Irán no asistió a la cumbre de los países productores de petróleo en Doha el pasado fin de semana. (Twitter)
El hundimiento global de los precios del petróleo está dejando a Irán como uno de los pocos ganadores, sino el único, de una crisis que, además de daños económicos, se está cobrando también un precio político en muchos países productores.
La combinación de unos valores mínimos del petróleo, la mala gestión política del asunto por parte de Arabia Saudí y el resto de las monarquías del Golfo Pérsico, acérrimos rivales de la República Islámica, y el fin del embargo internacional al crudo iraní han colocado al país en la paradójica situación de que cualquier evolución en este asunto redundará directamente en su beneficio.
El fracaso de la reunión de Doha el pasado fin de semana entre los mayores productores de crudo ha subrayado esta extraña posición de fuerza de Irán, cuya ausencia, aunque anunciada con anterioridad, fue clave en el resultado.
Irán va camino de cumplir importantes objetivos políticos y económicos, viendo además con poco disimulado regocijo el fracaso de los planes de sus rivales
Y es que con acuerdo o sin él, con precios bajos o altos, o sin que nada cambie, Irán va camino de cumplir importantes objetivos políticos y económicos, viendo además con poco disimulado regocijo el fracaso de los planes de sus rivales.
Hasta cinco expertos en la política del petróleo iraní reconocieron a Efe haber recibido órdenes directas del Ministerio de Petróleo de no discutir con nadie el fracaso de Doha ni las perspectivas iraníes en este campo, decisión que apunta a que nadie mueva un barco que navega en la corriente que le interesa a la República Islámica.
Lo cierto es que, acostumbrado a vender muy por debajo de sus posibilidades, ahora cualquier barril extra que venda reporta beneficios para Irán por muy bajo que sea su precio en el mercado, algo que no puede decir ningún otro productor.
Por el contrario, un recorte en la producción de sus competidores que sirva para elevar el precio del crudo, tal y como se debatía en Doha, permitiría a Teherán obtener mayores ingresos sin renunciar a la política declarada de recuperar la cuota de mercado que tenía antes de la imposición de sanciones en 2011.
Con las decenas de empresas, particularmente asiáticas y europeas, que llaman a sus puertas para comprar petróleo tras el fin de las sanciones, Irán va camino de cumplir con su objetivo de inyectar dos millones diarios de barriles de crudo al mercado a lo largo de 2016, lo que al mismo tiempo está poniendo mayor presión a los productores agobiados por los bajos precios.
"El mercado es consciente de que los bajos precios no ayudan a la economía global ni a corto ni a largo plazo. El barril a 70 dólares es algo razonable, pero Irán está también satisfecho con un precio por debajo de eso", reconoció esta semana el ministro de Petróleo iraní, Bijan Zanganeh.
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