Desde este blog, compartiremos los temas mas importantes, en esta era globalizada.
Republica del Zulia
Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.
El Ministerio del Interior de Venezuela dijo en un comunicado el jueves por la noche que Estados Unidos suspendió un vuelo de repatriación de migrantes que debía llegar el viernes, en medio de meses de altas tensiones entre los dos países, aunque un funcionario de la administración estadounidense dijo que los vuelos continuarán.
Estados Unidos está llevando a cabo una importante ofensiva militar en el sur del Caribe mientras el presidente Donald Trump promueve la salida del líder venezolano Nicolás Maduro. Esta semana, Estados Unidos se encuentra frente a las costas del país.
«Este jueves hemos recibido la decisión del gobierno de Estados Unidos de suspender, de manera unilateral, el retorno de los ciudadanos venezolanos que tenían previsto regresar el 12 de diciembre», informó el Ministerio del Interior en un comunicado la noche del jueves, señalando que la suspensión interrumpía un proceso coordinado y era contradictoria con acuerdos previos.
El ministerio añadió que confía en que Estados Unidos «rectificará» la situación «más pronto que tarde».
Pero un funcionario de la administración estadounidense contradijo la declaración de Venezuela y le dijo a Reuters: «No hay nada de cierto en esto. Los vuelos de deportación a Venezuela continuarán».
Los vuelos de repatriación, que este año han devuelto a más de 18.000 venezolanos, principalmente desde Estados Unidos, se suspendieron brevemente a principios de mes después de que Trump declarara que el espacio aéreo venezolano debía considerarse cerrado. Venezuela declaró posteriormente que había recibido una solicitud de Estados Unidos para reanudarlos.
Yonatan Mogollón tardó un mes en cruzar Colombia y permaneció ocho días en la selva para llegar a Panamá. Pasó hambre y frío; se enfermó, se sintió perdido en el bosque y vio al menos 16 cadáveres durante la travesía que emprendió junto a su esposa e hijos. Su meta era llegar a EE. UU., pero su sueño americano se desvaneció en el camino. El miedo, la falta de dinero y el agotamiento lo hicieron cambiar de opinión
Transcurrieron cuatro años para que Yonatan Mogollón intentara cumplir su sueño americano, que lo obligó a tomar la pantanosa y peligrosa selva del Darién, entre Colombia y Panamá. Salió de Venezuela en 2017 y se radicó en Ecuador. 12 meses después, debido a la inestabilidad económica y a los problemas para estar legal, se refugió en Perú, pero el triunfo de Pedro Castillo en la Presidencia de la República lo hizo retomar su idea de irse a Estados Unidos. “Sentí miedo de repetir las experiencias vividas en mi país con un gobierno de izquierda, por eso escapé de nuevo”, confesó a El Pitazo el 10 de septiembre.
Fue así como en mayo de 2021, Yonatan, de 39 años, se despidió de Perú y emprendió un viaje, vía terrestre, junto a su esposa y sus tres hijos -dos de 18 años y otro de 7-, pero el camino lo sorprendió, el corredor selvático y sus misterios lo espantaron, ver de cerca la muerte lo traumatizó y poner en riesgo la vida de su familia lo hizo reflexionar.
Esta fue su travesía por el Darién, el tupido trayecto donde 2.000 personas por día -según las autoridades panameñas- arriesgan sus vidas en medio de montañas y precipicios, cuidándose de animales salvajes, mafias y grupos criminales que asedian a los migrantes.
De Necoclí hasta Capurganá, un pueblo cercano a la frontera con Panamá, cada pasajero pagó $80 l Yonatan Mogollón
Un mes cruzando Colombia
El 8 de mayo, Yonatan cruzó la frontera entre Perú y Colombia con pocos ahorros. Para la fecha había protestas en Colombia en contra del Gobierno del presidente Iván Duque, así que el viaje los agotó. No había transporte y caminaron tanto que su hija mayor decidió regresar.
Yonatan y su familia, oriundos de Ocumare del Tuy, estado Miranda, tardaron un mes en atravesar Colombia. Recorrieron Ipiales, Cali, Medellín y Necoclí. “De Medellín a Necoclí un camionero nos dio la cola, pero cuando llegamos a la ciudad de Tuluá había barricadas y los manifestantes, la mayoría armados, secuestraron al chofer del camión. A nosotros nos dejaron ir. Ese fue el primer susto de este viaje”, recordó.
La noche del 1 de junio la familia llegó a Necoclí. Hacía frío y el miedo se abría espacio, pero la ilusión de una mejor vida cerraba las brechas. Al día siguiente, Yonatan compró cuatro pasajes, en lancha, hasta Capurganá, pueblo cercano a la frontera con Panamá. Por cada uno pagó $80.
“La ruta de la infamia” es como se le conoce al viaje que emprenden todos los días miles de venezolanos desde la ciudad fronteriza de Cúcuta, hacia Bogotá.
