Un vendedor ambulante de combustible abastece a un cliente en Lagos. El mercado negro florece en medio de la escasez de diversos productos. PHOTO: STEFAN HEUNIS/AGENCE FRANCE-PRESSE/GETTY IMAGES
En la principal economía africana, la crisis del petróleo está empezando a derramarse sobre la calle.
Con 187 millones de habitantes y miles de millones de dólares en crudo sin explotar, Nigeria parecía destinada a ser el país que propulsara el ascenso de todo el continente. En lugar de ello, se ha convertido —por ahora— en símbolo de cómo el abrupto declive de los precios del petróleo arrastró en su caída a los mercados emergentes.
Meses de disminución de los ingresos petroleros han provocado una escasez de dólares en el país, ya que el gobierno acapara divisas para salvaguardar sus decrecientes reservas. La crisis está golpeando a nigerianos ricos y pobres por igual: el lunes, tras conocerse que MSCI está considerando retirar al país de su índice de referencia de mercados de frontera, la bolsa de valores de Nigeria cayó casi 3%.
Mientras tanto, el Banco Mundial dijo que el crecimiento económico bajó de 6,3% en 2014 a 2,8% en 2015, y el Fondo Monetario Internacional proyecta que este año caerá a 2,3%. Mientras tanto, la población crece a un ritmo de 13.000 personas al día.
Las fábricas están cerrando porque no pueden encontrar dólares para importar partes o repuestos, a los supermercados les cuesta mantener sus estantes llenos y las plantas de energía prácticamente han dejado de producir electricidad porque no pueden pagar el mantenimiento. Los nuevos centros comerciales están vacíos y la gente común tiene que hacer enormes esfuerzos para encontrar algunos productos de primera necesidad.
El presidente Muhammadu Buhari viajará a China esta semana con la esperanza de obtener un préstamo de miles de millones de dólares para proyectos de infraestructura, incluyendo ferrocarriles, dijo el portavoz del gobierno Garba Shehu. Este año, Nigeria puede emitir su primer bono en yuanes, aseguró el sábado el ministro de Finanzas, Kemi Adeosun.
El mayor productor de petróleo de África tiene que importar gasolina, aunque no le alcanza. Para llenar sus tanques en las pocas estaciones de servicio que siguen funcionando, los conductores de Lagos, una ciudad de 21 millones de habitantes, tienen que hacer colas de algunos kilómetros de largo durante días. Para mantener el orden, los soldados dan latigazos a los que quieren saltarse la fila e intervienen en las peleas entre exasperados conductores. “Tenemos hambre y estamos enojados”, dice Víctor Eten, un taxista que durmió en su auto durante tres días para comprar gasolina. “Sin ducha, sin cepillo de dientes (...) si esto sigue así, habrá graves problemas”.
Hasta hace poco, Nigeria y su capital económica, Lagos, eran símbolo de la nueva clase de consumidores de África. Complejos de cine, concesionarios de automóviles y una guerra entre cadenas de comida rápida como KFC y Domino’s, entre otras firmas que se instalaron aquí en los últimos años, son testimonio de las aspiraciones de la mayor ciudad del continente. Una década de crecimiento económico de 7% anual ubicó a Nigeria cerca de las 20 economías más grandes del mundo y atrajo de regreso a nigerianos que estaban trabajando o estudiando en EE.UU. y Europa. Hoy, la euforia en la nación más poblada de África se ha atenuado.
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