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miércoles, noviembre 10, 2021

Cambios en el orden internacional, por Félix Arellano

Cambios en el orden internacional

Mail: fgap1749@gmail.com


Son muchas las razones que determinan la necesidad de avanzar en la construcción de una gobernabilidad internacional más eficiente. Que todas las variables se encuentren interconectadas en el contexto global; dependientes unas de las otras, sujetas a condicionamientos recíprocos; exige una visión de conjunto, para comprender el funcionamiento del engranaje y, en particular, para resolver las disfuncionalidades.

Enfrentamos a escala mundial una dinámica interdependiente compleja, de tal sentido, las soluciones individuales, nacionales o aisladas resultan poco efectivas y, en muchos casos, contraproducentes. La pandemia del covid-19 y el cambio climático lo están confirmando; empero, muchos gobiernos, particularmente radicales, populistas, autoritarios, se resisten a profundizar los cambios en el orden mundial y se tornan soberbios e intransigentes en la defensa de su soberanía y autodeterminación.

Los problemas se incrementan y afectan al conjunto de los miembros, las crisis financieras globales lo han evidenciado; cualquier virus, que puede poner en riesgo la vida humana, se desplaza sin mayores limitaciones por las fronteras o los límites entre los países; la capa de ozono se deteriora en un punto específico, pero los efectos negativos pueden afectar a todo el conjunto.

Cada día se aprecia con mayor rigor que los problemas globales, exigen soluciones globales; que siguen el camino del diálogo, la negociación y la cooperación; empero, también se requiere efectividad; es decir, acuerdos globales vinculantes, con incentivos que faciliten el cumplimiento, mecanismos de alerta temprana para la acción urgente y de equidad a favor de los más débiles, incluso con la posibilidad de activar sanciones frente a los irresponsables.

Además de los acuerdos de los gobiernos, con efectos más contundentes, otro elemento fundamental para dinamizar los cambios en el contexto mundial, tiene que ver con el comportamiento de los ciudadanos, somos factores que podemos incidir en la presión, la creatividad, la innovación y representamos el núcleo fundamental para el cumplimiento de los compromisos suscritos por los gobiernos.

Una ciudadanía organizada actuando a escala global; es decir, la expresión de la sociedad civil internacional, aprovechando las oportunidades que ofrece la figura de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), juega un papel decisivo para la promoción y consolidación de los cambios. Como sociedad civil internacional se pueden presentar propuestas concretas para la construcción una gobernabilidad internacional eficiente y equitativa. En un marco democrático podemos organizarnos y exigir a los gobiernos asumir posiciones más responsables y creativas frente a los problemas que enfrenta la humanidad.

*Lea también: Apuntes republicanos sobre la corrupción en AL, por Carlos M. Rodríguez Arechavaleta

Naturalmente no es un proceso fácil, en un contexto donde los gobiernos asumen el protagonismo y, muchos de ellos, estiman que deben mantener el monopolio de la acción en el plano internacional; empero. la acción constante y creativa va generando resultados. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, que ha recibido un premio Nobel por su labor, constituye uno de los ejemplos del papel que puede jugar la sociedad civil organizada en el contexto internacional.

Ahora bien, conviene resaltar que el cumplimiento final de la gran mayoría de los compromisos internacionales que asumen los gobiernos, si bien debe cumplir con formalidades jurídicas nacionales, en esencia tiene que ver con la conducta que asumamos como individuos y ciudadanos.

El tema ecológico es claramente ilustrativo. En el deterioro del ecosistema todos tenemos una cuota de responsabilidad y cada uno debería asumir el compromiso de las soluciones, lo que inexorablemente conlleva un cambio de patrones sociales y conductas individuales. El consumo despilfarrador y depredador de los recursos naturales y de los equilibrios del ecosistema, tiene mucho que ver con las políticas públicas, pero también con nuestra acción individual.

El tema de los derechos humanos también representa otro ejemplo representativo, son considerados como derechos de carácter universal y que no prescriben, en consecuencia, los países se ven obligados a su obligatorio cumplimiento; empero, los países, en particular autoritarios rechazan tal obligación. Pero, los promotores del orden liberal internacional 2.0, aspiran que las normas internacionales adquieran el carácter de vinculantes y las instituciones multilaterales puedan asumir un papel de control.

