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jueves, marzo 26, 2026

Juicio de Nicolás Maduro: ¿cómo el caso pondrá a prueba la ley de EE. UU. contra el narcoterrorismo?


La comparecencia del expresidente venezolano Nicolás Maduro ante un tribunal federal de Nueva York este jueves no solo marca un hito judicial sin precedentes, sino que también pondrá a prueba una de las herramientas legales más ambiciosas —y menos probadas— de Estados Unidos: la ley contra el narcoterrorismo. A continuación, los pormenores del caso bajo una normativa con limitado éxito en los estrados judiciales, pero con grandes dificultades para la defensa que pide desestimar el caso.

وصل الرئيس الفنزويلي نيكولاس مادورو إلى مهبط طائرات الهليكوبتر في وسط مانهاتن، متوجهًا إلى محكمة دانيال باتريك مانهاتن الفيدرالية في نيويورك. الولايات المتحدة في 5 يناير/كانون الثاني 2026
Archivo: Nicolás Maduro llegó al helipuerto en Midtown Manhattan, de camino al Tribunal Federal Daniel Patrick de Manhattan en Nueva York, EE. UU., el 5 de enero de 2026. © Reuters

El hasta hace un par de meses presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de 63 años, llega al banquillo de los acusados.

Pero más allá del impacto político del proceso, el caso representa una prueba decisiva para una legislación que, pese a su dureza, ha tenido resultados limitados en los tribunales.

Maduro enfrenta a la Justicia estadounidense tras los ataques de EE. UU. contra varias localidades del país latinoamericano que terminaron con la captura del entonces mandatario el pasado 3 de enero, en Caracas. Tras más de una década en el poder, Maduro se declaró inocente dos días después de los cargos que enfrenta, entre ellos narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y otros delitos vinculados al narcotráfico. Si es declarado culpable, podría enfrentar cadena perpetua.

Una ley ambiciosa con resultados modestos

La ley contra el narcoterrorismo fue creada por el Congreso estadounidense en 2006 para perseguir a narcotraficantes vinculados a organizaciones consideradas terroristas por Washington. El delito contempla una pena mínima obligatoria de 20 años, el doble que el tráfico de drogas convencional.

No obstante, su aplicación ha sido escasa. Según una revisión de registros judiciales federales, solo cuatro casos han terminado en condenas tras juicio y dos de ellas fueron posteriormente anuladas por problemas con la credibilidad de los testigos.

Este historial refleja las dificultades jurídicas de la norma, especialmente en su elemento más exigente: demostrar que el acusado sabía que el narcotráfico beneficiaba a organizaciones consideradas terroristas.

“El elemento más exigente de la ley —probar el conocimiento del acusado— requiere pruebas sólidas y sin margen de error”, señaló el exfiscal federal Alamdar Hamdani, quien subrayó que fallos en testimonios o inconsistencias documentales han sido decisivos en procesos anteriores.

Archivo: este boceto de la sala del tribunal muestra al expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro (segundo por la izquierda), y a su esposa, Cilia Flores (sentada), asistiendo a su comparecencia ante el juez en Nueva York en enero, donde se declararon inocentes de los cargos de narcoterrorismo.
Archivo: este boceto de la sala del tribunal muestra al expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro (segundo por la izquierda), y a su esposa, Cilia Flores (sentada), asistiendo a su comparecencia ante el juez en Nueva York en enero, donde se declararon inocentes de los cargos de narcoterrorismo. © Jane Rosenberg/AFP

Desde su creación, 83 personas han sido acusadas bajo esta legislación. De ellas, 31 se declararon culpables, ocho esperan juicio y decenas permanecen fuera de custodia estadounidense, lo que ilustra tanto el alcance limitado de la ley como la dificultad para aplicarla.

Los fiscales estadounidenses sostienen que Maduro lideró una conspiración para facilitar el tráfico de cocaína desde Venezuela en coordinación con las extintas y autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), grupo que Estados Unidos consideró organización terrorista entre 1997 y 2021.

