El sistema político de Chávez y Maduro se caracteriza por elementos como los siguientes: hiperpresidencialismo; desaparición del límite temporal del periodo presidencial; violaciones constitucionales frecuentes; ausencia de limites fácticos a la influencia del partido gobernante en la selección de los representantes de los Poderes Judicial, Moral y Electoral; creciente politización de la justicia; ausencia de equilibrio en la integración del Poder Electoral; supresión fáctica de las funciones de fiscalización del parlamento al resto de los poderes; condiciones de la competencia electoral abiertamente desventajosas para la oposición; establecimiento de un sistema de medios públicos partidizado e ideologizado; presiones sobre los medios de comunicación privados; discriminaciones a los ciudadanos por razones políticas; deshumanización del liderazgo opositor; partidización e ideologización de la Fuerza Armada Nacional; criminalización de la protesta ciudadana; existencia de “colectivos armados” radicalizados; permisividad de los cuerpos de seguridad del Estado respecto de la participación de civiles armados; existencia de grupos paramilitares en las fronteras, identificados con la “revolución bolivariana” y desconocimiento de la separación y autonomía de los poderes públicos.
Por todo ello, Venezuela es hoy un sistema político autoritario, donde se privilegia el mando y se desprecia el consenso. Se concentra el poder en un hombre y se resta valor a las instituciones representativas.
En consecuencia, se reduce a la mínima expresión a la oposición y también a la autonomía de los subsistemas políticos. Pero, ¿qué clase de autoritarismo tenemos? ¿Será un autoritarismo competitivo o consolidado? ¿Tendremos una autocracia totalitaria? Lo preocupante como veremos, es que estamos viviendo una grave mutación del sistema político que acentúa el autoritarismo, camino a la autocracia totalitaria. Vivimos en consecuencia, un autoritarismo creciente. Continuaremos.

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