“La ruta de la infamia” es como se le conoce al viaje que emprenden todos los días miles de venezolanos desde la ciudad fronteriza de Cúcuta, hacia Bogotá. La distancia total entre las dos ciudades es de 556 kilómetros, pero los primeros 122 kilómetros son los más difíciles.
“La ruta de la infamia” es como se le conoce al viaje que emprenden todos los días miles de venezolanos desde la ciudad fronteriza de Cúcuta, hacia Bogotá. La distancia total entre las dos ciudades es de 556 kilómetros, pero los primeros 122 kilómetros son los más difíciles.
Cientos de mujeres, niños y hombres se ven obligados a caminar sobre el borde de una carretera inclinada y angosta, en medio de extremas condiciones climáticas además de la carga emocional que acompaña a los refugiados migrantes.
Venezuela 360 siguió paso a paso a algunos de los caminantes en el inicio de la ruta. En ese trayecto el mayor desafío para los refugiados-migrantes es el ascenso al páramo de Berlín, ubicado a 3.300 metros de altura en donde las temperaturas caen hasta los cero grados centígrados.
En el recorrido se evidencia que los caminantes no cuentan con los recursos adecuados para enfrentar la magnitud del reto. La mayoría no poseen ni siquiera los zapatos ni con la ropa adecuada para protegerse del frío del páramo.
Ante la escasa asistencia institucional durante el trayecto, personas de buen corazón como Martha Duque y Douglas Cabeza, han asumido el cuidado de los migrantes. Ambos convirtieron sus casas en albergues para que los caminantes pasen, al menos una noche en condiciones dignas en medio de su drama y tengan la opción de recibir una comida caliente que les de ánimos físicos y emocionales para continuar su travesía.
Pero no todos los refugiados-migrantes cuentan con la suerte de encontrar almas caritativas como las de Martha y Douglas. En el sector más difícil del trayecto que Venezuela 360 acompañó, el equipo periodístico pudo comprobar que no existen refugios en un trayecto de 47 kilómetros, la distancia entre Pamplona y el Páramo de Berlín. Si la noche alcanza a los migrantes en medio de ese terreno, no encontrarán dónde pernoctar, porque a estas alturas de la crisis, ya los locales le cierran las puertas a quienes buscan refugio. Las expresiones de xenofobia, no han permitido la instalación de más albergues, lo que suma otra dificultad a esta “ruta de la infamia”.
En tan solo una hora ingresaron más de cien migrantes cruzando el río que divide a México y Estados Unidos, la mayoría venezolanos, según un reporte exclusivo de Breibart Texas
Tan solo en mayo se reportaron 27980 encuentros con migrantes de 29 nacionalidades en Del Río, donde los venezolanos representaron el 19,5 %. (Twitter)
Desafiando el cauce de las rápidas aguas del sector Del Río en la frontera sur de Estados Unidos, más de 100 migrantes, en su mayoría venezolanos, cruzaron la línea natural que divide a Estados Unidos de México en tan solo una hora, según Breitbart Texas
Los grupos pisaron suelo norteamericano en las primeras horas de la mañana de este miércoles, a pesar de las lluvias de los últimos días que provocan corrientes turbulentas.
De ellos, detectaron “unidades familiares con niños pequeños” y la decisión de la Patrulla Fronteriza ha sido transportarlos a un centro procesamiento cercano donde la mayoría esperará su liberación en Estados Unidos.
Sus historias divulgadas por Venezuela Migrante en Twitter narran el miedo, incertidumbre y abusos del régimen de Nicolás Maduro.
Faltan recursos
En el reporte de Breitbart Texas se destaca que la Patrulla Fronteriza en el Sector de Del Río (Eagle Pass) enfrenta problemas de hacinamiento en sus instalaciones, ante «el aumento de migrantes venezolanos y haitianos que está llegando a un ritmo que los agentes no están equipados para manejar”.
Las cifras lo evidencian. Hasta ahora, las detenciones en el sector de Del Río reflejan números más altos en 20 años, especialmente cuando se tiene en cuenta que en la zona ascienden a 149.000 la cantidad de migrantes que interceptan desde octubre de 2020.
De esa manera, el sector de Del Río se convierte en el segundo —después del Valle del Río Grande— en registrar afluencias masivas que terminan en detenciones y en el incremento del 500 % de los casos con respecto al año anterior.
Tan solo en mayo se reportaron 27980 encuentros con migrantes de 29 nacionalidades en Del Río, donde los venezolanos representaron el 19,5 %.
Según el oficial Ricardo Moreno, jefe de patrulla fronteriza de la estación Del Río: “Antes no se había visto eso aquí, especialmente, en Del Río. Grupos de hasta 160. La mayoría de las detenciones son (ciudadanos) de Venezuela y de Haití”.
