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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, febrero 08, 2017

¿Democracia sin elecciones? - Margarita López Maya Historiadora y analista político

Existen altos funcionarios del Estado que debieran ser políticamente imparciales, pero no lo son. Utilizan un discurso público, identificando al actual régimen venezolano como una democracia. Uno no sabe cómo interpretarlo. Pudiera ser ignorancia de lo que significa tal cosa, manipulación para ocultar la realidad autoritaria hoy innegable, simple mala fe, o una combinación de los anteriores.

Aunque la literatura sobre el tema es muy compleja, hay condiciones mínimas para que un régimen sea democrático: esencial es que todos seamos iguales ante la ley y la acatemos, gobernantes y gobernados. La democracia aborrece las desigualdades, por ello el poder debe ejercerse de manera abstracta y universal, sin personalismos ni privilegios para algunos.

Así mismo, las democracias garantizan contrapesos a los poderes de Estado como manera de evitar los abusos de funcionarios. Hay controles horizontales; cada poder público es independiente y tiene facultades para ejercer controles sobre los otros poderes. Pero de manera clave está el contrapeso vertical, donde los ciudadanos como individuos, u organizadamente, ejercen control sobre los poderes del Estado mediante su voto.

En el corazón de la democracia está el voto. Es expresión de la soberanía popular. Ahí, en el voto, reside el poder. Con él se escogen las autoridades y se toman decisiones claves. Sin elecciones no hay democracia, es una verdad diáfana.

En Venezuela, el CNE ha suspendido, bajo las directrices político-ideológicas del oficialismo, nuestro derecho al voto “hasta nuevo aviso”. El argumento legal utilizado es espurio, pues tribunales penales regionales no tienen competencia electoral para tomar decisiones que afecten decisiones del CNE. Fue ese el argumento utilizado el 20 de octubre pasado para robarnos el derecho a votar en referendo. Peor aún, tales decisiones judiciales, fueron comunicadas públicamente por los gobernadores de esas entidades, que carecen de cualquier competencia judicial o electoral.

Así pues, llaman a engaño quienes, desde puestos de poder, como lo son el CNE y el TSJ, reclaman respeto a la Constitución y las leyes que ellos mismos irrespetan. Y decir que lo hacen en nombre de la democracia, es una posición falsa, y sí, rectora, antiética.

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