Para avanzar en los cambios, que permitan la construcción de la gobernabilidad internacional más eficiente y efectiva, la sociedad en su conjunto jugamos un papel determinante, entre otros, utilizando las ONG como medio de acción. Pero también, como ciudadanos estamos obligados a cumplir con los compromisos y poner en práctica los acuerdos. Como cuídanos y como conjunto social nos corresponde promover el cambio de patrones de consumo despilfarrador. Al respecto, los gobiernos son guías, promotores y orientadores; pero el cumplimiento efectivo depende de nuestra actitud individual, como consumidores y ciudadanos.

Obviamente que en un contexto democrático es que la sociedad civil y los ciudadanos actuando de forma individual podemos lograr una mayor participación, pero el populismo y el autoritarismo están logrando desacreditar y debilitar los sistemas democráticos, con la falsa campaña que el autoritarismo puede resultar más eficiente para generar crecimiento económico y bienestar social.

El caso de los derechos humanos representa un claro ejemplo de la actuación cohesionada de los gobiernos autoritarios con el objetivo de debilitar y, de ser posible, eliminar su existencia en la normativa internacional vinculante. Entre los elementos que hacen parte de la estrategia de los gobiernos autoritarios, formar parte del limitado número de miembros rotativos del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas para limitar su funcionamiento, constituye un objetivo relevante.

En ese contexto, el retiro de Donald Trump solo contribuyó a facilitar la negativa labor de tales países. No significa que Estados Unidos tenga de forma individual la capacidad de dinamizar el Consejo, el hecho es que un gobierno democrático que se retire, conlleva un éxito para los gobiernos autoritarios. Resulta fundamental la presencia de los gobiernos democráticos en el Consejo y su permanente y activa coordinación.

La Corte Penal Internacional (CPI), un tema que Venezuela está acaparando especial relevancia en los últimos días, es una organización que enfrenta el rechazo de los gobiernos con orientación autoritaria. Conviene recordar que la CPI representa una amenaza directa contra los individuos que, en el ejercicio del poder, desarrollan una sistemática violación de los derechos humanos.

Para los gobiernos autoritarios, indiferente de su tendencia, que se están incrementando, los compromisos internacionales vinculantes, de obligatorio cumplimiento, los controles y, más grave aún, la sanciones; pero también un papel activo de la sociedad civil y de un ciudadano consciente y protagónico; representan serias amenazas para su existencia. Uno de los objetivos que los unifica es el rechazo a una gobernabilidad internacional profundizada y más eficiente, que pueda conllevar límites para su actuación a nivel nacional.

En este contexto la lección indica que debemos organizarnos como parte de la sociedad civil y además actuar activamente como individuos para lograr incidir en el contexto internacional y poder lograr con nuestra acción permanente los cambios que son necesarios para poder vivir en un mundo más humano y equitativo,

Félix Arellano es internacionalista y Doctor en Ciencias Políticas-UCV.

https://talcualdigital.com/

lunes, noviembre 13, 2017

¿Cultura contra política?, FERNANDO MIRES

Las culturas son formas colectivas de ser en el tiempo y en el espacio. En el tiempo porque no hay cultura sin su historia. En el espacio, porque, aún emigrando, sus portadores llevan consigo los signos (costumbres, códigos, idiomas, vestimentas, comidas y sobre todo, religiones) de las zonas de donde vienen.

En los tiempos post-modernos, llamados también de la globalización, la gran mayoría de los órdenes sociales son multiculturales. La sociedad multicultural ya no es una posibilidad, ni una utopía, ni una distopía, es simplemente una realidad, nos guste o no. La sociedad multicultural es, por lo mismo, multireligiosa. Solo hay una excepción: la llamada cultura occidental la que, aún impregnada por el judaísmo y el cristianismo, se define en primera línea como cultura política.