Sin éxito
El patrullaje mediante botes de aire no ha rendido frutos y las estadísticas dan cuenta de esa realidad. En total, junio cerró 188.000 detenidos que rompen nuevamente las marcas de inmigración ilegal en dos décadas y equivalen a un 4,5 % de casos más con respecto a mayo.
Por su parte, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, hasta mayo de este año, registró en las ciudades fronterizas con México de los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas —San Diego, El Centro, Yuma, Tucson, El Paso, Big Bend, Del Río, Laredo y Río Grande Valley— el paso de 897.213 migrantes por caminos irregulares. De esa cantidad, 389.474 eran mexicanos, 167.240 hondureños, 153.478 guatemaltecos, 49845 salvadoreños y 137176 de otras nacionalidades.
Un grupo de migrantes busca entregarse después de vadear el Río Grande y cruzar la frontera entre Estados Unidos y México, el martes 15 de junio de 2021, en Del Rio, Texas. Un número récord de venezolanos está cruzando la frontera entre Estados Unidos y México a medida que aumenta la migración en general. A diferencia de los agricultores y trabajadores de bajos salarios que vienen de México o Centroamérica, los venezolanos suelen ser banqueros, médicos e ingenieros. Están huyendo de la agitación en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo y el dolor provocado por la pandemia en Sudamérica. (Foto AP / Eric Gay)
Marianela Rojas se acurruca en oración con sus compañeros migrantes, un lloroso respiro después de caminar penosamente por un tramo que fluye lentamente del Río Grande y casi colapsar en el césped del patio trasero de alguien, donde, segundos antes, pisó American suelo por primera vez.
“No lo volveré a decir”, interrumpe un agente de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos, dando órdenes en español para que Rojas y una docena más se suban a una camioneta de detención inactiva. “Solo pasaportes y dinero en tus manos. Todo lo demás (aretes, cadenas, anillos, relojes) en tus mochilas. Sombreros y cordones de zapatos también “.
Es una escena frecuente al otro lado de la frontera entre Estados Unidos y México en un momento de creciente migración. Pero estos no son agricultores y trabajadores de bajos salarios de México o América Central, que constituyen la mayor parte de los que cruzan. Son banqueros, médicos e ingenieros de Venezuela, y están llegando en números récord mientras huyen de la agitación en el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo y el dolor inducido por la pandemia en Sudamérica.
Dos días después de que Rojas cruzara, salió de la detención y se apresuró a tomar un autobús fuera de la ciudad de Del Rio en Texas. Entre llamadas telefónicas a sus seres queridos que no sabían dónde estaba, la mujer de 54 años relató que huyó de las dificultades en Venezuela hace unos años, dejando un hogar remunerado y una carrera sólida como maestra de escuela primaria por una nueva vida. empezar en Ecuador.
Pero cuando el pequeño trabajo que encontró limpiando casas se secó, decidió desarraigarse nuevamente, esta vez sin sus hijos.
El mes pasado, agentes de la Patrulla Fronteriza encontraron a 7.484 venezolanos a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, más que los 14 años para los que existen registros.
El sorprendente aumento ha generado comparaciones con la afluencia de cubanos a mediados de siglo que huían del régimen comunista de Fidel Castro. También es un presagio de un nuevo tipo de migración que ha tomado por sorpresa a la administración Biden: los refugiados pandémicos.
Muchos de los casi 17.306 venezolanos que han cruzado ilegalmente la frontera sur desde enero habían estado viviendo durante años en otros países de América del Sur, parte de un éxodo de casi 6 millones de venezolanos desde que el presidente Nicolás Maduro asumió el poder en 2013.
Si bien algunos son opositores al gobierno que temen el acoso y el encarcelamiento, la gran mayoría escapa de la devastación económica de larga duración marcada por apagones y escasez de alimentos y medicinas.
Con la pandemia aún en muchas partes de América del Sur, han tenido que reubicarse nuevamente. Cada vez más, en la frontera de EE. UU. Se les unen personas de los países a los que inicialmente huyeron, incluso un mayor número de ecuatorianos y brasileños han llegado este año, así como de países lejanos afectados por el virus, como India y Uzbekistán.
Los datos del gobierno de Estados Unidos muestran que el 42% de todas las familias encontradas a lo largo de la frontera en mayo provenían de lugares distintos a México, El Salvador, Guatemala y Honduras, los impulsores tradicionales de las tendencias migratorias. Eso se compara con solo el 8% durante el último aumento brusco de la migración en 2019. La Patrulla Fronteriza registró más de 180.000 encuentros en mayo, un máximo de dos décadas que incluye los repetidos intentos de los migrantes por cruzar.
En comparación con otros migrantes, los venezolanos obtienen ciertos privilegios, un reflejo de su posición financiera más sólida, niveles de educación superior y políticas estadounidenses que no han logrado expulsar a Maduro, pero que, sin embargo, hicieron que la deportación fuera casi imposible.
La gran mayoría ingresa a Estados Unidos cerca de Del Rio, una ciudad de 35.000 habitantes, y no intentan evadir la detención, sino que se entregan a los agentes de la Patrulla Fronteriza para solicitar asilo.