Según la acusación, funcionarios del gobierno venezolano habrían permitido el tránsito de grandes cargamentos de cocaína con destino final a territorio estadounidense. Además, el documento judicial señala que Maduro y su esposa, Cilia Flores, habrían ordenado secuestros, agresiones e incluso asesinatos vinculados a disputas del narcotráfico.

Maduro ha rechazado todas las acusaciones, calificándolas como parte de una “conspiración imperialista” contra Venezuela.

El papel clave de testigos cooperantes

Uno de los principales desafíos para la Fiscalía será la credibilidad de los testigos. Expertos consideran que el caso podría apoyarse en exfuncionarios venezolanos, entre ellos los exgenerales Cliver Alcalá Hugo Carvajal, acusados junto a Maduro en 2020.

Alcalá, quien cumple una condena de casi 22 años por apoyo material a las FARC, ha manifestado su disposición a cooperar, aunque mantiene que no participó en narcotráfico. Su eventual testimonio podría resultar clave para establecer el vínculo entre la cúpula política venezolana y las redes criminales.

Casos anteriores han demostrado la fragilidad de este tipo de pruebas. En procesos previos, condenas por narcoterrorismo fueron anuladas después de que tribunales de apelación cuestionaran la credibilidad de testigos cooperantes o informantes.

Un juicio con implicaciones políticas

El proceso judicial coincide con un momento de transición política en Venezuela. Tras la captura de Maduro, la ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha consolidado su poder mediante cambios en el gabinete, reorganización institucional y modificaciones en la línea política del gobierno.

Mientras tanto, Maduro permanece recluido en un centro de detención de Brooklyn junto a su esposa, sin solicitar libertad bajo fianza.

Fuera del tribunal, la audiencia ha generado movilizaciones tanto a favor como en contra del exmandatario. En Caracas, simpatizantes del chavismo se reunieron para seguir el proceso, mientras en Nueva York pequeños grupos de manifestantes se concentraron frente al juzgado.

Pese a su detención, Maduro mantiene cierto apoyo político en Venezuela, donde aún aparecen murales y pancartas exigiendo su regreso.

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Una prueba para la Justicia estadounidense

Para los analistas, el caso Maduro será un examen crucial para la ley contra el narcoterrorismo y para la capacidad de Estados Unidos de procesar a líderes políticos extranjeros bajo este marco legal.

Si la fiscalía logra una condena, establecería un precedente significativo y reforzaría el uso de la legislación contra redes criminales con vínculos políticos. Si fracasa, podría reforzar las críticas sobre la viabilidad de la ley.

Mientras tanto, el juicio continúa en medio de un contexto político complejo, con Venezuela reorganizándose sin su líder histórico y con un proceso judicial que podría redefinir los límites de la Justicia internacional.

Vista general del Tribunal Federal Daniel Patrick Moynihan, donde el derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro tiene prevista una audiencia el 26 de marzo, en Manhattan, Nueva York, 25 de marzo de 2026.
Vista general del Tribunal Federal Daniel Patrick Moynihan, donde el derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro tiene prevista una audiencia el 26 de marzo, en Manhattan, Nueva York, 25 de marzo de 2026. © Reuters/Jeenah Moon

El caso también tiene impacto más allá de Venezuela, con implicaciones diplomáticas. Y es que Venezuela y Estados Unidos han restablecido relaciones recientemente, tras años de ruptura iniciada en 2019. Washington incluso ha aliviado sanciones al sector petrolero venezolano.

Sin embargo, estas señales de acercamiento no han alterado el proceso judicial contra Maduro. De hecho, una disputa sobre el pago de su defensa legal ha añadido otra dimensión al caso. Su abogado, Barry Pollack, sostiene que las sanciones impiden usar fondos estatales venezolanos para cubrir los honorarios.

Los fiscales argumentan que Maduro puede utilizar recursos personales, pero no fondos vinculados a un gobierno sancionado.

Con Reuters y AP

https://www.france24.com/

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