En Venezuela —dice Carlos Salamanca—, un civil es alguien que no porta arma al cinto y no viste uniforme militar o policial. Lo civil en Venezuela por lo general ha estado de- nido por su oposición con lo militar y, más aún, con la diferenciación entre el hombre común, el llamado "ciudadano de civil", y el funcionario militar o policial.
Originalmente, en el caso venezolano, la sociedad civil nace encarnada en los partidos políticos modernos; como su vanguardia; a partir de 1936 a la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, pues son esas organizaciones civiles las encargadas de combatir la obsoleta dictadura representada en los viejos caudillos militares y sus herederos, quienes controlaban, por la vía de la fuerza todos los espacios públicos. Salamanca afirma que la aparición del vocablo civil en lengua española ocurrió en 1726, en el llamado Diccionario de Autoridades, elaborado por la Real Academia Española, y fue recibido, según Borja (1997;115), con tres significaciones: a) lo que toca y pertenece al gobierno de ciudad y de sus moradores y ciudadanos; b) en el estilo forense es todo aquello que principal y accesoriamente pertenece a la justicia en orden e intereses particulares, como de hacienda jurisdicción o privilegio, o costas y daños, y c) en su recto significado vale sociable, urbano, cortes, político y de prendas propios de ciudadano. Y continúa: "…
"…más contemporáneamente, lo civil puede entenderse en cinco sentidos diferentes mas no excluyentes: como deber del ciudadano de respetar las leyes del Estado; como opuesto a lo militar enfatizando la no violencia dentro del orden político; como lo contrario de incivil o incivilizado; referido a lo público, a lo observable por los demás; como la búsqueda de cambios que afectan la libertad no de una persona o grupo, sino las libertades de todos los ciudadanos (Bay, 1968; 473-474) y, por último, como los actos ejecutados por un Estado distinguiéndolos de los actos militares, eclesiásticos y administrativos( Malem Sena, 1988,59-60-ob.cit, 123)".
Ciudadanía y democracia
Nacer en un país libre regido por los principios democráticos conquistados en larga y duras jornadas históricas por los ciudadanos de este país, constituye una fortuna de la que hoy debemos sentirnos orgullosos. La libertad y la sociedad abierta es lo más consustancial con el deseo humano primario de convivencia, consenso, consentimiento y posibilidad de ser. De allí que cualquier otro modelo de vida que pretenda bajo la coerción y la fuerza, imponer gustos, preferencias o estándares igualitarios de vida, además de odioso y contra natura, está condenado al más absoluto fracaso.
Con el triunfo del individualismo y la globalización, el ser humano es cada día más libre, más tolerante y más pluralista. Por eso necesita la democracia. El sistema de convivencia civilizado más maravilloso que ha inventado el ser humano. Donde las expectativas no se cansan de crecer y los sueños solo terminan con la muerte. Donde no estamos obligados a obedecer ni el atención ni el firme, ni siquiera en tiempos de guerra.
Lo militar y lo mivil
En el caso de la institución militar y de los hombres y mujeres formados para cumplir tareas específicas concernientes a la visión y misión del cuerpo castrense, su gerencia, su accionar, su funcionamiento, su forma de ser y percibir al mundo y a los otros, está en total contradicción con la gerencia, el accionar, el funcionamiento, la forma de ser y percibir al mundo y a los otros, de un ciudadano en el pleno ejercicio de sus derechos y deberes civiles. Esto en razón de que existen diferencias sustanciales entre el mando militar y la gerencia civil.
Ellos, los militares, funcionan como sociedad cerrada, nosotros como sociedad abierta. La gerencia militar es vertical, nosotros demócratas, trabajamos con ingenio para que sea cada día más que hay que persuadir fraternalmente para consensuar.
Por ello no puede hablarse de unión cívico militar. Nada tiene que ver un mundo con el otro, más que lo que aportan ambos sectores juntos y por separado a la sociedad como un todo. Esa alianza solo funciona en dictaduras como la cubana o en las que ahora yacen para el recuerdo y que arrasó la primavera árabe. No puede haber alianzas con quienes tienen el control de las armas de la república, y quienes todo pretenden resolverlo a la fuerza. La herencia militar en la administración del país nos deja un pobre legado, si no pregunten por los resultados en el manejo de la economía, en la administración de justicia y la seguridad, en la administración de las finanzas y en la mayoría de las gobernaciones capaz de superar en armonía, los distintos intereses en conflicto en una sociedad.
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