Nunca a un gobierno, por lo menos en la etapa democrática de los últimos tiempos, le había costado tanto tomar decisiones económicas. Para muchos, imprescindibles, para otros deleznables y para todo el resto, que son la mayoría de los contrarios, necesarias para sacar a flote la economía venezolana.
Las autoridades han pasado más de una década en esto, lo que deja mucho que pensar en torno a cómo se conduce o dirige un Estado. De allí que la crisis se profundice aún más, al paso del tiempo.
En estos ocho meses del año se han dejado de lado el aumento del precio de la gasolina, la devaluación lineal, el incremento de los impuestos, la reducción de la estructura burocrática, la readecuación del control de cambio, y la renovación del gabinete, por lo menos económico. No tomarlas o decidirlas, igual le caerá a la sociedad venezolana o pueblo, quien paga los errores de la política económica.
Al parecer, el temor se ha hecho cómplice de las autoridades, que parecen andar en un campo minado, debido a que no se atreven a dar los pasos, y eso será hasta que la situación sea tan espeluznante, que se tendrán que decidir a actuar.
Y esto puede suceder en el último trimestre del año. La razón es muy sencilla, para esta parte del 2014 se vencerán 7,4 millardos de dólares en capital e intereses que se deben honrar, y las finanzas públicas en divisas no están muy boyantes que se diga.
El gobierno busca desesperadamente reestructurar estos compromisos, para que el golpe al erario público, y a las reservas internacionales, no formen parte del "sacudón" anunciado.
Cada día hay preocupación en torno a los precios petroleros. Si tienen la tendencia a la baja, las alarmas no se dejan esperar, de allí que para "suavizar" esta situación se experimenta, como lo hace la hermana Argentina, restringiendo el flujo de moneda extranjera a los residentes del país, empresarios o no, debido a que las puertas de la morosidad o el default están abiertas.
Otra de las opciones que ya están aplicando, aparte de la obtención de dinero fresco, que realizan hasta con el mismo diablo, es la modificación de los cronogramas de vencimiento, mediante el recambio de bonos que se vencen a muy corto plazo, por más papeles comerciales que tienen períodos de vigencia desde este 2014 al 2017.
Ante ello, Pdvsa previó este desfase y anunció en mayo una emisión privada de bonos (Pdvsa 2024), por US$5.000 millones dirigida a la banca pública, con ventajas más atractivas que las propuestas anteriores, que fueron al público en general. El detalle es si los 12 bancos oficiales podrán con esa cantidad y si no les afecta su intermediación financiera. Total, poca gente en el gobierno sabe de ello.
Al respecto se dijo que los recursos obtenidos allí serían destinados a financiar proyectos de desarrollo social del país, cosa que poca gente cree. Por ofrecerlo internamente, para vaciar reservas de los bancos públicos, este Bono Pdvsa 2024 no tuvo necesidad de ser registrado en la Ley de Títulos Valores de EEUU, debido a que pedirían auditorías, balances administrativos y una firma consultora seria, que avalara la información y ello está como lejos de realizarse en estos momentos.
Por cierto que la malograda casa de bolsa Econoinvest, luego de ser perseguida y encarcelados sus máximos representantes por el mismo gobierno, sigue figurando como agente coordinador en la colocación de los bonos oficiales de la matriz petrolera.
Por eso dicen que el amor y el interés...
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