Venezuela hoy se ve como Zimbabue hace 15 años: escasez, inflación y el desplome de los niveles de vida.
Visitar un supermercado en Venezuela es como uno de esos chistes en los que alguien entra a un negocio y no encuentra nada de nada, pero el local no se cierra porque tampoco tienen cómo cerrarlo. "¿Tiene leche? El vendedor niega con la cabeza. ¿Azúcar? No. ¿Café? No. ¿Jabón? No. ¿Harina de maíz? No. ¿Aceite de cocina? No. De hecho, ¿tiene alguno de los productos que el gobierno considera tan esenciales que fija su precio en menos de lo que cuesta producirlos? No".
Esto es un mal rato para las personas que hacen cola frente a los negocios con la esperanza de que llegue un camión que traiga algo, cualquier cosa. Yesenia, una mujer de mediana edad de un poblado cercano a Caracas, se levantó a medianoche, tomó un bus hasta la capital, empezó a hacer cola a las 3:00 de la madrugada y sigue ahí a las 10:00. "Es malo, estar de pie aquí al sol. No he tomado desayuno, ni siquiera agua". ¿Por qué cree ella que hay una escasez tan severa? "Mal gobierno".
Esta es una forma suave de decirlo. El gobierno venezolano gasta como el Viejo Pascuero después de tomar demasiado ponche, dando subsidios para todo, desde las viviendas rurales hasta el arroz. No puede pagar sus deudas, especialmente desde que el precio del petróleo se vino abajo, así que imprime dinero.
Los cajeros automáticos en Caracas arrojan billetes nuevísimos con números de serie consecutivos. La última vez que este corresponsal vio eso fue en Zimbabue a principios de 2000. El FMI predice que la inflación será del 720% en Venezuela este año, una cifra que Zimbabue alcanzó en 2006. En 2008, esta nación africana se vio afectada por una hiperinflación tan espantosa que cuando a los mendigos les tendían billetes suculentos de la moneda local fruncían el entrecejo y los rechazaban.
¿Podría Venezuela seguir el camino de Zimbabue? Ellos son culturalmente muy diferentes, pero las semejanzas políticas son nefastas. Ambos países han sufrido bajo líderes revolucionarios carismáticos. Robert Mugabe ha gobernado Zimbabue desde 1980. Hugo Chávez lideró Venezuela desde 1998 hasta su muerte en 2013. Su sucesor, que él mismo escogió, Nicolás Maduro, continúa sus políticas, aunque sin nada de la astucia política de Chávez, o de Mugabe.
El líder africano se apoderó de grandes granjas comerciales sin indemnizaciones, lo que destruyó la industria más grande del país. Chávez expropió empresas por capricho, a veces por televisión en vivo. Despidió a 20 mil trabajadores de la compañía estatal de petróleo, PDVSA, y los reemplazó con 100 mil partidarios a menudo incompetentes; a algunos de ellos los pusieron a coser poleras revolucionarias.
Mugabe perdió un referéndum en 2000, pero manipuló en forma fraudulenta las elecciones posteriores para mantener a la oposición (más popular) alejada del poder. Los chavistas perdieron una elección parlamentaria en diciembre, pero han utilizado su control de la Presidencia y Corte Suprema para neutralizar a la oposición (más popular).
Mugabe reclutó a una milicia heterogénea de "veteranos de guerra" para intimidar a sus oponentes. Chávez reclutó a bandas de los barrios bajos, conocidas como los colectivos, para aterrorizar a sus opositores. El 5 de marzo, pandilleros en moto irrumpieron en la Asamblea Nacional (bajo control opositor) y escribieron consignas pro gobierno como "Chávez vive" en los muros. La policía se detuvo y observó.
Sin embargo, la similitud clave entre los dos regímenes no es su actitud rufianesca, sino su ineptitud económica. Ambos creen que las fuerzas del mercado se pueden dirigir como soldados en un desfile.
En ambos casos, los resultados son similares: escasez, inflación y el desplome de los niveles de vida.
Mugabe, quien al igual que los chavistas declara una gran preocupación por los pobres, fijó los precios de varios productos básicos a principios de 2000 para que fueran "asequibles". Rápidamente desaparecieron de las estanterías. Los subsidios que se supone que son para que funcionen los controles de precios a menudo son robados en ambos países. Los abastecedores, en vez de entregar los productos al precio oficial, prefieren venderlos en el mercado negro.
Policía antimotines
Ana, una joven vendedora ambulante en Caracas, explica cómo funciona esto. Ella tiene una bolsa de detergente que se supone que vale 32 bolívares. La compró en 400 y la va a vender en 600. Su negocio es ilegal, pero lo realiza abiertamente en una plaza muy concurrida. En las cercanías, otros ambulantes de las zonas rurales regatean por pañales. El viaje en bus hasta Caracas demora 13 horas; ellos cuentan que vienen cada dos semanas.
Leer mas: http://diario.elmercurio.com/2016/04/02/internacional/internacional/noticias/90C07D7E-F9FB-40B9-BA37-1D6A5DBAF44A.htm


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