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domingo, agosto 23, 2026

La frontera no les importa: el diagnóstico que pone en duda la voluntad de Venezuela y Colombia para recuperar la paz en el Arauca



“A ninguno de los tres actores claves de Venezuela le importa ni la frontera, ni el narcotráfico, ni la paz de acá”. La afirmación de Carlos Franco, durante el conversatorio “La paz en el Arauca”, organizado por Dossier Venezuela y Analítica, resumió uno de los diagnósticos más incómodos del encuentro: mientras la frontera continúa marcada por la presencia de grupos armados, economías ilegales y ausencia estatal, las prioridades políticas de Bogotá y Caracas parecen estar lejos de atender de manera estructural esta realidad.

Franco, consultor y conocedor de la realidad del Arauca, advirtió que Colombia y Venezuela deben partir del reconocimiento de su interdependencia y complementariedad para reconstruir una relación fronteriza basada en principios de legalidad, paz, no violencia, democracia y respeto mutuo. A su juicio, no basta con decisiones coyunturales de los gobiernos: ambos países necesitan establecer mecanismos de coordinación y propósitos comunes que permitan desarrollar una política fronteriza sostenida en el tiempo.

El planteamiento adquirió especial relevancia en una conversación que mostró cómo la frontera dejó de ser un espacio periférico para convertirse en un territorio donde confluyen el abandono estatal, el control territorial de grupos armados y una economía paralela que ha terminado condicionando la vida de las comunidades.

Javier Tarazona, profesor universitario y director de Fundaredes, describió la frontera como una “tierra de nadie”, caracterizada por el abandono de los servicios públicos, la educación, la salud y los productores agropecuarios. En ese vacío, explicó, las organizaciones armadas han construido referentes de poder y una economía paralela que incluso ha logrado atraer y reclutar a jóvenes.

Tarazona insistió en que el problema no puede reducirse a la presencia de grupos irregulares. Para él, la ausencia de políticas públicas ha llevado a que los Estados atiendan los síntomas, pero no las causas de la crisis fronteriza. De allí su llamado a reconocer la realidad transfronteriza, abandonar la negación y colocar al ser humano y la dignidad de las comunidades en el centro de cualquier estrategia.

Desde la perspectiva colombiana, Franco señaló que el país nunca ha desarrollado una verdadera política de fronteras que combine seguridad, control territorial y desarrollo. A esto se suma, explicó, la transformación de las dinámicas de los grupos armados, el narcotráfico, el contrabando, la corrupción y la utilización del territorio venezolano como retaguardia.

Ante este escenario, los panelistas coincidieron en que la recuperación de la frontera exige mucho más que operaciones militares o policiales. Franco planteó tres líneas de acción: un acuerdo entre los dos gobiernos sobre los principios, mecanismos de coordinación y propósitos de la relación fronteriza; una estrategia conjunta para desmontar las estructuras criminales; y la identificación de proyectos compartidos que permitan cambiar la percepción y las condiciones de vida de las poblaciones fronterizas.

Francisco Santos, exvicepresidente de Colombia y moderador del encuentro junto a Emilio Figueredo, llevó esa idea un paso más allá al plantear que Venezuela y Colombia podrían coordinar políticas de seguridad y avanzar hacia proyectos de gran escala que conviertan la frontera en un espacio de integración. Señaló, incluso, la posibilidad de una coordinación que permita perseguir a grupos criminales que crucen de un territorio a otro bajo acuerdos entre ambos Estados.

Entre las propuestas fue mencionado también un proyecto de enorme dimensión: conectar el río Meta con el Orinoco para convertir esa vía fluvial en un corredor de exportación para los productos de la altillanura colombiana hacia el Atlántico. Santos y Franco lo presentaron como un ejemplo del tipo de proyectos binacionales que podrían transformar la relación entre ambos países y ofrecer alternativas económicas frente a actividades ilegales como la explotación del oro en el Orinoco.

El conversatorio dejó así una conclusión que atraviesa buena parte de la discusión: la paz en Arauca no puede construirse únicamente desde el Arauca, ni la seguridad de Venezuela y Colombia puede abordarse de manera aislada. La frontera es un espacio compartido y, por tanto, exige respuestas coordinadas, políticas de Estado y proyectos que trasciendan los cambios de gobierno.

Te invitamos a ver el conversatorio completo nuestro canal de YouTube Analítica TV y conocer las propuestas y reflexiones de Carlos Franco, Javier Tarazona y Francisco Santos sobre uno de los desafíos más complejos que enfrentan Venezuela y Colombia: Su frontera 

https://www.analitica.com/

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