¿Cultura política? Exactamente. El sello del Occidente es su secularización, no la eliminación de lo sacro, sino su aceptación dentro de un marco constitucional destinado a regir por sobre las diferencias, sean estas sociales, culturales, religiosas o políticas.

En tal sentido el problema de la cohabitación intercultural no se presenta en la realidad occidental como un choque de culturas, sino entre diferentes culturas con respecto a un orden político que define su cultura en virtud de la aceptación de las diferencias. Ese es el gran invento y a la vez la gran paradoja del Occidente político. Para los ciudadanos occidentales, un bien entendido. Para no pocos miembros de culturas religiosas, un hecho difícil de soportar. Incluso, una afrenta.

Quien fuera uno de los teólogos más admirados del Islam, el egipcio Sayyid Qutb, caracterizaba a la separación entre el mundo religioso y el político como una “horrible escisión”, una herida abierta hundida en las almas de los fieles islámicos. Así, Qutb, definió ya en los años cincuenta del pasado siglo, el programa del islamismo militante de nuestro tiempo.

La tarea de cada musulmán no puede ser otra -afirmaba Qutb en su obra máxima escrita en prisión (Bajo la Sombra del Corán) - sin suturar la herida, primero en el alma de cada creyente y después entre los habitantes de otras regiones.

El cristianismo, heredero al fin de la cultura greco-romana, la del Logos de San Juan, terminaría por aceptar, después de odiosas guerras, a esa “horrible escisión” ya contenida en el “dar al César lo que es del César” de Jesús, el Cristo.

La coexistencia entre religiones y/o culturas en el marco de un orden civil ha dejado de ser un problema para la cristiandad y el judaísmo. Al contrario: esa coexistencia incluyendo en ella a los ateos y agnósticos es, o ha llegado a ser, una marca del Occidente político. Pero –ahí yace el problema- esa no es la cultura de gran parte de los fieles del Islam. Para ellos, la separación entre el orden de Dios y el político es, y seguirá siendo, una “horrible escisión”.

Entre el Islam y Occidente no existe confrontación religiosa o cultural. Los miembros de la comunidad islámica –así lo ordena el Corán- deben ser respetuosos con otras religiones. Por supuesto, ellos consideran que su religión es superior, pero ¿no es ese un atributo propio a los miembros de todas las religiones?

Todos los creyentes practican un culto narcisista. Todos creen que su Dios es el verdadero o por lo menos, que la interpretación de Dios es la más justa y exacta. Un quantum de intolerancia es común a toda práctica religiosa. Pero eso no impide que entre los sectores más cultos de una y otra religión aparezcan, además de diferencias, afinidades.

Más difícil es la relación de las religiones con ateos y agnósticos. Sobre todo con los segundos. Pues los ateos niegan con fe la existencia de Dios: es su creencia. No así los agnósticos. Los agnósticos, al introducir la duda, son enemigos declarados de los fundamentalistas. Recordemos que Kant fue suspendido durante un tiempo de su profesuría solo por haber escrito: “Dios es, para la filosofía, una hipótesis”. No obstante, Kant, a pesar de la presión ejercida, nunca se sometió al primado de la religión. Siempre siguió pensando que, por sobre las leyes religiosas debe existir una ley civil. La idea del Occidente Político es profundamente kantiana. Qutb es en ese sentido el anti-Kant. La suya es una doctrina de sumisión del ser ante Dios.

A propósito de sumisión: con inteligencia narrativa, la novela de política-ficción escrita por Michel Houellebecq titulada precisamente “Sumisión” explica las razones por las cuales los “libres pensadores” son vistos por el Islam, aún en sus versiones moderadas, como agentes disolventes a los cuales hay que aislar. Por el contrario, los cristianos, sobre todo los católicos, son considerados como potenciales aliados en la empresa común orientada a re-espiritualizar el mundo, cuando “la horrible escisión” sea cerrada.

