
Las acciones políticas, de inteligencia y militares que los Estados Unidos de América han ejecutado sobre Venezuela, con resultados evidentes desde el pasado 3 de enero, se basan en una premisa fundamental, la cual consideramos, por ser cierta, no ha sido expuesta de manera suficientemente clara, o más bien, lo suficientemente detallada por parte de los actores y analistas involucrados en estos asuntos. Es por ello que me he propuesto introducir esta tarea en el presente artículo.
Las realidades del mundo petrolero, como fuente hasta ahora insustituible de energía, despiertan hoy en día la mayor atención debido a la necesidad de las grandes y medianas potencias económicas del mundo de atender sus requerimientos energéticos.
Estados Unidos, que sabe de la vulnerabilidad del cuadro mundial petrolero en relación con el control de los sitios de producción, los puertos de salida de los mismos y las amenazas sobre las zonas de paso de los buques comerciales, consideran que, en última instancia, Venezuela representa la mejor respuesta estratégica para asegurar las mayores reservas probadas de petróleo y gas, que a su vez constituyen el mejor sitio para controlar el abastecimiento mundial. Esto se suma al hecho de que, como gran potencia económica, Estados Unidos es también su principal productor.
Como claramente lo declaró el presidente Donald J. Trump, si sumamos las reservas de petróleo de Estados Unidos y Venezuela, se controla 68% del petróleo mundial, es decir, más de dos tercios de las reservas globales.
Con Estados Unidos y Venezuela juntos, y al acelerar la producción y distribución, no hay estrecho de Ormuz que represente una amenaza, dado que 20% del abastecimiento mundial pasa por allí. Esto debe reducirse como fuente vital. Igualmente, debe considerarse la influencia y los peligros que suponen otros estrechos, como el de Malaca en Asia Oriental, Bab el-Mandeb, el Canal de Suez y los estrechos turcos.
Formada una alianza histórica con Venezuela, y con la incorporación inicial de Colombia y Cuba, se enviará una señal de estabilidad política indispensable. Esto permitiría acabar con las economías estatistas, marxistas y criminales vinculadas a la producción y exportación de narcóticos, facilitando el movimiento de productos energéticos desde la América más segura y confiable, abriendo accesos ágiles tanto al Pacífico como al Atlántico.
Como ocurrió con el franco comienzo del ascenso histórico de los países de Europa, que antes estaban tan enfrascados en guerras intestinas, el entendimiento sobre el acero derivó luego en la constitución de un mercado común, que resultó en una Europa más segura y culminó en la formación definitiva de la Unión Europea.
La visión nítida que hoy tenemos los venezolanos debe hacernos tomar conciencia de que Venezuela puede, y está comenzando a formar parte de una estrategia sólida como socio insustituible y confiable para los Estados Unidos de América.
Por ello, mucho más que negociar entre ambos con actores de agendas ocultas o concepciones de un mundo concebido por odiadores de Estados Unidos, por religiosos extremistas o por resentidos con doctrinas obsoletas de lucha de clases, debemos llegar al convencimiento de que es a través de actores que han demostrado sus capacidades de conocimiento y ejecución en el campo de la alta gerencia, con soluciones prácticas para las necesidades e intereses reales de las naciones y sus alianzas con el sector privado, para la producción y comercialización de bienes y servicios.
Lo que se ha dado por llamar la aparición del poder tecnocrático —es decir, el poder de las tecnologías y de la era del conocimiento— que surge con el uso de la llamada inteligencia artificial, debe también reflejarse en el sentido común, con la toma de decisiones rápidas y directrices claras de nuestros aliados, junto a nosotros mismos, los que nos hemos capacitado para impulsar cambios y derribar barreras de obstrucción política en Venezuela y América.
No más barreras culturales perniciosas, para avanzar en la nueva arquitectura de una región limpia de modelos de narcoestado, del peaje terrorista que inunda con coca y con sus acciones criminales de inseguridad y de temores, que afectan al ambiente económico de la región y lo hacen favorable a su gangsterismo.
En investigaciones realizadas hace treinta años, en el Instituto de Estudios Superiores de Administración, reflejamos y reforzamos dos conceptos que muchas veces se han empleado de manera errónea e indistintamente: a) necesidad no es igual a demanda, b) costo no es igual a valor ni a precio.
La vital importancia de la oportunidad que se ha abierto con la captura del secuestrador de una nación desde una presidencia usurpada, mediante la asesina represión del narcoterrorismo de Estado en Venezuela, Nicolás Maduro, debe hacernos entender lo valioso de dicha oportunidad, a la que hoy no le fijamos precio. Se trata de un asunto mucho más complejo que la suerte de nuestra nación de más de treinta millones de ciudadanos, de los cuales más de 8 millones se encuentran en exilio.
En Venezuela existen, como bien sabe el presidente Trump, innumerables necesidades insatisfechas, y sabemos que ya ha girado instrucciones para cambiar el sistema económico estatista y de pagos miserables a los empleados y pensionados, quienes, con tales montos, no pueden demandar bienes o servicios sin pasar literalmente hambre. El uso del beneficio del ingreso petrolero en una relación ganar-ganar para impulsar inversiones y una rápida expansión económica es muy acertado.
Muchos de los que salimos del país para proteger nuestras vidas y libertades ciudadanas no podemos regresar ni ser expulsados de manera violatoria del debido proceso y de las oportunidades de reparación de nuestras vidas, como lo establecen los convenios internacionales y las propias leyes de Estados Unidos. Eso debe corregirse de inmediato.
Estamos ante un nuevo tablero mundial que se está definiendo a consecuencia de las audaces decisiones de la administración del 47º presidente de los Estados Unidos de América, y estas deben interpretarse y calibrarse correctamente. Debemos acompañarle con espíritu de lealtad y justicia ante el impostergable mandato de unión y progreso, que en primer lugar para Estados Unidos y, en consecuencia, para toda América, desde Alaska hasta la Patagonia, fue abrumadoramente respaldado por el presidente Trump. Esto será llevado al escrutinio en las elecciones de medio término de noviembre, que se acerca rápidamente, por lo que es necesario rectificar lo que sea necesario.
Los Estados Unidos de América y Venezuela podrán mostrar al mundo su inquebrantable decisión de alcanzar lo que nunca antes se ha logrado en términos de progreso económico, social y político en América, como aliados fundamentales. Esto será, por tanto, para el beneficio de nuestro Hemisferio Occidental.
La estabilidad de Venezuela fortalecerá la posibilidad de nuevos entendimientos y fórmulas de equilibrio mundial con el Oriente. A partir de una América integrada y fortalecida, se establecerá el marco necesario para el intercambio económico-comercial, tecnológico, en salud y para un mejor aprovechamiento de los recursos del planeta.
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@gonzalezdelcas
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