Como boliviana, empiezo por el jefe del régimen Evo Morales, quien tuvo una de las voces más desafinadas y pobre de ideas en la pasada VII Cumbre de las Américas en Panamá (9 y 10 de abril 2015). Sencillamente lamentable su discurso de barricada, pidiéndole cuentas a Barak Obama por la democracia en su país, sin pensar que el afroanortemericano Obama es la mejor prueba democrática en un país donde, hace 50 años, el racismo y la discriminación sin contemplaciones eran una afrenta a la conciencia de gran parte de Estados Unidos y el mundo. El propio Morales, indio mestizo, es un ejemplo de lo que era la democracia plural en la Bolivia de 2005, con una corte electoral proba e independiente del poder político. Esa instancia le dio la victoria sin menoscabo alguno. Hoy, al cabo de 9 años, el Órgano Electoral que Morales dirige por interpósitas personas, es un instrumento político de manipulación del voto ciudadano a favor del oficialismo autoritario-autocrático y sus candidatos.
"Lo más importante es liberarnos políticamente y a nivel económico, de la dominación imperial", dijo Morales, pero no hizo propuesta alguna para lograr esa liberación y no tomó en cuenta el discurso de Raúl Castro, antes que el suyo, quien subrayó que "continuaremos en el proceso de modernización del modelo económico de Cuba". Se refería al restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y su incorporación al seno de las Cumbres americanas. El Papa Francisco, su promotor, debe estar satisfecho.
A nadie se le escapa que Cuba, urgida porque ya no le llegarán los petrodólares del chavismo tardío –herido de muerte por la dictadura populista, el despilfarro y la corrupción- se abre pragmático luego de 55 años de dominación antiimperialista, a la inteligente geopolítica hemisférica de Obama. Un Castro condescendiente lo exoneró de todas las culpas imperiales y antidemocráticas, no sin razón, que le endilgaron Cristina Fernández de Kirchner, quien se despachó con un "A Obama no le gusta la historia”, Morales, Nicolás Maduro, Rafael Correa y Daniel Ortega. En otras palabras, la “Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América” (ALBA) con sus más conspicuos dirigentes.
La respuesta de Barak Obama, “honesto” por su origen “humilde” señaló Raúl Castro, fue serena y contundente, como corresponde a un político y un estadista demócrata que mira el futuro y que está cambiando las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Frente al manido discurso de victimización, Obama manifestó: "Me encantan las clases de historia que recibo aquí. Soy el primero en reconocer que la aplicación de los EEUU en los derechos humanos no siempre ha sido consistente. Sin embargo podemos decir que tenemos una apertura hacia el cambio” para enfatizar que no se quedará “anclado en la historia ni en las ideologías.” Y afirmó que "Nosotros podemos pasar mucho tiempo hablando de agravios y de injusticias pasadas y supongo también que es posible utilizar a los EEUU como una gran excusa muy cómoda debido a los problemas políticos que pudieran suceder a nivel nacional. Sin embargo, eso no es lo que va a aportar progresos, eso no es lo que va a resolver problemas de los niños analfabetos y eso no hará que nuestros países sean más productivos y competitivos en una economía global", concluyó sobre ese tema.
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