Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, junio 17, 2015

Escenas de un papado joven - Por PEGGY NOONAN

La audiencia general de los miércoles del papa Francisco. Zuma Press
Es la gran audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Alrededor de cuarenta mil personas, entre peregrinos y turistas, llenan la plaza hasta más allá de la fuente. Algunas despliegan banderas, muchas más tienen sombrillas para protegerse—a las 10 de la mañana—del inclemente sol romano. Chambelanes papales de frac y corbatín blancos; filas de obispos, cardenales y abades; la Guardia Suiza con sus uniformes de color amarillo, las manos enfundadas en guantes blancos sosteniendo firmemente las alabardas. La Iglesia, como siempre, sabe cómo montar un espectáculo.

Cuando Francisco sale a la plaza se escucha un clamor, hay gritos de “¡Papa!” y aplausos. Hacia el final de su vida, un enfermo Juan Pablo II lucía muy distinto al de las fotografías. Benedicto XVI parecía más alto y más dulce de lo que uno esperaba. Francisco, en cambio, es exactamente como se prevé: el gran hombre de la sonrisa, con anteojos y sotana blanca.

Se abre paso a través de la multitud en un jeep abierto; se puede saber dónde siguiendo el estruendo de la multitud.

La lectura es del Evangelio de San Marcos. Un sacerdote, el padre Roger Landry, empezó a traducir espontáneamente para nuestro grupo, y pronto otra gente acercó a escuchar. “Mi hijita se está muriendo”, un hombre le dijo a Cristo, que fue hasta ella y le dijo: “Niña, levántate “, y ella se levantó y caminó. Francisco empezó su comentario con un alegre “Bongiorno”, lo que gustó a la multitud, y luego habló sobre la enfermedad, que caracterizó como una “experiencia de la fragilidad” que puede venir como “un verdadero shock”. “En muchos lugares el hospital es un privilegio para unos pocos “, y la familia es “el hospital más cercano”, dijo. Habló del “heroísmo oculto” de los que cuidan enfermos y les recordó a estos que no están solos, que van acompañados de “besos de Dios” y pidió a todos “orar sin cesar” por los enfermos y aquellos que los cuidan.

Fue diferente a una de las audiencias semanales de Juan Pablo II. Aquellos eran verdaderamente estridentes: la gente cantaba y bailaba, gritaba y sacudía el lugar con sus coros. Con Francisco todo es sorprendentemente calmado, cálido y acogedor. Como me dijo un cardenal, cuando Francisco dice misa lo hace en italiano, no en latín; hay oraciones, pero no pierde tiempo. “No tiene lujos. Y no canta”.

Usted siente que el Papa está tratando de conservar su energía...

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