Hoy toca recordar a Carlos Raúl Villanueva, el gran creador de esa obra maravillosa llamada Universidad Central de Venezuela. Pero para entender su grandeza, hay que situarlo en su tiempo.
Villanueva nació en Londres el 30 de mayo de 1900, en el Consulado venezolano. Este hecho curioso se debió a que su padre Carlos Antonio Villanueva, era el jefe de esa representación diplomática.
Mientras el país transitaba del siglo XIX agrario al XX petrolero, Villanueva se forma en París en los años veinte, porque cuando apenas tenía los 7 años, su familia se mudó a Francia. Y en la llamada ciudad luz, estudió en el Liceo Condorcet, primero; y luego en la Escuela de Bellas Artes, donde obtuvo el título de arquitecto. cuando la ciudad era crisol de las vanguardias artísticas y arquitectónicas.
Ese contexto europeo, marcado por el racionalismo y el movimiento moderno, moldeó su mirada. Pero Villanueva supo trasplantar esas ideas al trópico, con una sensibilidad única para integrar el espacio, la luz y el arte.
Viene a Venezuela en 1928, el mismo año de la Generación que protestó contra Gómez. Vivió como profesional la dictadura gomecista, el breve florecer democrático de 1945, la férrea modernización de Pérez Jiménez y el retorno de la democracia en 1958.
En cada etapa de su quehacer profesional, mantuvo su convicción: la arquitectura es el arte de construir el espacio para mejorar la vida de las personas. Su legado no son solo edificios, sino una filosofía.
La Ciudad Universitaria de Caracas, declarada Patrimonio de la Humanidad, es su obra cumbre. Pero también dejó huella en la Unidad Residencial El Paraíso y la Urbanización 23 de enero, ejemplos de cómo integrar funcionalidad y estética en el tejido urbano y social.
Debo confesar que la primera vez que rondé los pasillos de la Universidad Central y su majestuosa Aula Magna fue en 1969, cuando llegué a lo que hoy es su Facultad de Ciencias, aunque entonces estaba llena de estudiantes como yo, de la Escuela Técnica Luis Caballero Mejías. Aquella experiencia de maravillarme por su majestuosa obra me marcó para siempre.
Villanueva nos dejó un mensaje claro y vigente: la arquitectura trasciende lo físico; es un medio para fortalecer la identidad cultural.
La resiliencia y creatividad que él demostró son cualidades necesarias para enfrentar los desafíos actuales. Recordar su legado es una brújula para soñar con una Venezuela donde la construcción del espacio sea un acto de amor hacia nuestro país y su gente.
Texto tomado de mi Serie “Venezuela en Crónica” Libro VI

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