Siempre habrá que recordar el Terremoto del 26 de marzo de 1812 acaecido en la ciudad de Caracas, no solo como un evento natural devastador, sino como un símbolo de las crisis política y social que ha enfrentado Venezuela desde los primeros días de su nacimiento como República y a lo largo de su historia.
En aquellos días Caracas debatía el futuro de la Primera República, veía tambalear sus cimientos políticos con la pérdida de Puerto Cabello y la sombra de la guerra civil. En medio de ese clima de incertidumbre, la naturaleza descargó su sentencia a las cuatro y diez de la tarde, cuando la tierra comenzó a rugir.
En ese fatídico día, José Domingo Díaz, autor de “Historia de La Rebelión de Caracas” y testigo ocular, documentó con crudeza cómo, tras la destrucción de la Catedral de Caracas, los habitantes se agolpaban en busca de respuestas. El pánico se apoderó de la ciudad en apenas veinte segundos, los que duró el primer y más violento movimiento sísmico.
En medio de la polvareda y los gritos, la tierra parecía castigar a una ciudad que, meses antes, había declarado su independencia absoluta del imperio español. Entre aquellos que lograron mantenerse en pie estaba Simón Bolívar, quien, con su espíritu indomable, exclamó: “¡Si se opone la Naturaleza, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca!”.
Esta frase, pronunciada mientras intentaba despejar las ruinas para salvar a los heridos, adquirió un significado político inmenso. Mientras el clero y la élite realista, encabezada por el mismo José Domingo Díaz, interpretaban el sismo como un castigo divino contra la insurgencia republicana, Bolívar convertía la adversidad en un llamado a la resistencia.
El terremoto, que dejó un saldo trágico de alrededor de 12,000 muertos y redujo a escombros la casi totalidad de la arquitectura colonial, no solo fracturó la geografía caraqueña, sino que también marcó un hito en la memoria colectiva del país.
Aquel Jueves Santo, Caracas y el país fueron testigos de que ni la furia telúrica ni la furia imperial jamás doblegaron al inquebrantable libertador y su pueblo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario