Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, enero 06, 2026

El destino de Cuba y las preguntas sin respuesta sobre la caída de Maduro


Aunque la izquierda internacional hace referencia a la soberanía venezolana, lo cierto es que hace años que Venezuela era cogobernada desde La Habana

Cuba y Venezuela
Todos los miembros de lo que hasta ahora fue el chavismo tienen algo para ganar y para perder. El régimen de Cuba, al contrario, tiene todo por perder y nada para ganar. (PanAm Post).

Desde la primera conversación telefónica que tuvieron Donald Trump y Nicolás Maduro, se manifestó desde ambos lados una charla mínimamente constructiva y en buenos términos. Si de ambos lados del mostrador se dice lo mismo, aunque lo que se hable sea estrictamente confidencial, no hay motivos como para desconfiar de las versiones «oficiales».

Más allá de esos términos generales, y ya entrando en el marco de las especulaciones y las informaciones de fuentes indirectas, muchos datos complementarios fueron saliendo a la luz. Por un lado, se dijo que se le ofreció al ahora detenido en Nueva York un cómodo exilio para hacerse a un lado (todas las fuentes coincidieron en esto) pero que esta negociación no había progresado. Lógicamente, del lado del chavismo (espacio político que ya deja de existir en la realidad por la atomización de sus dirigentes y sus distintos incentivos a futuro) se apeló a una negación en los términos vendibles para la retórica política. Sin embargo, aquí es donde algunas versiones apuntaron a que la falta de acuerdo podría no venir por la negativa de Maduro a abandonar el poder, sabiendo que podrían llevárselo preso en cualquier momento (o peor). Aquí es donde entra la versión que de Maduro, no es que «no quería» arreglar con Trump, sino que no «podía». ¿Por qué? Por los hombres que cogobernaban en las sombras a Venezuela hace muchos años: los cubanos.

Para entender todo esto es necesario retrotraer a la caída del Muro de Berlín y al derrumbe soviético. Hacia principios de los noventa, Fidel Castro tuvo que abrirles las puertas a las empresas «mixtas» (con empresarios inescrupulosos que hicieron negocios con la sangrienta dictadura), como las del sector hotelero y hasta se liberó el dólar en el país para que corriera algo de oxígeno en la economía de una isla que había perdido a su gran patrocinador. Cuba nunca fue ni medianamente sustentable, a pesar de todos los padecimientos actuales e históricos como el energético. En un principio contaron con la URSS, luego tuvieron que hacer consideraciones pragmáticas, pero el electorado venezolano les regaló lo impensado en 1998: una democracia en la región, parada sobre las reservas petroleras más grandes del mundo, que elegía a un discípulo de Fidel Castro.

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Apenas Hugo Chávez se hizo con el poder, Cuba volvió a cerrar lo poco que había abierto en materia de libertades económicas. Ya no estaba la URSS, pero había aparecido otro patrocinador con el que hasta podía compartir la retórica política socialista latinoamericana.

Desde el inicio del chavismo en Venezuela, la presencia cubana fue un secreto a voces. Aunque se negó formalmente desde ambas dictaduras, se sabía que las fuerzas castristas, sobre todo en el círculo íntimo del poder, estaban presentes. Las 32 bajas cubanas en el operativo de detención del narcoterrorista Maduro confirmaron lo que todos ya sabíamos. Nada que haya comenzado ni en Venezuela, ni con el chavismo.

Ya en el Chile de Salvador Allende, los cubanos estaban cogobernando en las sombras. Desde los años de la Guerra Fría se habla de la injerencia norteamericana en América Latina, pero lo cierto es que la única diferencia que hubo con relación al campo socialista es la cantidad de países que fueron gobernados por un signo político u otro. Cuba hizo lo que quiso donde la dejaron y siempre tuvo sus apuestas político-electorales para cada país, incluso con mayor intensidad que los Estados Unidos, que osciló a lo largo de los años en materia de atención y relevancia para la región. Algo que cambió completamente con Donald Trump y Marco Rubio en la actualidad.

Ante la muerte de Chávez, que tuvo que elegir a un sucesor por los plazos establecidos en la Constitución que ellos mismos impulsaron, detrás de la interna Maduro-Cabello, Cuba ya tenía a su jugador elegido. Chávez eligió ese bando: un títere con pocas luces, pero con Cuba detrás o un jugador más inteligente, con ambiciones para gobernar en soledad, con su alianza con las nuevas fuerzas armadas chavistas. La decisión fue «clara como la luna llena», en palabras del mismo Chávez, que mandó a votar por su entonces canciller. Diosdado Cabello decidió quedarse con su influencia e incrementar su poder político, aunque no fuera ungido como el heredero. Justamente, hoy es el jugador díscolo que estaría escapando a las negociaciones con EEUU, a diferencia de Delcy Rodríguez y Padrino López, que ya habrían aceptado que tienen que «entregar las llaves», si no quieren pasar el resto de sus vidas tras las rejas. O peor, muertos.

Aunque no parezca, todos tienen algo por ganar, aunque se haya terminado el régimen. Maduro puede conseguir una condena reducida y aspirar al exilio que no quiso (o no pudo aceptar), los Rodríguez y López también pueden negociar e incluso mantener la libertad desde ahora. Sin saber lo que hará Cabello (al que le puede pasar cualquier cosa en cualquier momento), el que tiene todas las de perder en todos los escenarios es Miguel Díaz-Canel, el sucesor de los Castro. De ahí su nervioso discurso donde evidenció que por primera vez está en pánico. Es que la situación del régimen cubano es peor que la de 1989. No solamente podría estar enfrentando el problema de quedarse sin el subsidio amigo, como le pasó en su momento a Fidel, sino que saben que la operación norteamericana del 3 de enero en Caracas puede repetirse en cualquier momento en La Habana.

Cuando uno ata los cabos llega a una pregunta inevitable: si Cuba está jugada a un todo o nada, ¿es posible que Maduro no se arregló con Trump por miedo a que lo liquidaran sus mismos aliados? Varias fuentes (las mismas que acertaron con respecto a la operación quirúrgica que tuvo lugar hace dos días) aseguran que así fue.

¿Y qué pasa con China y Rusia? Lo cierto es que hasta podrían estar en negociaciones con los Estados Unidos para una explotación tripartita del petróleo venezolano. Esto incluso podría haber estado acordado desde hace tiempo, cuando Vladímir Putin le dijo a Maduro que se fuera para Moscú y este se negó.

«Pour la galerie«, la flamante presidente venezolana, los rusos y los chinos dirán lo que tienen que decir públicamente. Trump incluso manifestó que Delcy por estas horas dice una cosa en público y otra en privado. El hijo de Nicolás Maduro ya hizo referencia a algunos «traidores«. Habrá que ver cómo se reacomoda una interna de un chavismo que, como dijimos, puede que ya no exista como entidad política, ya que los intereses de sus miembros son absolutamente diversos.

Aunque las preguntas son varias y las especulaciones y versiones superan a las respuestas concretas, hay una sola cosa que es un dato fáctico: el régimen cubano pierde en todos los escenarios. Puede que ese sea el próximo reloj de arena que esté en movimiento. La gente de Rubio ya abrió negociaciones con el régimen de la isla para ver si desean irse por las buenas o por las malas. Las fuentes consultadas que acertaron con el operativo extractivo de Maduro aseguran que este 2026 será el último año del comunismo en la isla del Caribe.

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