Si de algo es necesario hablar en estos días y cada vez con mayor intensidad es de La Salida. Así, conversadito, en las fiestas, con los amigos y los vecinos, en los salones de clase, alrededor de un café, un refresco y hasta, si hace mucho calor, una cerveza. Pero es urgente.
¿La salida de quién? Por supuesto que de aquellos cuyas acciones de gobierno, si es que así se puede llamar a tantos dislates, amenazan con no dejar piedra sobre piedra de nada de lo que nació,
Todo lo que servía o valía la pena sucumbe, colapsa, desaparece, mientras que los males conocidos y los nuevos van aumentando exponencialmente. Si algo gana consenso con el paso de las horas, tenga por cierto que es el deseo de alcanzar La Salida. Y uno, obviamente, está de acuerdo con eso, con trabajar afanosa, urgente y unitariamente para dejar atrás esto.
Déjeme aclararle el punto antes de que entre en erradas elucubraciones. Nuestro acuerdo es con una salida ordenada en un doble sentido: de acuerdo al orden constitucional y ordenada por el sufragio de la mayoría de los venezolanos. Hay que ir apuntando concienzudamente hacia La Salida democrática, voto a voto, antes de que Venezuela termine de convertirse en una sociedad inviable.
No creo que sea necesario repetir el largo inventario de males que nos agobian sin distingo de clases sociales, pero tal vez valga poner como ejemplo lo que está ocurriendo en las salas de emergencias de las clínicas y hospitales abarrotadas por gente buscando remedio a sus viejos y nuevos males, como la epidemia causada por el virus ayer de la Chikungunya. Allí se encuentran venezolanos de todas las edades y condiciones, acomodados en colchonetas en el suelo o en sillas improvisadas, con sus cuerpos conectados al suero del analgésico o la hidratación.
Preguntémonos cuántas clínicas se han construido en tiempos recientes en Venezuela y cuántas han desaparecido. Y lo más grave y angustiante, ¿quién va a invertir en infraestructuras hospitalarias privadas cuando las que existen ven cada vez más difíciles las posibilidades de funcionar eficientemente, sin divisas para importar medicamentos, instrumental y equipos médicos, sin poder cobrar lo que les adeuda el Estado y ante el éxodo creciente de médicos y especialistas? Ni hablar del declive de Barrio Adentro y la aniquilación del viejo sistema hospitalario.
Lo que sí crece es la población y las condiciones de insalubridad. Un futuro con ribetes catastróficos.
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