Leer mas: http://www1.talcualdigital.com/Nota/151504/cultura-contra-politica

domingo, febrero 05, 2017

¿Debemos a China la globalización? Así era la ruta de la plata en el SXVI - ISMAEL ARANA

Óleo que representa el ataque inglés a la ruta del galeón de Manila, nombre que recibieron durante más de dos siglos los barcos y el tramo que conectaba Oriente y Occidente. J. CLEVELEY EL JOVEN →→

Surge una nueva teoría que señala a China como el artífice de la primera globalización

Cuando el Presidente chino, Xi Jinping, tomó la tribuna en el Foro de Davos, más de uno se sorprendió al oírle pronunciar un encendido alegato a favor de la globalización y del libre comercio. Aunque a muchos sus palabras les sonaron contradictorias, China lleva siglos siendo uno de los protagonistas principales del comercio internacional, y hay expertos que consideran al país asiático -junto a la España e Hispanoamérica del siglo XVI- el artífice de la primera globalización de la Historia.

Es el caso del estadounidense Peter Gordon y del español Juan José Morales, autores del reciente libro "La Ruta de la Plata" (Ed. Penguin). En sus páginas, los autores rebaten la narrativa histórica dominante que desde la Revolución Industrial encumbra a las naciones anglosajonas como artífices de la globalización, y retrotraen la aparición de este fenómeno más de dos siglos, a una época en la que España y Portugal dominaban los mares y China era la mayor economía del planeta.

Para ellos hay una fecha clave: 1565, cuando el fraile y marino Andrés de Urdaneta descubrió y documentó la ruta de vuelta desde Manila (Filipinas) a Acapulco (Nueva España), un regreso que "por primera vez permitía a las embarcaciones europeas navegar el Pacífico de manera fiable en ambas direcciones", apunta Morales.

En una década, esta ruta y los barcos que la surcaban pasaron a conocerse como el galeón de Manila, una vía que en los siguientes 250 años sirvió para conectar Oriente y Occidente e intercambiar conocimientos y mercancías -seda y porcelanas chinas y especias, algodón o marfil del Sudeste Asiático- por plata americana, hasta un tercio de la extraída en las colonias españolas.

Una vez al año, un galeón iba de Manila a Acapulco con esas mercancías, que luego eran trasladadas al puerto de Veracruz, en el mar Caribe, para ser embarcadas en la Flota de Indias, rumbo a Sevilla o Cádiz. En contrapartida, otra nave hacía el camino inverso repleto de plata y productos como vino o aceite. En total, 15.000 millas que conectaban Asia con Europa a través de las Américas, la ruta comercial más larga de la historia hasta entonces.

Aunque Gordon y Morales no son los primeros en defender esta teoría, sí que son pioneros en acuñar el término "Ruta de la Plata" para referirse a este fenómeno, un vocablo "muy definitorio, análogo a la Ruta de la Seda, pero diferente en su significado y que cambió la economía global para siempre", especifica el autor español, que fue presidente de la Cámara de Comercio de España en Hong Kong.
Según los autores, la Ruta de la Plata ya contaba con los elementos clave de lo que hoy llamamos globalización: vías comerciales bidireccionales de alcance mundial; la integración de los mercados financieros a través de la plata; intercambios culturales y de personas, y la primera urbe global de la historia, una Ciudad de México precursora del Londres o Nueva York actuales. "Además, fue fundamental la aparición de la primera divisa global", dice Morales. Se trataba del real de a ocho, que se empezó a acuñar en el siglo XVI y del que más tarde derivarían el dólar estadounidense, el yuan chino y el yen japonés, entre otros.

Para Gordon y Morales son muchas las lecciones que se pueden extraer de aquellos días. La primera, que una China en ascenso no necesita ni converger con Occidente ni convertirse en su enemiga, en una suerte de globalización en la que ambos bandos se integran, pero permanecen apartados, como en los siglos XVI y XVII. "La globalización de entonces integró a China en lo económico, pero no en lo institucional", dice Morales. "Lo mismo ocurre hoy. El país comercia con sus propios términos, porque tiene la fuerza necesaria para ello. Hay que ser más realistas y convencernos de que, a mayor intercambio económico, China no va a ser más liberal. El modelo anglosajón, que cree que el capitalismo sirve para que arraiguen instituciones democráticas y liberales, no funciona en este caso".

