Pero también está el tema de que el Vaticano es un Estado, una estructura política con un presidente, príncipe o caudillo con intereses muy concretos que defender, frente o al lado de otros Estados y se debe a acuerdos, negociaciones o diálogos en los cuales “su” reino sí es de este mundo, y los Estados, como Estados, tienden a consorciarse, a menos que diferencias, o choques letales lo evitan.
Un ejemplo de esta imperturbable y fatal arrogancia, la sufren los ciudadanos y demócratas de todo el mundo, cuando, llevan sus causas a multilaterales como la ONU o la OEA, y ven cómo una mayoría de gobiernos autoritarios bloquean “por votos” sus peticiones y así la causa de las dictaduras o semidictaduras persiste y crece, como hiedra, por todo el mundo.
Sin embargo, teólogos, historiadores, formadores de opinión y comunicadores notaron, alarmados, desde que se inició el Papado de Su Santidad, Francisco I, que, en su caso, un nuevo virus, plaga, o síndrome había infestado al Vaticano, más peligroso que la burocracia y el estatismo y es, su militancia o simpatía con una ideología de izquierda, cercana al marxismo y al comunismo y que ya fue condenada por “no cristiana”, y contraria a los intereses de la Iglesia por sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI: la Teología de la Liberación.
Pero a Francisco las Encíclicas y bulas de sus antecesores, que, en términos estrictamente eclesiales deberían resultarle doctrinarios, no le dicen nada e insiste en predicar una doctrina social que condena la propiedad privada, abomina del liberalismo económico y promueve la pobreza que califica como “categoría teologal”, y que, es imposible no se desborde en una política que apoya al socialismo y los gobiernos autoritarios y dictatoriales que le son secuenciales.
Y es aquí, donde se bifurcan los caminos de la Iglesia Católica venezolana y los del Vaticano, pues, si hay una Iglesia nacional y una feligresía que estén experimentando con hambre, enfermedades y represión hasta donde pueden llevar ideas equivocadas que prohíben la propiedad privada, la economía competitiva, y el ascenso social como contrarios a las enseñanzas de Cristo, esa es la venezolana.
Hay hambre en Venezuela, y enfermedades y presos políticos, Papa Francisco, hay un paisaje humano con miles de hambrientos que hurgan en la basura día tras día para procurarse mendrugos para subsistir, y miles de enfermos que rondan por farmacias, clínicas y hospitales buscando medicinas y atención médica, y no es por el capitalismo, la propiedad y el liberalismo, sino por un Estado socialista, benefactor y dictatorial que fábrica pobres para someterlos por hambre.
Horror contra el que lucha el 99 por ciento de los prelados venezolanos, cardenales, obispos, sacerdotes y monjas, que se enfrentan sin vacilaciones y a riesgo de su salud y vida contra los abusos y atropellos de la tiranía, a la cual, el Vaticano juzga confiable y avala en diálogos que, simplemente, buscan a alargar sus días.
Cercano, en fin, a un despotismo como el de Maduro que no cesa en sus agresiones a la Iglesia, como lo demuestran los asaltos y los actos vandálicos que han arrasado templos, la destrucción de imágenes sagradas en iglesias y plazas públicas, el robo de reliquias y bienes religiosos, y los atropellos a sacerdotes que no pocas han pagado con sangre su fidelidad a las enseñanzas de Cristo y su Iglesia.
Para no ir muy lejos, hace unos meses, un diputado que recientemente ha sido elevado al cargo de ministro para la Educación Universitaria por Maduro , un señor Roa, ofendió gravemente en su dignidad, a su Eminencia, el Cardenal, Jorge Urosa Sabino, y de pasó, hirió lanzándole un micrófono en la cara a un diputado de oposición que lo defendía.
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