Como muchas de las docenas de venezolanos con las que The Associated Press habló este mes en Del Río, Lis Briceno, de 27 años, ya había emigrado una vez antes. Después de graduarse con un título en ingeniería petrolera, no pudo ser contratada en los campos petroleros cerca de su ciudad natal de Maracaibo sin declarar su lealtad al liderazgo socialista de Venezuela. Así que se mudó a Chile hace unos años y encontró trabajo en una empresa de tecnología.
Pero a medida que los disturbios antigubernamentales y la pandemia hundieron la economía de Chile, las ventas se desplomaron y su empresa cerró.
Briceno vendió lo que pudo – un refrigerador, un teléfono, su cama – para recaudar los $ 4,000 necesarios para su viaje a los Estados Unidos. Llenó una mochila y partió con un amuleto de bloqueo del corazón que recibió de un amigo para protegerse de los espíritus malignos.
“Siempre pensé que vendría aquí de vacaciones, para visitar los lugares que ves en las películas”, dijo Briceno. “¿Pero haciendo esto? Nunca.”
Mientras que los centroamericanos y otros pueden pasar meses caminando por la jungla, polizándose en trenes de carga y durmiendo en campamentos improvisados ??dirigidos por cárteles en su camino hacia el norte, la mayoría de los venezolanos llegan a Estados Unidos en tan solo cuatro días.
“Este es un viaje para el que definitivamente están preparados desde un punto de vista financiero”, dijo Tiffany Burrow, quien dirige el refugio de la Coalición Humanitaria Fronteriza de Val Verde en Del Río, donde los migrantes pueden comer, limpiar y comprar boletos de autobús a Miami, Houston y otras ciudades con grandes comunidades venezolanas.
Primero vuelan a la Ciudad de México o Cancún, donde el número de visitantes extranjeros ha disminuido drásticamente, pero cerca de 45.000 venezolanos llegaron en los primeros cuatro meses de 2021. Los contrabandistas que se promocionan como “agencias de viajes” han aparecido en Facebook, alegando que ofrecen transporte sin problemas a Estados Unidos a cambio de unos 3.000 dólares.
“Estamos haciendo las cosas de la manera en que lo hacen aquí, debajo de la mesa”, dijo un traficante en un mensaje de voz que un migrante compartió con la AP. “Nunca estarás solo. Alguien siempre estará contigo “.
El elevado precio incluye una salida guiada desde Ciudad Acuña, donde la mayor parte de los venezolanos cruzan el Río Grande. La ciudad pobre a unos cientos de pasos húmedos de Del Río es atractiva tanto para los traficantes como para los migrantes con bolsillos más profundos porque se ha librado en gran medida de la violencia que se ve en otras partes de la frontera.
Un grupo de migrantes busca entregarse después de vadear el Río Grande y cruzar la frontera entre Estados Unidos y México, el martes 15 de junio de 2021, en Del Rio, Texas. Un número récord de venezolanos está cruzando la frontera entre Estados Unidos y México a medida que aumenta la migración en general. A diferencia de los agricultores y trabajadores de bajos salarios que vienen de México o Centroamérica, los venezolanos suelen ser banqueros, médicos e ingenieros. Están huyendo de la agitación en el país con las mayores reservas de petróleo del mundo y el dolor provocado por la pandemia en Sudamérica. (Foto AP / Eric Gay)
“Si eres un contrabandista en el negocio de mover un producto, porque así es como ven el dinero, las armas, las personas, las drogas y todo lo que mueven, como un producto, entonces quieres moverlo por el área más segura posible cobrando la precio ”, dijo Austin L. Skero II, jefe del sector de Del Rio de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.
Pero el número de contrabandistas capturados con armas ha aumentado recientemente en la zona, y los agentes que normalmente cazan a los delincuentes están atados a procesar a los migrantes.
El aumento en el cruce de migrantes es “puramente una táctica de desvío utilizada por los cárteles” para llevar a cabo el crimen, dijo Skero cuando un grupo de haitianos con niños pequeños emergió de un matorral de cañas de carrizo en la orilla del río.
Una vez en los EE. UU., Los venezolanos tienden a obtener mejores resultados que a otros grupos. En marzo, Biden otorgó el estatus de protección temporal a unos 320.000 venezolanos. La designación permite que las personas que vienen de países devastados por la guerra o los desastres trabajen legalmente en los EE. UU. Y brinda protección contra la deportación.
Si bien los recién llegados no califican, los venezolanos que solicitan asilo, como casi todos lo hacen, tienden a tener éxito, en parte porque el gobierno de Estados Unidos corrobora los informes de represión política. Solo el 26% de las solicitudes de asilo de venezolanos han sido denegadas este año, en comparación con una tasa de rechazo del 80% para los solicitantes de asilo de países más pobres y plagados de violencia en América Central, según el Transactional Records Access Clearinghouse de la Universidad de Syracuse.
