Casi se cumplen 4 meses con Nicolás Maduro fuera del poder. Ha sido también un período de no presencia en el país de la principal figura de oposición, María Corina Machado, quien parece envuelta en una situación que le impide volver “pronto”, a pesar de que lo ha anunciado en reiteradas ocasiones

Pese a que su regreso se ha anunciado en diversos momentos, concluye el mes de abril y María Corina Machado sigue fuera de Venezuela. En las últimas semanas, dos voces calificadas han insistido en que no debe esperar más: la analista Ana Julia Jatar, quien el 22 de marzo publicó el texto “El impostergable regreso de María Corina Machado”, y el exencargado de negocios de EE.UU. para Venezuela, James Story, quien el 28 de abril declaró que “es imperativo que regrese lo antes posible” porque “la política es un deporte de contacto”.
¿Qué es lo que la detiene? La respuesta oficial suele remitir a la seguridad. Pero el historial de Machado —quien desafió al chavismo en las calles, en las primarias de 2023 y en la clandestinidad tras las elecciones de 2024— sugiere que el riesgo físico no es el factor decisivo. El cálculo parece responder más a una directriz estratégica de Washington que a una amenaza del gobierno interino en Caracas.
Y mientras ella permanece en el exterior, el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez gana tiempo para consolidar el control de instituciones clave, como ya lo hizo con la Fiscalía y ahora busca hacerlo con el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
Machado salió de Venezuela en diciembre de 2025 para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo. Su partida fue una operación que dejó en evidencia ciertas grietas en el control del chavismo, en lo que serían las semanas finales de Nicolás Maduro en el poder. Una vez en el exterior, María Corina transformó la ausencia en plataforma internacional: reuniones en la Casa Blanca, giras por la diáspora en Chile y España, y un mensaje constante de que su retorno era inminente.
Siendo premio Nobel y con el respaldo visible de la administración Trump, persisten amenazas de sectores duros del chavismo y de grupos armados irregulares sobre la líder opositora. No es un asunto ciertamente menor. Pero Machado ya había vivido en condiciones de semiclandestinidad dentro de Venezuela durante más de un año, desafiando órdenes de captura. Su salida en diciembre constituía un dilema estratégico y decidió buscar apoyo internacional cuando el régimen de Nicolás Maduro aún controlaba el aparato represivo.
Ahora, con Maduro capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026 y Delcy Rodríguez juramentada como presidenta encargada, el tablero cambió. ¿Por qué, entonces, no regresa?
Ana Julia Jatar fue clara en marzo: “En política, los vacíos se llenan. Y cuando no los ocupa la democracia, los ocupa la fuerza o la conveniencia”. Su texto advertía que la ausencia prolongada de Machado y otros líderes opositores permitía que el vacío fuera ocupado por el interinato de Rodríguez que, aunque respaldado inicialmente por Washington, mantiene raíces profundas en el chavismo.
Story, diplomático con décadas de experiencia en Venezuela, fue más directo al ser entrevistado por César Miguel Rondón: “Es imperativo que María Corina Machado regrese a Venezuela lo antes posible”. Para Story, la política no se hace a distancia; requiere presencia en el terreno para construir alianzas, presionar y evitar que el poder se concentre en manos de quienes ya controlan el Estado. Su mensaje resonó porque proviene de alguien que conoce tanto las promesas como los límites del apoyo estadounidense.
Ambos coinciden en que el tiempo corre en contra de la oposición democrática. El timing, tal como van las cosas, parece estar a favor del interinato de Delcy Rodríguez.
Inicialmente presentada como una figura de transición aceptable para Washington —que levantó las sanciones individuales sobre ella hace pocas semanas—, Rodríguez ha usado estos cuatro meses para consolidar poder interno.
El 9 de abril de 2026, la Asamblea Nacional —controlada por el chavismo— ratificó a Larry Devoe como fiscal general de la República. Su nombramiento no fue un gesto de apertura sino una mutación en el poder, otro grupo pasa a tomar el control.
Ahora, el TSJ. Rodríguez ha impulsado una “profunda reestructuración” del máximo tribunal y se activaron mecanismos para renovar hasta el 70 % de los magistrados, eliminando a figuras cercanas a la pareja Maduro-Flores. El objetivo declarado es “modernizar” el Poder Judicial; pero el real, según analistas y opositores, es colocar magistrados leales a la facción Rodríguez en las salas clave.
Tal como van las cosas, cada semana que Machado pasa en el exterior es una semana que Rodríguez usa para reconfigurar las instituciones. Sin conducción política, sin una estrategia clara de cómo hacer frente a este momento, la posibilidad de un cambio democrático parece diluirse, por más que los voceros de Washington insistan en mencionar que sigue vigente el plan de tres pasos, cuyo último capítulo, sin fecha aún por definir, comprendería una transición democrática.
El regreso de Machado no es solo simbólico. Es la única forma de reactivar la presión cívica interna, de unir a la oposición fragmentada y de exigir elecciones libres antes de que las instituciones queden completamente capturadas por la nueva configuración de poder.
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