Los brasileños no saben en qué área de la vida les va peor: si en las eliminatorias del Mundial de Rusia, donde navegan en una desacostumbrada mitad de tabla; en la arena política, donde la presidenta Dilma Rousseff se desliza en tobogán hacia el impeachment, o en la economía, donde millones de personas sobrellevan como pueden una larga recesión.
La tristeza desborda las calles de San Pablo y de Río de Janeiro y se derrama sobre América latina, que ve la caída del gigante con preocupación. Porque el estruendo hace temblar a todos. Además de la Argentina, que lo sufre directamente en el comercio y la economía, son muchos los que siguen de cerca el penoso día a día de un país que solía ser citado con admiración.
El mismo ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, que desde el escándalo de corrupción de Petrobras es tan buscado por la justicia como rechazado por la población, se permitió exaltar los viejos tiempos del país que él lideraba. "Con [Néstor] Kirchner y [Hugo] Chávez estábamos alineados como Luis Suárez, Messi y Neymar en el Barcelona", dijo durante una entrevista con corresponsales extranjeros en San Pablo...
...El gobierno brasileño ya no tiene ánimos, ni está en condiciones políticas ni morales de echar su peso, por ejemplo, a favor del chavismo en Venezuela. Como Lula con Chávez, Dilma ejerció una defensa cerrada del gobierno de Nicolás Maduro.
Los unía la retórica de la lucha social y la exaltación de los pobres, por no hablar de ciertas cosas... Por ejemplo, de los millonarios negocios de las empresas brasileñas de la construcción en Venezuela, según resaltó a LA NACION el economista venezolano Orlando Ochoa. Estas compañías resultan ser, por casualidad, las mismas que están hundidas hasta el cuello en el intrincado esquema de corrupción de Petrobras.
"El cambio más importante en términos diplomáticos ya ocurrió, y fue en 2015, cuando Dilma decidió alinear la política exterior con la política comercial", dijo Thomaz Favaro, analista para Brasil de la consultora de riesgo Control Risks.
Movida por los números en rojo, Dilma salió el año pasado en busca de nuevos acuerdos e inversiones con Estados Unidos y México, con quienes relanzó unas relaciones algo frías y apagadas. Del otro lado de la mesa quedaba Venezuela, un aliado más bien impresentable. A la hora de buscar trabajo, hoy en día el chavismo no es una buena referencia para nadie en el mercado laboral.
"El gobierno de Dilma ha sido bastante más cauteloso en su apoyo a Maduro en los últimos dos años; el deterioro de la situación política y económica en Caracas aumentó el costo político para Dilma de mantener ese apoyo", dijo Favaro.
Sin el grandote del barrio como sostén y valedor, Venezuela verá difícil continuar libre de costos con los excesos y atropellos de su política doméstica a la vista de la región.
"Pero el problema es mayor -concluyó Patricio Navia sobre las lecciones que deja el caso brasileño-. El modelo de desarrollo de la región está en crisis. Se acabó el boom de las exportaciones y ahora ya no se puede confiar en que se derrotará la pobreza y consolidará la clase media sólo con un modelo exportador. Hay que buscar alternativas."
Economía, ideología y diplomacia
Contagio
La Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia destinan entre un quinto y un tercio de sus exportaciones al enorme mercado de la novena economía del mundo y son los primeros en sentir los efectos de la recesión brasileña.
Salvado
México, la segunda potencia económica de la región, quedó en parte a salvo de los efectos de la debacle brasileña por los vínculos mucho más sólidos que mantiene desde hace décadas con Estados Unidos, de lejos su principal socio comercial
Referencias
En el plano ideológico, la caída del Partido de los Trabajadores (PT), jaqueado por la persistente recesión y la galopante corrupción en lo más alto de su dirigencia, deja a la izquierda del continente sin un referente democrático que muchos citaban con admiración y querían emular

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