
El modelo económico que fraguó Hugo Chávez desde 2005 y que consistió en una ampliación casi sin límites del rol empresarial del Estado como propietario de los medios de producción, está siendo desmontado, gradual y sostenidamente. El conglomerado incuantificable de empresas estatales del área manufacturera, comercial y de servicios va a ser traspasado a grupos privados, por un Estado crónicamente deficitario y con empresas públicas que son especie de rémoras que succionan recursos fiscales que deberían dedicarse a la salud, la educación y la infraestructura.
Cuando a finales de 1991 colapsa la Unión Soviética, la falta de una institucionalidad de mercado propició que aquel aparato económico gigantesco en las áreas petrolera, químico, armamentista y gasífero, hizo posible que durante el proceso de privatización donde no había cultura de mercado, se estructurara un oligarquía muy poderosa en comandita con la clase política que tomó el poder, primero con Boris Yeltsin y luego con Vladimir Putin. En el mismo salón donde el gran líder ruso Vladimir Ilich Ulianov,. Lenin, en noviembre de 1917 lanzó aquella frase histórica “Todo el poder a los soviet”, Boris Yeltsinm Yegor Gaidar y Anatoly Cubais, comenzaron el desmantelamiento de la antigua maquinaria económica soviética.
Lo que comenzó como un proceso aparentemente bien intencionado para hacer a los rusos parcialmente propietarios de las empresas a ser privatizadas, acabó con las compañías en manos de grupos económicos que se habían formado a la sombra del poder estatal. Se configuró así un binomio entre esos empresarios en cuyo ámbito están las empresas armamentistas, petroleras y del gas, el corazón de la economía soviética y de allí a la expansión de un significativo sistema financiero.
Con el nuevo momento político que vive Venezuela, ha sido nombrada una comisión que está evaluando el sistema de empresas del Estado para proceder a su venta. No hay claridad sobre ese proceso, su alcance y las modalidades de esas transacciones. Tal vez llame la atención que el mismo Estado no tenga una contabilidad precisa de sus empresas de propiedad total o parcial ni de su valoración de mercado. Tal vez el tiempo transcurrido es poco pero llama la atención las pocas capacidades del Estado venerzolano y sobre todo la falta de información.
No hay discusión acerca del hecho que el tamaño del Estado en su papel capitalista hay que achicarlo hasta lo imprescindible y el principal motivo de la acción del Estado en la economía no es ser empresario como equivocadamente lo pensó e hizo Hugo Chávez. El tema reside en que ese proceso debe ser transparente, que se haga bien hecho, donde las empresas correctamente valoradas sean vendidas o arrendadas con opción a compra a empresarios solventes, nuevos o tradicionales, venezolanos o extranjeros, y además donde venezolanos con ahorros puedan invertir a través de la Bolsa de Valores de Caracas, en un proceso abierto, para que no se repita experiencias de privatizaciones que llevaron a la conformación de un maridaje entre la élite política en el poder y los grupos económicos que se repartieron los despojos del antiguo poder económico.
Esa alianza entre empresarios prebendarios y la clase política en el poder siempre tiene una deriva antidemocrática y ello no puede ser aceptado por los venezolanos.
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