China está llamada a jugar un papel fundamental en el mundo actual. Más aún observando cambios recientes como el retiro del EE.UU. del TPP, iniciativas como la nueva Ruta de la Seda o la creación del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura liderado por Beijing.

Lo que está por venir podría parecerse a la primera globalización vivida en el siglo XVII, concluyen Gordon y Morales. Un mundo en el que China aspira a ser el jugador dominante, a través de las rutas comerciales y los mercados, más que por la fuerza, y con una relación entre un Oriente y un Occidente "que no mantienen una enemistad insalvable, sino más bien, un precario equilibrio en el que cooperar y buscar ventajas".

http://diario.elmercurio.com/

sábado, julio 30, 2016

¿El mercado y la globalización los culpables? Hernán Büchi

El mercado es una instancia de intercambio libre entre personas o agrupaciones voluntarias de ellas. La libre elección de lo que se puede intercambiar y compartir no tiene límite -bienes, servicios, ideas, música, etc.-. La globalización no es más que darle a dicho intercambio un alcance cada vez más amplio, en cuanto a la geografía y diversidad cultural de quienes lo realizan.

La paradoja es que mientras en todo el mundo las personas abrazan con pasión la posibilidad de relacionarse libremente, sin importar fronteras -comprando, vendiendo o intercambiando ideas, fotos, experiencias segundo a segundo-, ciertos ideólogos y políticos insisten en imponer la perspectiva del daño que supuestamente genera el mercado, especialmente cuando logra alcance global.

En compañías como Amazon, millones de personas de todos los credos compran diariamente infinidad de productos de todos los precios. Instagram cuenta con la participación de 500 millones de usuarios mensuales, de los cuales, 300 millones están activos diariamente. Estos son solo ejemplos de un universo mayor que está recién emergiendo.

Al mismo tiempo, en Chile, el gobierno se empecina en cercenar la libertad de elección de los ciudadanos -la limitación a la diversidad e independencia en educación son un ejemplo simbólico de ello-. Las posiciones anti mercado e integración expresadas en las primarias americanas, tanto por demócratas como por republicanos, también van en el mismo sentido. Sin duda, muchos votaron por el Brexit con temor a un mundo más global.

Hay claras razones para que parte de los políticos exacerben los supuestos peligros del mercado y la globalización. Para muchos de ellos es una pérdida de poder, que limita sus posibilidades de beneficio personal o las de imponer su visión a los demás. Lo que en Chile acabamos de conocer respecto de la jubilación de la ex esposa de un líder socialista vociferante en contra de los privilegios de particulares, es una demostración más de que el poder también se busca para propio beneficio. Recordemos el caso cuando se vuelva a insistir en el viejo esquema de estatizar los ahorros para la vejez. El tipo de abuso que hemos conocido pasaría a ser pan de cada día, como lo fue en el Chile de hace décadas.

Pero aun más nocivo que la búsqueda del beneficio personal puede ser pretender limitar la libertad de las personas en temas esenciales, en aras de una visión ideológica. La Presidenta Bachelet ha demostrado estar empecinada en estas materias. Al presentar el proyecto de educación superior nos dijo que quería asegurarse de que su visión quedara irreversiblemente plasmada hacia el futuro. Olvida que cuando se cercena el motor del progreso nada es irreversible. Los supuestos beneficios de los países comunistas que ella ha dicho que añora de Alemania comunista, tenían pies de barro y no se pudieron sostener. Su diseño del Transantiago solo sobrevive gracias a que la pujanza del resto de la economía, especialmente la no regulada, ha permitido hasta ahora financiar su mala concepción. Pero ha extremado su visión ideológica, y sus embates a la libertad de enseñanza y a la estabilidad constitucional calan mucho más hondo que el Transantiago.

La desgracia es que si bien reformas mal concebidas finalmente fracasan, no se vuelve con facilidad a una senda de progreso. Las buenas intenciones y políticas del nuevo gobierno argentino tienen al frente un muro de problemas que les pesarán por mucho tiempo. Venezuela, que acaba de militarizar su economía ante los problemas de abastecimiento, tendrá un arduo camino por delante el día que enmiende su rumbo.

