Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, enero 31, 2018

Dámaso Jiménez: Hiperinflación y costo de salida

La hiperinflación en Venezuela es un carro bomba que explota en cámara lenta. Terrorismo urbano.

Los precios aumentan súbitamente de media mañana para el mediodía con una violencia descarnada. Un círculo vicioso que destruye patrimonios, borra de tu cara toda la normalidad que puedas disimular, te empuja al abismo del hambre y la desesperación en cada niño demacrado pidiendo en la próxima esquina, o en la camada de desempleados o indigentes hurgando de la basura. Nadie te salva, ni porque pases por un lado de la cruel postal con la única bolsa de pan que puedes llevarte a tu casa a un precio superior a lo que te costó tu vehículo.

Cada detalle de la vida se va haciendo impagable, las esquirlas de los precios queman en carne viva, la angustia corroe la garganta y la esperanza se paraliza cuando los billetes de 100, 500 y 100 mil bolívares terminan convertidos en mercancía que ya no encuentras en los bancos, sino entre mafias del mercado del lavado y del contrabando que te cobra el doble, a sabiendas que la moneda patria es un papelito sin valor que solo sirve para la propina que pagamos los venezolanos por la gasolina, o para pagar la merienda escolar de nuestros hijos que cambia de precio entre un timbre y otro.

Lo único que baja es el poder adquisitivo del salario, la fuerza de trabajo productiva. Es el cruce de 2 caminos: o la gente trabaja por nada o decide huir desesperadamente sin planificación alguna. ¿Qué perdimos? La confianza. ¿Quiénes? Primero la mayoría de los ciudadanos comunes, después los comercios que al no poder reponer la mercancía se ven obligados a cerrar sus “santamarías”. En países con historias similares la banca sucumbe y por lo general los gobiernos tampoco logran salvarse ante el reclamo de la gente que históricamente permanece unida contra los políticos responsables de la tragedia.

Con conocimiento de causa el gobierno procura adelantar las elecciones porque el tiempo juega en su contra.

La depresión y desesperación de la gente entró en estado de ebullición, la hiperinflación se agudiza y el gobierno prevé que un triunfo manipulado le podría dar la solvencia suficiente y necesaria para reprimir el hambre y perseguir la disidencia enemiga, como ocurrió en 2017 en la guerra de los 4 meses previos a la bomba atómica constituyente.

Maduro se muestra distante a la tragedia. Lo vital para el gobierno es sostener su premisa de que la revolución y el gobierno no son los responsables de las carencias del país. Pero como dice el diputado y economista José Guerra, “Maduro llevó la economía a los brazos del mercado paralelo en un ejercicio de irresponsabilidad e impericia del manejo de la economía.”

Su principal apóstol, el Jesucristo de la economía marxista, Alfredo Serrano Mancilla, la cuota del Podemos español en la hecatombre financiera, mantuvo impávida su posición de que la hiperinflación en Venezuela es consecuencia de las sanciones internacionales contra los corruptos y no de la irresponsable emisión monetaria del modelo populista.

Esta semana en un artículo titulado “Domando hiperinflación: una perspectiva de un escéptico del monetarismo”, publicado en el website Caracas Chronicles y escrito por el experto Richard Vague, socio gerente de Gabriel Investments, presidente de The Governor’s Woods Foundation, y autor de The Next Economic Disaste, se desmiente a Serrano Mancilla explicando por qué el fenómeno hiperinflacionario venezolano sí fue causado por la impresión excesiva de dinero.

Vague señala que cuando hay un gran déficit recurrente y existe la incapacidad de obtener financiación a través de un tercero, los países recurren a una de dos cosas: Lo primero es vender deuda a su propio banco central, que ese banco central paga dándole moneda fiduciaria o haciendo un crédito fiduciario a la cuenta del gobierno que puede utilizarla para hacer pagos. Ambos son en efecto la creación o “impresión” de dinero nuevo. Lo segundo es simplemente imprimir más billetes, emisión que no está respaldada por cosas como oro, reservas o deudas. Dinero de la nada.

“Cuando un país recurre a esta estrategia, el valor de su moneda cae en picada en relación con las monedas externas como el dólar. Cuando esto sucede las personas e instituciones que mantienen su moneda se esfuerzan por tratar de vender la moneda a cambio de oro de una divisa externa más estable antes de que el valor de esa moneda siga cayendo. Esta venta masiva solo debilita aún más la moneda, creando una rápida espiral descendente mientras los precios pueden literalmente aumentar exponencialmente. En Alemania, a principios de la década de 1920, los precios aumentaron en diez a la potencia de quince. Una gran parte de la inflación proviene no solo del gran aumento en la moneda sino del hecho de que, con una moneda depreciada, el precio de los bienes importados se dispara. (Las importaciones son a menudo un factor importante en la inflación regular también).”

Leer mas: http://biendateao.com/damaso-jimenez-hiperinflacion-y-costo-de-salida/

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