El anacronismo de los No Alineados sobrevive solo en regímenes que tratan de asirse a los fantasmas de la Guerra Fría
Dilapidar 200 millones de dólares en un aquelarre ripioso es reiterar que no les importa el sufrimiento de los venezolanos. Porque ese organismo multilateral llamado Movimiento de Países No Alineados es una antigualla, de una inutilidad solo equiparable a trasladar un refrigerador al polo norte. Esa cosa anacrónica de rancio olor fue creada en plena Guerra Fría, cuando existían dos bloques -el comunista y el capitalista- sobre los que se balanceaba el poder después de la Segunda Guerra Mundial.
Aquel movimiento tiene su antecedente más lejano en 1955 en Bandung, antigua capital de Indonesia. Dicen los historiadores que en aquella reunión de países asiáticos y africanos se firma el acta de nacimiento del llamado Tercer Mundo, para distinguirlo del primer mundo, esto es, el de los países capitalistas, y del segundo, el de los comunistas. Con esta partida de nacimiento buscaban superar su sempiterno complejo de inferioridad, asociado a su condición de colonias, las mismas que se unieron para afirmar su antimperialismo (les suena familiar), la no alineación y el derecho al desarrollo.
Sus adalides fueron: Gamal Abdel Nasser, de Egipto; Tito, un comunista disidente de lo que en aquel momento era Yugoslavia; Ahmed Sukarno, de Indonesia; Nkrumah, de Ghana y Nehru, de la India. Ex revolucionarios y anticolonialistas, simpatizantes de la Unión Soviética y con las manos extendidas para recibir ayuda económica y militar del bloque comunista. A partir de 1959 este movimiento se hace tricontinental con la incorporación de Cuba, según afirma ese gran intelectual llamado Eric Hobsbawn.
Nótese cuánto han cambiado las cosas en el concierto de las naciones. Cayó el muro de Berlín, se disolvió la URSS, Yugoslavia ya no existe, después de una guerra fratricida que atomizó aquel país artificial y todos los adalides del Noal desaparecieron de la faz de la Tierra. Pero Fidel sigue vivo -tiránico y dictatorial- y se ufana y afana en consolidar su microamperio comunista, cuyo patio trasero es un ex país llamado Venezuela. ¿Quién lo iba a decir: de anticolonialista a conquistador de territorios en las postrimerías del siglo XX, sin gastar una sola bala de su Kaláshnikov?
Desde 1961 y hasta 2014 los No Alineados han realizado 16 o 17 cumbres que han servido para muy poco. Pues la paz, el desarrollo de las relaciones internacionales, el desarme, la soberanía e integridad, entre otros objetivos siguen sin materializarse. Sólo hay que ver lo que pasa en África con esas guerras intestinas que no parecen tener fin. Llevadas, últimamente, hasta la exasperación demencial y criminal por el Estado Islámico, que ha impuesto el terrorismo en gran parte de aquel continente, espoleado por una violencia de origen religioso, y por enfermedades producidas por todo tipo de carencias, como la falta de alimentos, medicinas, educación y hasta de agua potable.
El continente asiático y el americano tampoco pueden regodearse por los beneficios de los que gozan por ser parte de los no alineados. Por ningún lado se aprecian las ventajas de esta membresía en materia social, económica, cultural o política. Eso parece más un club de fans de Fidel como el capo del ñangarismo internacional -nostálgico y decadente- que un organismo serio que aporte algo positivo a los graves problemas que sufre la humanidad.
Para este protectorado fidelista desbarrancado y en caída libre en el abismo de la violencia, de la miseria, de la inseguridad, es un golpe bajo que se despilfarren y malversen 200 millones de dólares en este inútil conciliábulo. De los 120 miembros no se sabe cuántos vendrán, porque hasta a Zimbabwe llegan las noticias de las muertes y el hambre en esta patria socialista. Y, claro, hasta los presidentes no alineados tienen derecho a alinearse con el miedo.
Ahora bien, venga quien venga, la paranoia militar ya se adueñó de Margarita y 14 mil elementos garantizarán la seguridad de los invitados. Habrá agua, luz, comida, papel higiénico, desodorante y hasta una estatua del difunto eterno. Estos privilegiados disfrutarán hasta el hartazgo, mientras los neoespartanos no tienen qué comer. De este jolgorio quedará el asfaltado desde el aeropuerto hasta los hoteles, donde se congregarán a hablar paja los que vienen a chulearse a un dictador-títere, que solo quiere una foto y una presidencia pro témpore.
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