“Puedo escribir sus solicitudes de asilo casi de memoria”, dijo Jodi Goodwin, abogada de inmigración en Harlingen, Texas, que ha representado a más de 100 venezolanos. “Estas son personas con educación superior que pueden abogar por sí mismas y contar su historia de una manera cronológica y limpia que los jueces están acostumbrados a pensar”.
Incluso los venezolanos que enfrentan la deportación tienen esperanzas. La administración Trump rompió relaciones diplomáticas con Maduro cuando reconoció a Juan Guaidó como el líder legítimo de Venezuela en 2019. Los viajes aéreos están suspendidos, incluso los vuelos chárter, lo que hace que la remoción sea casi imposible.
Mientras tanto, mientras los migrantes abandonan Del Río para volver a conectarse con sus seres queridos en los EE. UU., Confían en que, con sacrificio y trabajo duro, tendrán una oportunidad que se les negó en casa.
Briceno dijo que si se hubiera quedado en Venezuela, ganaría el equivalente a 50 dólares al mes, apenas lo suficiente para sobrevivir.
“La verdad es”, dice Briceno, apresurándose para tomar un autobús a Houston, donde su novio consiguió un trabajo en la industria petrolera bien remunerado, “es mejor lavar inodoros aquí que ser ingeniero allá”.
Al menos 2 mil venezolanos cruzan la frontera hacia Colombia diariamente, huyendo de la crisis humanitaria generada por el régimen criminal de Nicolás Maduro, de acuerdo con declaraciones ofrecidas este miércoles por el representante especial de la ACNUR-OIM para los refugiados y migrantes venezolanos, Eduardo Stein, para TVV Network, reseñó El Impulso.
El representante de la ONU sostuvo que la mitad de las personas que salen de Venezuela hacia Colombia tienen como destino otros países de la región, como Ecuador, Perú, Chile y Argentina.
Consideró probable que la cifra de migrantes venezolanos sea mayor a los 5,6 millones registrados por las Naciones Unidas, según los datos oficiales de los países receptores. “Es más que probable que la cifra sea mayor, sobre todo porque cuando brotó y estalló la pandemia de covid-19 se cerraron las fronteras como una medida de contención sanitaria, pero la gente, aunque disminuyó drásticamente el movimiento dentro de Venezuela hacia afuera, hace tres meses comenzamos a detectar que ese movimiento se empezó a incrementar“, explicó.
Stein comparó la cantidad de venezolanos que ha emigrado con un pequeño país entero, pues asegura que el número de venezolanos en e exterior supera la población de Panamá, de Costa Rica o Irlanda, “es como la población de un pequeño país entero la que ha salido”, dijo.
Remarcó que aun en la pandemia los venezolanos siguen huyendo de la crisis humanitaria que atraviesa el país.
Según el sociólogo Tomás Pérez, cuando se habla de brotes de xenofobia contra los migrantes venezolanos lo primero que se debe tener en cuenta es que según el gobierno de Nicolás Maduro la diáspora no existe
A juicio del sociólogo Tomás Páez, a la hora de analizar el tema de la xenofobia que muchas veces padecen los venezolanos que decidieron salir del país, no hace falta ir muy lejos.
«No busquemos en los demás países lo que ya tenemos en Venezuela. Empezamos a buscar actos de xenofobia en Colombia o de parte de liderazgos en Perú, o por una diputada en Panamá que se pronuncia, pero nos olvidamos de lo central: que según el gobierno de Nicolás Maduro la diáspora no existe; no hay peor acto de xenofobia que desconocer la existencia del otro y no fue sino hasta hace muy poco que Maduro dijo que podía aceptar que había como 600 mil venezolanos fuera del país», afirma Páez.
Páez, experto en el fenómeno migratorio venezolano, considera que la postura del gobierno a la hora de desconocer la diáspora no solo se circunscribe al discurso, sino que literalmente lo traduce en acciones para hacer «que las cosas sean verdaderas».
«Ordena al Instituto Nacional de Estadísticas no producir información sobre la diáspora. Es decir, no solamente no existe en el discurso político del régimen, sino que al mismo tiempo el INE, que desde hace un montón de años producía información sobre flujos migratorios, hoy no dice nada, guarda silencio y eso es un doble acto xenófobo», advierte.
Tomás Páez es coordinador del proyecto global de la diáspora venezolana.
Añade que además que Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) por mucho tiempo mantuvo una política de negarle la documentación a los venezolanos en el exterior. Cree que esto ha provocado que los países receptores acojan a personas sin documentos ni pasaportes.
«Es otro gesto de xenofobia cuando el gobierno venezolano, al no reconocer la existencia de esa diáspora, tampoco la atiende y por eso tenemos niños apátridas e indocumentados que no tienen nacionalidad», afirma.
