Seguidoras del exmilitar, durante una marcha proselitista en Río de Janeiro Fuente: Reuters - Crédito: Sergio Moraes
El ultraderechista, favorito para las elecciones del domingo, contactó con ese objetivo a diversos mandatarios de la región
Sin esperar a que las urnas lo confirmen en el ballottage del domingo como el próximo presidente de Brasil, el candidato presidencial ultraderechista Jair Bolsonaro, el gran favorito para los comicios, avanza en el diseño de su eventual política exterior y, en los últimos días, ya estableció contacto directo con varios líderes regionales de centroderecha con el objetivo de llevar adelante una "alianza liberal y conservadora" en América Latina.
El aspirante del Partido Social Liberal (PSL) ya había intentado organizar en julio una "cumbre conservadora de las Américas" en Foz de Iguazú, pero la iniciativa para debatir sobre política, economía, seguridad y cultura se frustró por la falta de apoyo de políticos de alto nivel invitados de la Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, así como de opositores de Cuba y Venezuela. Entonces, pocos veían a Bolsonaro con fuertes chances de llegar a la presidencia, y desde la campaña del polémico exmilitar y diputado se decidió postergar el encuentro hasta el 8 de diciembre, aún por confirmar.
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Ahora que ya está prácticamente con un pie en el Palacio del Planalto, Bolsonaro inició la semana pasada una serie de conversaciones con sus futuros colegas. El primero al que llamó, el martes último, fue al presidente argentino, Mauricio Macri. En un breve pero cordial diálogo por Facetime, ambos se comprometieron a mantener la "relación estratégica" entre Brasil y la Argentina, principales socios del Mercosur. Pocos días antes, en una conferencia de prensa, Bolsonaro había indicado a la nacion que no tiene pensado abandonar el bloque comercial, pero destacó que había sido desfigurado por los gobiernos de Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), por lo que su idea era despojarlo de sesgos ideológicos y buscar hacerlo más eficiente.
El sábado último, el candidato presidencial brasileño también se comunicó con el presidente paraguayo, Mario Abdo Benítez, a quien le expresó su deseo de fortalecer las relaciones entre Brasil y Paraguay. Al igual que Bolsonaro, Abdo Benítez tiene un pasado como paracaidista militar. Entre tanto, el brasileño recibió la visita en su casa de Río de Janeiro de los senadores chilenos Jacqueline van Rysselberghe y José Durana, de la derechista Unión Democrática Independiente (UDI), socia del gobierno del presidente Sebastián Piñera. El propio Piñera ya había hecho declaraciones públicas en España en las que elogiaba las propuestas neoliberales defendidas por el gurú económico de Bolsonaro, Paulo Guedes, quien, tras formarse en la Universidad de Chicago, fue profesor en la Universidad de Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet. Según fuentes de la campaña, se espera que en los próximos días Bolsonaro converse con Piñera y también con el presidente de Colombia, Iván Duque.
Pese al compromiso expresado por Bolsonaro de no retirar a Brasil del Mercosur, el bloque regional no tiene ninguna mención en el plan de gobierno oficial del candidato, que solo apunta a una reforma en el funcionamiento del Ministerio de Relaciones Exteriores y, en términos generales, a profundizar la integración con los países latinoamericanos "que estén libres de dictaduras". En sus actos de campaña, Bolsonaro, en cambio, sí ha destacado que pretende forjar un alineamiento más firme con los Estados Unidos de Donald Trump -a quien admira- y se ha referido a intensificar la colaboración y el comercio con Israel (existe la idea de imitar a Trump y transferir la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén), Corea del Sur e Italia (ya ha intercambiado mensajes vía redes sociales con el viceprimer ministro italiano, el ultraderechista Matteo Salvini).
Mientras un equipo de aliados de Bolsonaro en Brasilia ya comenzó a diagramar los lineamientos de la política exterior de la nueva administración, el candidato evalúa algunos nombres de quién tomaría las riendas del Palacio de Itamaraty. Todavía no se decide si se tratará de una designación política o de un diplomático de carrera.
Entre las opciones "políticas", suena mucho la senadora Ana Amélia Lemos, del Partido Progresista, excompañera de fórmula del candidato presidencial socialdemócrata Geraldo Alckmin. Actual titular de la Comisión de Relaciones Exteriores en el Senado y conocida por su línea dura ante la criminalidad, Lemos se rehusó a grabar spots contra Bolsonaro durante la campaña y, luego de la primera vuelta, declaró de inmediato su respaldo al aspirante del PSL. De ser elegida, sería la primera mujer canciller en la historia de Brasil.
Otro nombre político que se baraja es el del empresario Luiz Philippe de Orléans e Bragança, diputado electo por el PSL y heredero de la familia real brasileña que llegó a su fin con la proclamación de la república, en 1889. El Príncipe, como lo llaman, ya ha adoptado una postura más crítica hacia el Mercosur; quiere revisar la estructura del bloque e impulsa la firma de acuerdos de libre comercio bilaterales, como el que acaba de terminar de negociar Brasil con Chile.
Entre las alternativas diplomáticas, uno de los favoritos para ser canciller sería el embajador Ernesto Fraga Araújo, actual director del Departamento de Estados Unidos y Canadá en Itamaraty, un firme defensor de Bolsonaro e impulsor de una "relación carnal" entre Brasilia y Washington.
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Al igual que otros Estados del mundo, Brasil se está enfrentando a una amenaza de la extrema derecha: una tormenta de conservadurismo populista. Nuestro nuevo fenómeno político, Jair Bolsonaro, el candidato favorito para ganar la elección presidencial del domingo, es un capitán retirado del Ejército brasileño que admira a Donald Trump, pero que en realidad se parece más a Rodrigo Duterte, el líder autócrata de Filipinas. Bolsonaro apoya la venta irrestricta de armas de fuego, propone que haya una presunción de defensa propia si un policía mata a un “sospechoso” y declara que un hijo muerto es preferible a uno homosexual.
ResponderBorrarBrasil, la cuarta democracia más grande del mundo, está lejos de tener una democracia sólida. Hay fuerzas oscuras, tanto en el interior como en el exterior, que nos están haciendo retroceder y hundirnos.
ResponderBorrarLa vida política del país ha estado en decadencia desde hace tiempo: primero, una recesión económica; después, una serie de manifestaciones en 2013; más tarde, la destitución de la entonces presidenta Dilma Rousseff en 2016 y, finalmente, un escándalo de corrupción enorme que llevó a muchos políticos, incluyendo a Lula da Silva, a prisión. Los partidos de Cardoso y Lula quedaron gravemente afectados y la extrema derecha vio una oportunidad.
Aquiles Esté, especialista en mercadeo electoral, analiza las presidenciales brasileñas y sostiene que Bolsonaro podría reformar la economía, combatir la criminalidad y demostrar que se puede crear un modelo de apertura económica con libertades civiles gracias a su gran respaldo popular. Pero podría arruinar su oportunidad.
ResponderBorrarLa periodista Carol Pires hace un completo recuento de la campaña y los peligros que el aspirante de ultraderecha entraña para la democracia de Brasil; además, explica las estrategias que Haddad debió utilizar para convertirse en un candidato de todos los brasileños y quitarse de encima la sombra de Lula da Silva y los escándalos de corrupción del Partido de los Trabajadores.
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