Con las celebraciones propias de la Semana Santa, el sector turístico venezolano empieza a aceitar sus engranajes.
A menos de siete días del inicio de la “semana mayor”, las estimaciones indican que la ocupación hotelera no se distribuirá de manera equitativa.
Representantes de la Federación Nacional de Hoteles de Venezuela (Fenahoven) han apuntado que este 2026 la polarización geográfica se concentrará en el Caribe central.
La proyección se desprende de un cálculo preciso. Los números arrojan que entidades como La Guaira, Miranda y Carabobo serán las más visitadas.
En esos estados, los niveles de reserva superan el 75%, impulsados por lo que los economistas denominan «turismo de proximidad».
La logística como factor de decisión
El análisis del comportamiento de la demanda revela que los venezolanos ya no se guían por el paisaje o las bellezas naturales al momento de escoger sus destinos.
En la actualidad, factores como la fiabilidad de los servicios básicos son variables que modifican la ecuación.
Por otro lado, las arterias viales que conectan a la Gran Caracas con La Guaira, Miranda o Carabobo hacen que esos estados se perfilen como zonas de reposo atractivas.
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La conectividad permite a los viajeros reducir los costos operativos de traslado.
Tal realidad representa una desventaja para destinos insulares (como Nueva Esparta).
En muchos casos, los vuelos que conectan con la isla resultan incosteables para una clase media profesional con salarios exiguos.
El reto de los cinco estrellas
Mientras que el Caribe central celebra el volumen, otros destinos tradicionales enfrentan desafíos estructurales.
Los hoteles de lujo y la categoría de «Gran Turismo» reportan una ocupación más lenta.
Esto indica que, aunque existe capacidad de gasto en ciertos estratos, la pernocta se ha acortado de una semana completa a un promedio de 3.4 noches.
Desde una perspectiva macroeconómica, este fenómeno subraya la necesidad de una revisión en la política de tarifas.
La hotelería venezolana opera con costos de mantenimiento crecientes, derivados de la inversión privada en plantas eléctricas y sistemas de bombeo de agua.
Para muchos hoteles en zonas con menor flujo, el punto de equilibrio económico se ha vuelto esquivo, dependiendo casi exclusivamente de eventos corporativos o convenciones para compensar la baja.


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