"Los días en que el Socialismo del Siglo XXI generaba expectativas de un futuro promisorio han quedado atrás y en su lugar surge un tiempo de hombres y mujeres atemorizados por la escalada de los precios, el desabastecimiento, el hundimiento de la moneda y el descalabro de la producción. Desde 2014 la economía venezolana sufre tres espasmos simultáneos: elevada inflación, escasez y recesión, una combinación letal para la calidad de vida.
Efraín Velásquez, presidente del Consejo Nacional de Economía, considera que el país padece "un desbalance macroeconómico donde la demanda crece más rápido que la oferta". Explica que la demanda recibe el impulso del gasto del Gobierno, financiado en parte por el Banco Central, mientras que la oferta languidece porque la porción de dólares en efectivo de las reservas internacionales son muy bajas y por tanto no hay suficientes divisas para importar las materias primas e insumos que necesitan las empresas. La consecuencia es desabastecimiento, inflación y plantas paralizadas.
El estancamiento de la oferta también obedece a las empresas expropiadas por el Gobierno que hoy producen menos; al control de cambio, que se traduce en la asignación ineficiente de divisas y a la regulación de precios, que en algunos sectores no permite obtener rentabilidad y desalienta la inversión para ampliar la capacidad de producción.
Mientras el valor del petróleo desafió la ley de la gravedad el chorro de divisas proveniente del oro negro permitió solapar estos inconvenientes con un colosal aumento de las importaciones, pero cuando en 2013 el barril se estabilizó en 99 dólares el crecimiento se desaceleró notablemente y el PIB, que había registrado un alza de 5,6% en 2012, solo avanzó 1,3%. Posteriormente, en los dos primeros trimestres de 2014, comenzó la recesión que luego se profundizó con el declive del precio del petróleo hasta un promedio de 47 dólares en 2015.
A diferencia de otros países petroleros Venezuela prácticamente no ahorró durante el tiempo de los elevados precios del barril, de hecho, el Fondo de Estabilización Macroeconómica (FEM), una alcancía destinada a almacenar recursos para tiempos difíciles, solo cuenta con tres millones de dólares. El grueso de los petrodólares fluyó hacia una madeja de fondos destinados al gasto como el Fondo Nacional para el Desarrollo Nacional (Fonden), administrado de una manera muy poco transparente, al punto que se desconoce cuántas divisas posee en este momento.
Para regresar a la senda del crecimiento y acabar con la fiebre inflacionaria es necesario un ajuste, es decir, un conjunto de medidas para recuperar el equilibrio y evitar males mayores como una recesión más profunda, menos abastecimiento e hiperinflación
¿Qué ha hecho Maduro?
La respuesta del Gobierno ha consistido en recortar drásticamente las importaciones a fin de obligar al país a vivir con menos dólares, generando escasez y asfixiando al sector privado por la falta de materias primas e insumos. De acuerdo con Ecoanalítica, a través de los mecanismos oficiales que ofertan divisas a las tasas de 6,30, 12 y 200 bolívares la porción de la economía que no pertenece al Estado recibió en los primeros siete meses de este año un promedio diario de 50 millones de dólares, magnitud que se traduce en un descenso de 61% respecto al mismo lapso de 2014.
La administración de Nicolás Maduro no puede cubrir sus gastos con el ingreso proveniente del petróleo y la recaudación de impuestos, pero con billetes que fabrica el Banco Central aumenta salarios, pensiones y mantiene el subsidio en el precio de la gasolina y las tarifas de los servicios públicos. El inconveniente es que cuando este dinero recién creado ingresa a la economía más bolívares persiguen una misma cantidad de productos y los precios escalan.
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