Recuerda que en 2018, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, Maduro dijo que el éxodo de venezolanos «era una gran mentira», cuando ya para ese momento teníamos cerca de cuatro millones de compatriotas fuera del país.
«Y eso duele porque la diáspora significa hoy el primer o segundo rubro de ingreso de divisas para Venezuela. Son millones de venezolanos, el estado más grande del país y no existe para el gobierno», lamenta Páez.
Añade que el primer ataque del gobierno chavista contra la diáspora se produjo tras el fracaso del paro petrolero (2002-2003), cuando el entonces vicepresidente José Vicente Rangel dijo que unos «tontillos» se habían ido a «sufrir».
«José Vicente dijo que habían partido del cielo, que es el socialismo venezolano, a sufrir y a padecer en el exterior. Es el argumento que mantiene Maduro cuando los llama lava retretes o mesoneros, es la otra parte del discurso xenófobo. No dicen ‘se está yendo la gente, me preocupa la situación de esa población’, sino que afirman que se van para sufrir, padecer, para recibir insultos», subraya Páez.
Con respecto a la situación de los venezolanos en países como Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, Páez cree que en esas naciones «hay gestos» de parte de algunos dirigentes políticos que tratan de sembrar la xenofobia contra nuestros compatriotas, lo que define como el «discurso de los mitos».
«Los mitos son que las diásporas generan desempleo y destruyen salarios. Eso no es solamente en Colombia, ocurre también en Europa. Es el discurso de (Marine) LePen en Francia, de la gente de Vox en España y Viktor Orbán en Hungría», afirma.
Sostiene que antes de afirmar que existe xenofobia contra los venezolanos, se debe contrastar el «discurso de los mitos» que mantienen algunos dirigentes en la región con las acciones ejecutadas de los gobiernos.
«Han atendido a los venezolanos, los vacunan, van a dar a luz las parturientas nuestras en Pamplona, Cúcuta y por la vía de Maicao, Santa Marta y Riohacha llegan hasta Barranquilla y ahí tenemos unas cuantas miles de parturientas», destaca en lo que respecta a Colombia.
Subraya que uno de los mitos más frecuentes utilizados es la afirmación acerca de que las diásporas destruyen el empleo y el salario, entre otras cosas, cuando, a su juicio, es todo lo contrario: «Generan riqueza. Antes de consumir algo el inmigrante se toma un cafecito y un cafecito multiplicado por dos millones de venezolanos en Colombia son dos millones de dólares en cafecitos, nada más».
Estima que la demanda agregada de bienes y servicios, que impulsa la diáspora, no la consideran quienes atacan la presencia de venezolanos en sus países. «Hay que armar bien el tinglado de información, porque se trabaja con mitos que además están extendidos en la literatura y en el mundo político».
Política, xenofobia y aporofobia
Por su parte, el sociólogo Tulio Hernández afirma que a pesar de su profundo impacto social y mediático, la diáspora venezolana no ha trastocado el panorama político de Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil y Argentina.
Considera que el tema, en ninguno de esos países –salvo en coyunturas muy precisas– se ha convertido en punto central del debate político.
Tulio Hernández fue miembro del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la UCV.
«No creo que la diáspora venezolana sea un elemento principal. Los dilemas que tiene Chile con la insurrección popular de finales del año pasado y la convocatoria a una Constituyente. El tema colombiano del proceso de paz, de la polarización extrema del narcotráfico y las maneras de combatirlo hacen que, sí, el tema venezolano sea importante, pero no un elemento principal», sostiene.
Considera en todo caso que el buen o mal manejo que se le dé en los países de mayor acogida de venezolanos como Colombia y Perú, «es decisivo», porque dependiendo de la manera como actúen los gobiernos se pueden o no crear más tensiones y más temas dilemáticos de los que ya existen.
«Un poco más en Perú, donde el fujimorismo lo ha utilizado como pretexto proselitista; un poco más en Chile, donde a última hora (Sebastián) Piñera ha tomado algunas iniciativas de militarización al norte de sus fronteras con Perú para bloquear la entrada de venezolanos y mucho menos en Argentina, Ecuador y Colombia. Así que no creo que el éxodo venezolano a estos países haya trastocado el panorama político», afirma Hernández, quien actualmente se encuentra radicado en Colombia.
Subraya además que, a la hora de analizar el fenómeno migratorio, se debe separar muy bien el concepto de xenofobia, que es el rechazo y la discriminación a los extranjeros, al de aporofobia, que es el repudio hacia los pobres.
«Cuando llegaron las primeras olas migratorias venezolanas a Colombia a partir de 2004, que eran inversionistas, altos ejecutivos petroleros o ingenieros de Pdvsa expulsados por Chávez, nadie habló de xenofobia, pero cuando empezaron a llegar los pobres y las calles se empezaron a llenar de mendigos y vendedores informales, entonces sí comenzó el rechazo», asegura.
Inteligencia política
Tanto Tulio Hernández como Tomás Páez coinciden en que Colombia lleva la batuta en lo que respecta al manejo de la diáspora criolla.