Es cierto que aún no vivimos estas dificultades en el país. Pero cada día la información económica es más consistente con un cuasi estancamiento. Con el último Imacec conocido podemos estimar que en los pasados cinco meses la economía se ha expandido un magro 1,7%. El segundo trimestre se visualiza más débil que el primero. El desempleo del INE está lejos del 9,4%, último dato de la Universidad de Chile. Pero en el Gran Santiago, el dato equivalente es ya de 7,3% y la ocupación asalariada disminuye. A nivel nacional, es el empleo por cuenta propia el que modera las cifras.

Leer mas: http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/comercio/el-mercado-y-la-globalizacion-los-culpables

jueves, junio 25, 2015

Crece el libre comercio - FELIX ARELLANO

El proceso bolivariano se ha estancado en la crítica al libre comercio, sin presentar propuesta de cambio y perdiendo oportunidades. Es cierto que libre comercio tiene sus limitaciones, en particular en lo que respecta a la equidad con los menos aventajados, pero el proceso bolivariano, cuestiona sin propuestas y, lo más cínico, es que, en el caso de la ALBA, está utilizando el libre comercio, con el falso nombre del “comercio de los pueblos”

Uno de los elementos que definen la globalización es la apertura de los mercados, lo que se ha convertido en uno de los objetivos de la mayoría de los países, mediante la negociación de acuerdos de libre comercio, interés que se expande fundamentalmente por las oportunidades que generan en crecimiento económico y bienestar social. Pero también surgen problemas, como el tema de la equidad, que se deben abordar y enfrentar. Pareciera que el proceso bolivariano se ha estancado en la crítica y satanización del libre comercio, menospreciando sus beneficios.

El libre comercio no es un tema nuevo para la región que desde 1960, con la creación de la ALALC, está tratando de conformar una zona de libre comercio desde México hasta la Patagonia, pero los obstáculos han sido muchos, en especial el rígido y equivocado nacionalismo. Para 1980, la región aceptó su fracaso y retrocedió del libre comercio, por la negociación de preferencias limitadas, creando la ALADI.

Europa, por el contrario, con mucho esfuerzo logró avanzar exitosamente por las diversas etapas de la integración, desde el libre comercio, la unión aduanera y el mercado común. Hoy surgen nuevos problemas que exigen un mayor disciplina integracionista, pero pareciera que el nacionalismo, con sus limitaciones, está tomando auge.

Para la globalización resulta conveniente la apertura de los mercados, de allí el auge de las zonas de libre comercio en las últimas décadas. La agenda de negociación incluso ha cambiado, al pasar de la exclusiva liberación de los bienes o manufacturas, con sus correspondientes normas de origen, mecanismos de protección temporal y solución de controversias; a una agenda más amplia, que se le denomina de “nueva generación”, que incluye la liberación de los servicios, las inversiones, las compras públicas; incluso, algunos acuerdos incorporan normativas sobre las relaciones del comercio con la propiedad intelectual, los aspectos laborales y ambientales. Este es el caso de las negociaciones de libre comercio que promueve los Estados Unidos mediantes los TLC.

A nivel mundial observamos que países radicales como China o Vietnam están trabajando intensamente en la apertura de mercados y también países tradicionalmente proteccionistas como Japón o Brasil. China está tratando de conformar una meganegociación de libre comercio en el marco de la APEC y Brasil trata de acelerar las viejas negociaciones de Mercosur con la Unión Europea. También conviene resaltar las negociaciones para conformar las zonas de libre comercio tanto transpacífica, como la transatlántica.

En la región también han crecido los acuerdos de libre comercio, así podemos observar como Chile ha suscrito más de25 acuerdos, le sigue México con 15, Perú con 14 y Colombia con 10. Adicionalmente conviene destacar que, con la excepción de los países de Mercosur y de la ALBA, el resto de países de nuestro hemisferio han suscrito los TLC con Estados Unidos.

Leer mas en: http://www.talcualdigital.com/Nota/116881/Crece-El-Libre-Comercio