Verónica Alcocer, la ex primera dama de Colombia, ya separada de Gustavo Petro, ha terminado irremediablemente salpicada por las declaraciones de Eva Ferrer Galcerán, quien fue por años una persona de su confianza y llegó a ocupar el cargo de consejera presidencial para la Niñez y la Reconciliación. En una entrevista con la revista Semana, publicada el fin de semana, Ferrer señala a Alcocer, sin mayores detalles concretos, de haber estado involucrada, entre otras, en el presunto tráfico de drogas y dinero en aviones oficiales.
La Fiscalía ha citado a Ferrer para precisar sus acusaciones, en una diligencia programada para este miércoles, y la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) ha puesto en marcha una revisión de los vuelos en que fue transportada la entonces primera dama por instrucción directa del presidente Abelardo de la Espriella. “He ordenado al comandante de la Fuerza Aérea una investigación exhaustiva sobre los graves hechos denunciados”, reaccionó el mandatario de ultraderecha, que lleva poco más de dos meses en el poder.
Rodeada de controversias, Alcocer agitó una y otra vez el debate sobre la figura de la primera dama, que muchos consideran obsoleta. Tuvo un marcado protagonismo desde la propia campaña que llevó a Petro al poder, con baños de masas en la plaza pública y visita al papa incluidas. Después encabezó, entre otras, la delegación colombiana en el sepelio de la reina Isabel II de Inglaterra, en una de varias incursiones diplomáticas. La prensa del país le atribuye haber influido en varios nombramientos. Acabó el cuatrienio sancionada por el Tesoro de los Estados Unidos y levantó todo tipo de suspicacias por su vida de lujo en Suecia.
Los viajes de Alcocer a Venezuela fueron “muchos” y “confidenciales”, según las declaraciones de Ferrer, a la que Semana ya había atribuido unas grabaciones en las que habla de testaferros, dinero en efectivo y lujos en Europa. Aunque no precisa fechas, sus señalamientos se concentran en uno que ocurrió en “enero de 2023”. Esa fecha coincide con la más controversial de todas esas salidas, cuando Petro apenas llevaba un semestre en el poder.
El martes 31 de enero de 2023, la entonces primera dama viajó a Caracas, sin el presidente. Allí, en el Palacio de Miraflores, la recibieron Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, hoy presos en una cárcel de Estados Unidos. El encuentro entre primeras damas, que la Casa de Nariño calificó en su día como un “gesto de reconciliación”, buscaba seguir fortaleciendo las relaciones entre Bogotá y Caracas, restablecidas pocos meses antes, en el arranque del Gobierno Petro después de años de diferencias irreconciliables.
De acuerdo con la Presidencia de Colombia, Alcocer y Flores abordaron temas de interés para ambos países como el cuidado de la niñez. Oficialmente se dijo que Alcocer quería conocer el Sistema Nacional de Orquestas de Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, y adecuar un modelo similar para Colombia –Alcocer, sin embargo, nunca mostró mayor interés por la Fundación Batuta, que nació en 1991 bajó el auspicio de Ana Milena Muñoz de Gaviria, la entonces primera dama, inspirada justamente en el modelo venezolano de José Antonio Abreu–.
Además del empresario catalán Manuel Grau Pujadas, asesor del Despacho, por ese énfasis en el sistema de orquestas y coros la acompañaba el entonces viceministro de Cultura, el músico Jorge Zorro, quien fungió por largos meses como ministro encargado. Esa compañía también estuvo rodeada de controversia. La ministra Patricia Ariza concedió meses después que se había enterado del viaje por las redes sociales y la secretaria del Ministerio de Cultura le confirmó a la Procuraduría que el periplo del viceministro nunca había sido autorizado. “Simplemente me llaman, me piden que acompañe a la primera dama en un viaje a Caracas, y yo no puedo decir que no. No fue algo urdido, por debajo de cuerda, nada”, se defendió en su día Zorro en una entrevista con este periódico. “Fue solo un día y nos mostraron cosas muy lindas: una orquesta de jazz espectacular, una obra de teatro extraordinariamente bien trabajada con los niños”, aseguró.
Alcocer también se encontró en esa visita a Miraflores con la entonces vicepresidente, Delcy Rodríguez, ahora presidenta encargada después de que militares estadounidenses capturaron a Maduro el pasado 3 de enero. Para el momento del viaje de su pareja a Caracas, Petro se dirigía a la fronteriza ciudad de Tulcán, en Ecuador, para reunirse con su homólogo Guillermo Lasso y encabezar un gabinete binacional.
Eran los tiempos en que Alcocer exhibía una actividad febril que desconcertaba incluso a los aliados del Gobierno. Un par de meses después, en abril, apareció un martes en la noche en las instalaciones del Congreso, a pocos metros de la Casa de Nariño, mientras estaba en marcha una reunión que buscaba desatascar el trámite legislativo de la reforma a la salud, la más resistida entre las grandes reformas sociales que Petro se proponía sacar adelante. El presidente se encontraba a miles de kilómetros de distancia, en San Francisco, California, en una de las paradas de un viaje a Estados Unidos. La muy recordada irrupción de Alcocer en el Congreso bastó para encender aún más el debate sobre la inusual actividad política de la primera dama, y su influencia en el Gobierno. Una controversia que nunca se despejó del todo, ni siquiera cuando Petro anunció que estaban separados y Alcocer se radicó en Suecia.

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