«El gobierno lo ha manejado muy bien desde el comienzo, no solamente (Iván) Duque, antes también Santos, tomando iniciativas que ningún país de la región ha asumido, como por ejemplo, haber creado el permiso especial permanente que se parece a una visa, pero sin las exigencias de esta, que le permite a los venezolanos tener una cuenta bancaria; trabajar legalmente; aportar a la medicina pública (la llamada GPS); lograr que sus hijos, si los tienen, entren en el sistema escolar. Es decir, una regularización casi total», asegura Hernández.
Añade que el actual presidente colombiano, Iván Duque, con el Estatuto de Protección Temporal, regulariza aún más la situación de los venezolanos.
Al respecto, Páez cree que Colombia maneja inteligentemente su política migratoria, dándole el justo valor estratégico a la diáspora.
«Alemania necesita 1,5 millones de inmigrantes; España no menos de 300 mil cada año, lo mismo ocurre en Estados Unidos. Son sociedades que necesitan mano de obra que les permita mantener el estado de bienestar, de lo contrario no se sostienen, y eso lo pensó Colombia. Creo que este país le está dando un ejemplo al mundo en lo que respecta a la forma de manejar la política migratoria», afirma.
Páez también se refiere al papel que juegan los medios de comunicación en los países receptores y cómo presentan las noticias relacionadas con los venezolanos.
Plantea que muchas veces se montan sobre los «mitos» acerca de la diáspora cuando destacan de forma sensacionalista algún delito cometido algún venezolano, en el marco de un contexto donde hay una mayor cantidad de sucesos relacionados con los nacionales de ese país.
«Creo que deberíamos criterios orientadores, debates para que se entienda que hay muchos mitos que se repiten: lo mismo que se dice hoy de los marroquíes se dijo en Estados Unidos de los irlandeses y Trump lo dijo de los latinoamericanos. Son los mismos argumentos, solo cambia la raza, el color de piel y el origen, pero los xenófobos repiten los mismos argumentos, no tan exagerado como el gobierno venezolano que los desconoce, porque hasta (Fidel) Castro hablaba de los ‘gusanos’ y reconocía su existencia. Nunca los desconoció», asegura Páez.
Por su parte, Hernández asegura que en Colombia esta situación se da sobre todo en los medios de provincia, «donde el sensacionalismo en general es todavía muy utilizado. No recuerdo que El Tiempo, El Espectador o Semana lo hagan».
Afirma que, sobre este tema, ha realizado numerosos talleres en Colombia junto a Ginna Morelo, periodista colombiana que se ha dedicado a cubrir con reportajes la migración. Forman parte de las campaña «Somos panas», organizada por Acnur, la cual fomenta la integración y lucha contra la xenofobia, «creo que son mucho más numerosas estas iniciativas que los medios que instigan el odio hacia los venezolanos».
Nadie entra ilegalmente a Estados Unidos sin pagar algo a los “coyotes”.
La contundencia de este hecho la confirma a Efecto Cocuyo el oficial de la patrulla fronteriza Ricardo González, responsable del sector Del Río, en Texas, por donde en este semestre han entrado a través del Río Grande más de 10 mil ciudadanos procedentes de Venezuela y de otros países de Latinoamérica.
El volumen general de dinero que manejan las redes de tráfico de personas —no solo con venezolanos— en esta zona asciende a unos 25 millones de dólares semanales, según el sistema de inteligencia de las autoridades estadounidenses. La conexión
Venezolanos que ingresan por el Río Grande niegan haber pagado a alguien por su traslado y el posterior cruce, pero la Policía de frontera ha logrado precisar que hay una red que cobra entre 2 mil a 3 mil dólares por trasladar a los migrantes venezolanos. En caso de que alguna persona no use ese sistema, le cobran hasta mil doscientos dólares como peaje por dejarles cruzar el río, en las zonas que manejan.
Según fuentes en México, los venezolanos, una vez que aterrizan en el territorio mexicano por Cancún o Ciudad de México, deben viajar hasta Monterrey donde los recogen por grupos. Pasan la noche en un hotel y luego viajan seis horas, aproximadamente, en buses o taxis hasta Ciudad Acuña o a Piedras Negras, en el estado mexicano de Coahuila. De allí los llevan hasta las orillas del río para cruzar por distintos puntos a Del Río y Eagle Pass, dos de las zonas de ingreso en el lado estadounidense.
Las autoridades tienen identificados un hotel en Acuña donde reúnen a grupos de venezolanos. Sin embargo, también hay casas privadas en donde pueden pernoctar una noche o unas horas.
En uno de los puntos de ingreso a Del Río los “coyotes” pasan a las personas a las siete de la mañana, puntualmente. En la Policía de Frontera ya es rutinario el patrullaje en esa zona.
En otros puntos, los horarios cambian, dependiendo de si hay patrullas de la Policía mexicana.
