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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, febrero 20, 2026

Hacia una nueva arquitectura republicana: El fin de la era de los caudillos Por: Joaquín Chaparro Oliveros


El mensaje que resuena en liderazgos comprometidos con la libertad raya en una verdad a veces olvidada: la libertad no es una concesión del Estado, sino un derecho natural que nos pertenece.

Para Venezuela, esta premisa debe ser el motor de una ruptura definitiva con el pasado. El futuro de nuestra nación no puede seguir empeñado en bolsas de comida o bonos de miseria; el bienestar real nace de la capacidad de cada venezolano para prosperar mediante su propio esfuerzo en un sistema justo de oportunidades.

El fin de la era de los caudillos

Debemos jubilar la era de los caudillos —nacionales, regionales o municipales—; esos rostros que solo aparecen en campaña para simular una empatía que desaparece apenas se cierran las urnas electorales, dando paso al olvido del sufrimiento ciudadano. La fuerza de un país no reside en un "hombre fuerte" o un "iluminado", sino en leyes sólidas que protejan al ciudadano común del abuso del poder.

Los líderes que se pretenden indispensables terminan siempre desconociendo el estado de derecho y asfixiando al hombre libre. La verdadera protección es la norma, no el caudillo.

Superaremos el anacronismo y el control social

Venezuela se encuentra atrapada en una paradoja dolorosa: mientras el mundo avanza, nuestra nación parece anclada en el siglo XIX. Esta regresión no es accidental, sino una política de Estado deliberada bajo el manto del socialismo para perpetuarse en el poder. Al destruir la infraestructura básica y dejar al país sin servicios esenciales, el sistema busca reducir al ciudadano a un estado de supervivencia primitiva.

Un pueblo que agota sus horas buscando agua o esperando salir de un apagón tiene menos energía para organizar la resistencia; es, en esencia, la feudalización de la política para reinar sobre las carencias.

La ausencia de servicios públicos eficientes es el síntoma de un modelo que ha decidido dejar de funcionar para el soberano. Recuperar la democracia implica reconstruir una modernidad donde el Estado sea un facilitador de progreso y no un obstáculo que somete a la población mediante el colapso inducido (Anomia).

Ciudadanía y retorno

El sacrificio de estas décadas solo tendrá sentido si entendemos que una democracia es tan fuerte como lo sean sus ciudadanos. Con demócratas débiles, el peligro del autoritarismo siempre estará al acecho. La libertad, una vez recuperada, debe ser defendida con un celo implacable: instituciones rígidas y ciudadanos vigilantes.

Asimismo, la crisis migratoria es la herida más profunda de nuestra tierra. No podemos resignarnos a ser una nación en el exilio. Es imperativo construir las condiciones políticas y económicas que permitan el regreso de nuestros hijos, hijas y hermanos; una patria sin su gente es una patria incompleta. El retorno de los venezolanos será el único indicador real del éxito de cualquier transición.

Conclusión

Venezuela no solo necesita un cambio de gobierno; requiere una restauración profunda de su arquitectura republicana y estructural. Un nuevo contrato donde el ciudadano —y no el Estado ni el partido— sea el único y verdadero soberano.

DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano.&

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