Después de responder a Santos en un Consejo de Ministros "aquí el único que pone condiciones soy yo" Nicolás anunció que se reunirá con el Presidente Colombiano, "cara a cara" la coincidencia principal con el film consiste en que la reunión de Quito que se debió haber realizado ayer, estuvo precedida de un clima de tensión en las relaciones entre los dos gobiernos
Jhon Travolta y Nicolás Cage protagonizaron una película de acción con ese título, en la que se produce el intercambio de rostros a través de la realización de una complicada operación quirúrgica, donde unos "nuevos peores enemigos" se enfrentan en medio de una trama plena de suspenso.
Después de responder a Santos en un Consejo de Ministros "aquí el único que pone condiciones soy yo" Nicolás anunció que se reunirá con el Presidente Colombiano, "cara a cara" la coincidencia principal con el film consiste en que la reunión de Quito que se debió haber realizado ayer, estuvo precedida de un clima de tensión en las relaciones entre los dos gobiernos.
No imaginamos que se pueda discutir la problemática fronteriza "los problemas complejos" por teléfono o vídeo conferencia, obvio que tienen que ser tratados "cara a cara" sin el tono bravucón y amenazante que suele emplearse en la "diplomacia de micrófonos".
Comentaba en conversación informal, un especialista en estas controversias que Nicolás estaba siguiendo el mismo guión de su antecesor al tratar los problemas con el vecino país: aumentar la tensión al máximo para provocar luego una cumbre y así presentarse como triunfador. En esta oportunidad no pareciera que esa estratagema le produzca los resultados esperados, la opinión pública venezolana está consciente que el colocar en la agenda los temas fronterizos, obedece en lo fundamental, a propósitos relacionados con la celebración de las elecciones de diciembre, donde el gobierno por primera vez se ve seriamente comprometido y está dispuesto a emplear cualquier artilugio para intentar-infructuosamente- revertir su crítica situación.
Entre tanto la escasez, la inflación y la inseguridad siguen agobiando y desmejorando las condiciones de vida de los venezolanos, no hay maniobra de distracción que pueda sustraernos del día a día: las colas, las compras por el número de cédula e incluso la colocación de la huella dactilar para adquirir cualquier producto, constituyen evidencias cotidianas del fracaso de un modelo.
En varias oportunidades el gobierno anunció que tomaría medidas económicas, no las adoptó porque suponía que tendría que pagar un alto costo político en las proximidades de un proceso electoral, prefirió sustituirlas con el discurso de la "guerra económica" que no le ha rendido los réditos esperados por carecer de credibilidad. Comentaba un dirigente medio del oficialismo que el discurso está agotado, que en las camionetas cuando habla de la "guerra económica" la gente responde: "tú te vas a comer ese cuento". Han preferido correr la arruga, pese a los dramáticos pronósticos para fin de año, donde podríamos estar viviendo los meses más duros a lo largo de toda nuestra historia.
Al no hacerle frente con medidas verdaderamente eficaces a los problemas que más nos agobian, el gobierno está actuando con suma irresponsabilidad, mientras más se demore en adóptarlas, más afectará la crítica situación que se confronta en el país, especialmente a los sectores menos favorecidos.
Este comportamiento del oficialismo, al evadir encarar la realidad, no le ha garantizado ni disminuir el costo político de su errada política económica, ni ha logrado, en lo esencial, mejorar su comprometida situación electoral, lo que implica una pérdida por partida doble.
Ya, a menos de ochenta días del seis de diciembre, las fuerzas democráticas tienen que concentrarse en el objetivo de obtener una victoria holgada, no solamente en la votación nacional, sino en cuanto al número de diputados a la AN, allí y en ningún otro lugar está la clave para iniciar el cambio de rumbo.
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