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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

sábado, diciembre 22, 2018

El poder militar y la sumisión al chavismo Por: Valeria Pedicini (Video)

El teniente coronel Hugo Chávez Frías ganó la Presidencia el 6 de diciembre de 1998 mientras las Fuerzas Armadas se caracterizaban por ser disciplinadas y democráticas, a pesar de las fisuras. El líder de la revolución bolivariana modificó las leyes a su antojo para controlar la institución militar y debilitarlas desde la raíz. 20 años después, de los otrora valores castrenses no queda ni la sombra.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

Hugo Chávez señaló a alguien entre la multitud que lo escuchaba con fervor en el Teatro Municipal de Caracas durante una alocución presidencial. “Allá hay un soldado, un vergatario con boina roja, míralo”, dijo y la gente movió la cabeza de un lado a otro para saber quién acaparaba la atención. El mandatario le pidió que atravesara la sala y subiera a la tarima, mientras el público vitoreaba la cortesía. El objeto de las miradas llevaba uniforme verde oliva, botas negras y un gorro escarlata en la coronilla. Se abrazó con el comandante y soltó frente al micrófono: “Así, así, así es que se gobierna”. Todos aplaudieron y Chávez lanzó: “¡Bravo! ¡Vivan los niños!”. El chiquillo camuflado de combatiente tenía cuatro años. Un niño militar.


La escena se repite en la cotidianidad venezolana como un patrón. Pequeños disfrazados de soldados en los carnavales o niños que asisten a los desfiles de fechas patrias con traje verde, imitando al Chávez teniente. Efectivos de la Fuerza Armada Nacional abarrotan las calles sin justificación, controlan las colas en los supermercados, resguardan estaciones de servicio de gasolina y requisan las alcabalas en las vías. Los soldados son ministros, gobernadores, empresarios. En cualquier lugar, a cualquier hora, los castrenses son el día a día. Uno de los tantos legados del comandante.

En picada

Los militares siempre han sido figuras fundamentales en el juego político venezolano, moviéndose estratégicamente en el tablero para modificar la dirección de la nación en golpes de Estado o en instauraciones democráticas. Pero hubo un antes y un después de la llegada de Chávez al poder tras ganar las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998.

Antes de la revolución bolivariana, la institución se centraba en la profesionalización, siempre con despolitización, además de estar sometidas a diversos controles y tener una elevada capacitación técnica. “Se buscaba el control civil sobre las fuerzas militares. Aunque no fue del todo exitoso, debido a que persistió una influencia política sobre el sector militar, se produjeron avances importantes en la separación entre los ámbitos militares y civiles” se explica en el libro Fuerza Armada, Estado y sociedad civil en Venezuela de Francine Jácome.

Las dos intentonas golpistas de 1992 prendieron las alarmas. Además de fracturar las Fuerzas Armadas, avisaron que los uniformados querían más protagonismo en las decisiones del futuro del país. Esa llama, con la chispa del sentimiento antipartidista y el descontento social, despertó el deseo de elegir a un líder vinculado al militarismo, una oportunidad de oro para que la bota militar resurgiera en el poder.

Un joven Chávez apareció frente a las pantallas de televisión, asumió la responsabilidad del alzamiento militar fallido contra Carlos Andrés Pérez y pronunció un “por ahora” como la promesa de que volvería. Y llegó el día, seis años después: se quitó el uniforme militar para competir por la silla del Palacio de Miraflores como un civil y, sin experiencia política, la ganó con el 56,20% de los votos. El teniente coronel pasó a ser, a partir del 2 de febrero de 1999, Comandante en Jefe, como justo antes lo fue Rafael Caldera.

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