“Entrarán pero no saldrán vivos”, ha dicho Maduro / Foto: nicolasmaduro.org
Por enésima vez Nicolás Maduro denuncia un supuesto plan de Washington que involucra a Colombia para desestabilizar e intervenir militarmente en Venezuela. Secundado por Diosdado Cabello, segundo hombre del régimen, repite las mismas fanfarronadas que en su ocasión profiriera el dictador iraquí Saddam Hussein. Los dos prometen la madre de todas las batallas que ellos nunca van a dar, porque la suya es una “revolución” hecha a punta de dólares, no de balas.
Pocas semanas antes del inicio de la Primera Guerra del Golfo (operación Tormenta del Desierto) en 1991, Saddam Hussein prometió que de ser atacado Irak (el año anterior su ejército había invadido Kuwait) se desencadenaría “la madre de todas las batallas”. En realidad, la promesa era una amenaza, que para los observadores internacionales no dejaba de tener cierta credibilidad. Después de todo Irak por esa época venía de librar ocho años de guerra con Irán, lo que le había servido para armar y entrenar al cuarto ejército más numeroso del planeta, y en 1981 había avanzado mucho en desarrollar su potencial nuclear hasta que un bombardeo de la aviación israelí desbarató el proyecto ese año.
De modo que las bravatas y amenazas de Hussein tenían cierto asidero en la realidad. No obstante, la coalición internacional encabezada por los Estados Unidos expulsó en cuestión de días a sus fuerzas de Kuwait, y si no avanzó hasta Bagdad y lo desalojó del poder fue porque el entonces presidente George Bush (senior) no lo quiso, pese a la opinión contraria de su aliada, la primera ministra británica Margaret Thatcher.
En los últimos días tanto el presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro, como el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, como respuesta a una supuesta intervención militar en Venezuela, vienen repitiendo la misma retórica, los mismos desplantes y bravatas que el mundo le conoció a Saddam Hussein en vida
Impotente ante la aplastante superioridad occidental, Hussein pagaría su frustración gaseando con armas químicas a la población kurda del norte de Irak. En los siguientes 12 años el presidente iraquí repitió las mismas amenazas, hizo los mismos desplantes y desafió a las grandes potencias. Ya sabemos cómo terminó aquello. En la Segunda Guerra del Golfo su ejército fue derrotado y destruido en muy pocas semanas y él fue derrocado y ejecutado. En beneficio de la verdad, a Hussein hay que reconocerle que no dejó de proferir sus desplantes cuando se le estaba colocando la soga al cuello para ejecutarlo.
En los últimos días tanto el presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro, como el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Diosdado Cabello, como respuesta a una supuesta intervención militar en Venezuela, vienen repitiendo la misma retórica, los mismos desplantes y bravatas que el mundo le conoció a Saddam Hussein en vida. “Entrarán pero no saldrán vivos”, ha dicho Maduro.
Por su parte Cabello afirma que: “Todo aquel que, siendo venezolano, haya solicitado intervención militar, invasión, golpe de Estado, llamados a bloqueos; en caso de que ocurra algo en Venezuela, debe ser tratado como enemigo de la Patria”. “Quien pida intervención en Venezuela se tratará como enemigo”.
Esto es curioso, puesto que los únicos gobiernos con capacidad para hacer eso, Estados Unidos, Brasil y Colombia (los dos últimos con las fronteras terrestres más extensas con Venezuela), han venido insistiendo en los últimos meses que no tienen interés, planes ni propósitos de usar la fuerza militar para desalojar del poder al régimen chavista.
Sin embargo, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello vuelven a apelar a la retórica guerrerista del cerco como si una invasión fuera inminente y ellos pudieran hacer realidad el sueño del Che Guevara de convertir a Venezuela en un nuevo Vietnam.
Pero ni Maduro es Hồ Chí Minh ni Diosdado Cabello es el general Võ Nguyên Giáp, el mítico estratega vietnamita que le infligió la única derrota militar a Estados Unidos en toda su historia.
Muy por el contrario, Maduro no ha visto, y mucho menos dirigido, una operación militar en su vida. Ni siquiera hizo de guerrillero en los años que militó en la Liga Socialista, una organización de extrema izquierda venezolana.
El video de principios del año pasado donde se le ve ofreciendo repartir armas en los barrios para defender a Venezuela de otra imaginaria invasión causa hilaridad y pena. Maduro luce allí como un sujeto desprolijo más pendiente de jugar con el arma para las cámaras que de dar una imagen marcial o heroica. Luego de verlo es fácil comprender por qué en el Pentágono no se lo toman en serio.
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