"Creo que sin duda el poder desenmascara. Cuando era secretario de gobierno en Nueva Esparta un margariteño me dijo una vez: 'el hombre es como un cohete, sale pa' arriba pero cae como un zoquete".
La historia existe porque se cuenta. Porque se lee. Se conoce porque alguien la eternizó para nosotros. La historia se escribe para aprenderla. Para desnudarla con los sesos. Para que se conozca tanto como si se hubiese vivido. Es la forma de conservarla en el pasado para nuevas generaciones.
Pero la historia, la que no siempre se escribe, la que no siempre se lee, la que rara vez evangeliza según el olimpo de los ganadores, como diría Napoleón, también se eterniza en el testimonio de quienes la han vivido. De aquellos que pueden decir, desde la dicharachería criolla, "eso lo viví yo, no me lo contaron".
No todos pueden darse semejante lujo. Como sí puede hacerlo Enrique Aristeguieta Gramko, abogado y político venezolano, que a sus 83 años reconoce con orgullo haber formado parte de la Junta Patriótica de Gobierno de 1958, del movimiento contra Marcos Pérez Jiménez, y copartícipe de la vida política de esa era "civil y democrática". Esa que tanto añora, pero que ahora, a la luz del conocimiento y la experiencia disecciona, como morguero de la historia, los restos de la cuarta república desde unos tiempos "de disparate político".
"Venezuela, después de haber vivido un siglo XX de oro en la historia de Venezuela, desde todo punto de vista, de repente el siglo XXI se ha convertido en el siglo del terror. Porque hay un grupo de personas, las más descalificadas que se pueda imaginar, más descalificadas que los peores gamonales del siglo XIX, se adueñaron del país. Entregaron la soberanía y se dedicaron a destruirlo, económica, social e institucionalmente".
- ¿Qué opinión le merece que el chavismo haya llegado por la vía electoral a partir de una profunda erosión del bipartidismo que forjó ese siglo XX de oro, como lo llama?
- Los partidos tradicionales de los 40 años se autosuicidaron, como diría Carlos Andrés Pérez. Cometieron todos los errores que se podían cometer. Primero, se olvidaron de su esencia doctrinaria, de sus principios, que es lo que justifica la existencia de un partido. Un partido no es solo un grupo de personas que llegan al poder para disfrutarlo, es una asociación de personas que se agrupan alrededor de una ideología para elaborar un programa de gobierno, con base en esos principios, con miras a acceder al poder para aplicar ese plan en beneficio de la gente. Ese es el deber ser.
Ahora los partidos se fueron convirtiendo, más que en partidos, en plataformas electorales, en grupos de electores. Convirtieron las elecciones no en el medio para un fin, sino en un fin en sí mismo: ganar las elecciones para ganar las elecciones y disfrutar del poder, y hacer negocios, y bueno… todo lo que ocurrió al final de la democracia, que tuvo su ascenso y su declive.
Otro de los problemas de los partidos es que sus juventudes se alejaron de la política porque se sentían molestos, asqueados, inclusive, a la degeneración de los partidos. Esto aplica hasta para el PCV, porque estos que están ahorita en el partido no deben haber leído nada. Yo tuve muchos amigos comunistas, y nuestras conversaciones muchas veces iban al fondo, a la doctrina. Es que estos no saben ni siquiera quién era Carlos Marx, que si resucitara y viene a Venezuela y ve lo que hacen en su nombre se pegaría un tiro, se hubiera ido del país, horrorizado.
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