Personas consultadas para esta nota aseguraron que sus “coyotes” tenían acento zuliano. Sin embargo, pocos tuvieron contacto directo con ellos. Todas las comunicaciones las hicieron por Whatsapp. Los contactos también los empiezan por redes sociales y una vez contactados les envían las condiciones del servicio. Indican algunos de los que usaron estos intermediarios que ellos les pidieron que borraran todos los mensajes e incluso que botaran los teléfonos celulares.
Según testigos, en el lado mexicano del sector que hace frontera con Del Río hay conexiones entre un grupo de venezolanos y mexicanos.
En un reciente reportaje del diario El Comercio, de Ecuador se informa que los grupos de coyotes ya han hecho traslados de venezolanos desde ese país a EE. UU. “A los venezolanos Andrés y Lorena (nombres protegidos) les prometieron por esas vías ( redes sociales), a mediados de mayo pasado, que, de manera muy fácil, alcanzarían desde Guayaquil el sueño americano de modo irregular. El periplo lo completaron entre 9 y 17 días.
Desde febrero de este año miles de venezolanos han cruzado a Estados Unidos desde la frontera mexicana a través del Río Grande; las cifras confirman la percepción de un incremento en estas movilizaciones. En la franja de Texas, desde enero y hasta el 3 de junio de este 2021 las autoridades estadounidenses tenían registrados 12 mil 081 encuentros. En contraste, para el mismo periodo de 2020 la cifra fue de 207 personas. El pico de este año ha sido mayo, cuando la policía fronteriza registra seis mil 513 encuentros. Aunque no todos pagan a “coyotes”, quienes lo hacen deben cancelar entre 2 mil y 3 mil dólares, aproximadamente. Esto incluye pasajes aéreos hasta México, traslado a Monterrey y luego a uno de los puntos de ingreso a Estados Unidos. En los casos en que no han pagado a contrabandistas terminan por pagar un peaje de hasta 1.000 dólares para acceder al río. Las autoridades estadounidenses han identificado los puntos calientes en la ciudad de Del Río y zonas aledañas, que es por donde más venezolanos han pasado este año. En uno de esos puntos las personas ingresan puntualmente a las 7:00 a. m. En otro a las 4 de la tarde aproximadamente. Sin embargo, hay ingresos todos los días a diferentes horas, incluso en la madrugada.
¿Por qué se entregan los venezolanos? La mayoría pide asilo político. Sin embargo, este es un proceso que puede llevar años. Venezuela vive una emergencia humanitaria compleja que en la práctica califica a sus nacionales migrantes como personas en necesidad de refugio. Aunque en los EE. UU. no hay esa denominación para los venezolanos, las políticas recientes del TPS (que no aplica para quienes están ingresando ilegalmente y tampoco para quienes no estaban en EE. UU. antes de su promulgación ) estimula el flujo, según Katiuska Rodríguez, experta en temas migratorios de la organización Nacidos del Pavimento, en declaraciones al diario El Comercio de Ecuador . ¿Qué pasa una vez que entran a territorio estadounidense?
La Conferencia Internacional de Donantes en Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos inició este jueves con un llamado a la comunidad internacional para que asista a los desplazados así como a los países de acogida en la región, en «un momento crítico» de esta crisis.
Así lo definió Filippo Grandi, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, quien dijo que la pandemia está «causando devastación en América Latina y el Caribe» que hace que los refugiados y migrantes de Venezuela «se enfrentan a crecientes problemas de protección».
«Uno de cada cuatro niños venezolanos están separados de uno o sus dos padres. Uno de cada tres van a la cama con hambre. Casi dos tercios no han acudido a la escuela desde el inicio de la pandemia. El riesgo para las mujeres es mayor. Violencia doméstica, acoso sexual y abuso están aumentando».
La ministra canadiense de Desarrollo Internacional, Karina Gould, la anfitriona de la conferencia, explicó que el objetivo de esta cita, a la que asisten representantes de unos 60 países e instituciones, «es conseguir un apoyo adicional para responder a una crisis que a pesar de su magnitud ha pasado, en gran medida, desapercibida e infravalorada».
Por su parte, el director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), António Vitorino, solicitó que los países de acogida incluyan a los 5,7 millones de desplazados venezolanos en sus planes nacionales de vacunación contra la covid-19.
Se espera que la conferencia sobre refugiados y migrantes venezolanos, que se celebra de forma virtual y concluye este mismo jueves, logre donaciones similares a las alcanzadas el año pasado cuando la Unión Europea y España organizaron la reunión.
Entonces, la comunidad internacional se comprometió a hacer contribuciones por 2.790 millones de dólares, de los que 653 millones eran donaciones.
El pasado viernes, Acnur dijo que son necesarios de forma urgente compromisos de 1.440 millones de dólares para asistir a los migrantes y refugiados venezolanos pero de momento, sólo un 5 % de esa cifra ha sido comprometida este año.