuitos de retroalimentación, ya que la conducta de cada persona afecta a la conducta de los demás y a su vez es afectada por esas conductas que le llegan de vuelta, creándose una causalidad circular de estructura más compleja y muy necesaria a partir de las interacciones entre países y culturas diversas con la consiguiente generación de alternativas de respuestas adaptatorias y transformadores de los entornos internos y externos. Con el aislamiento internacional producido por las respuestas políticas y económicas a la crisis actual por el gobierno bolivariano y el fenómeno migratorio que impacta la región, nuestra tendencia sistémica nos lleva a la parálisis en un momento-cumbre donde justamente debemos como país hacer lo contrario. Pero la teoría general de sistemas también nos habla del concepto “sinergia” que describe “cómo la cooperación de dos causas distintas contribuye a generar el mismo resultado. Un sistema es una totalidad, y sus componentes y atributos solo pueden comprenderse como funciones del sistema total. Esto representa una organización formada por elementos inter-dependientes, donde la conducta y expresión de cada uno de ellos, influye y es influida por todos los demás, generando una realidad que supera la lógica lineal causa-efecto”. Esto, naturalmente, puede ser la respuesta de la sociedad venezolana frente al cierre cada vez más evidente promocionado desde el gobierno central. Esta sinergia también se está dando desde el exterior con el alineamiento cada vez mayor de países y gobiernos en favor de la causa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela. un sistema político que intenta cerrarse para preservar el poder indefinidamente se topa más temprano que tarde con los elementos sinérgicos que aúpan la interrelación y la unión de la sociedad en procura de un gran objetivo.

http://revistasic.gumilla.org/