
Donald Trump montó un mecanismo económico y diplomático que le permite controlar a la dictadura de Venezuela desde la Casa Blanca y avanzar en su plan de tumbar al régimen cubano que lidera Miguel Díaz-Canel en La Habana.
Por Infobae
La decisiones geopolíticas de Trump son ejecutadas por Marco Rubio -secretario de Estados- que tiene línea directa con Delcy Rodríguez, sucesora del dictador Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores.
A su vez, Rubio dialoga con María Corina Machado -líder de la oposición venezolana- para evitar fricciones políticas internas en Venezuela que compliquen la hoja de ruta de Trump, mientras que Rodríguez explica a Diosdado Cabello y Vladimir Padrino -jefes del aparato represivo- que la supervivencia depende de la tolerancia del presidente de Estados Unidos.
La ofensiva de la administración republicana impacta en la estabilidad de la dictadura cubana que regentea Díaz-Canel. Para el régimen comunista es esencial el petróleo de Venezuela, y en la actual coyuntura geopolítica Rodríguez, Cabello y Padrino optaron por su propio pellejo.


El plan de Trump para controlar a la dictadura de Venezuela se asienta en las gestiones públicas y reservadas de Marco Rubio, la Secretaría del Tesoro, la secretaría de Energía, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani -emir de Qatar- y las empresas petroleras Trafigura y Vitol.
Las finanzas de la dictadura venezolana están exhaustas y Rodríguez acordó con Rubio que todos los meses entregará al secretario de Estado un presupuesto para sostener al regimen caribeño.
Rubio analizará las partidas a conceder y presentará los números generales a Trump, quien decidirá en última instancia. Con la autorización del presidente de Estados Unidos, se girará el aporte financiero al Palacio de Miraflores.
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