Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

martes, mayo 26, 2015

Siglo XXI, por Marco Negrón


Hoy está evidentemente agotado, pero el camino hacia el futuro no está asociado a hacer de él tabula rasa como muchas veces se ha propuesto, sino a la capacidad para edificar una nueva realidad a partir de sus cimientos más sólidos, sus ciudadanos, que no pueden ser movidos a placer a lo largo y ancho del territorio como si de piezas de un juego se tratara

Estas notas parten de un supuesto que, sobre todo en un medio tan conservador como el del pensamiento urbanístico venezolano, está destinado a generar un fuerte rechazo inicial; se espera, sin embargo, aportar argumentos suficientes para cambiarlo.

El mismo consiste en que, al haber incorporado a la prácticamente totalidad de la población venezolana a la vida urbana, el radical reacomodo demográfico vivido por Venezuela durante los últimos 70 años del siglo XX constituye un indiscutible éxito del proceso de cambio social.

Se trató nada menos que de sacar a un contingente mayoritario de los habitantes de un medio rural sumamente atrasado, centrado prevalentemente en la producción para el autoconsumo, analfabeta en su casi totalidad, minado por las enfermedades y con bajísimas expectativas de vida, víctima frecuente de las aventuras de caudillos locales no mucho más ilustrados, al medio urbano característico de la modernidad.

Nadie pretende (ni podría) ocultar que ese proceso generó nuevos e importantes desequilibrios, el más evidente de los cuales es el desmesurado crecimiento de los asentamientos informales: hoy alrededor del 50% de nuestros compatriotas vive en ellos, quedando así no sólo excluidos del disfrute de muchos de los más importantes beneficios que ofrece la vida en las ciudades, sino además amenazados por un deterioro aún mayor de su calidad de vida.

Es importante hacer notar que, insólitamente, esa cifra supera la media de la región estimada en el 30%, de modo que resulta esencial entender las causas del diferencial, objetivo imposible dentro del limitado espacio de esta columna pero que quien escribe ha intentado en otras ocasiones, destacando el importante papel que en ello han tenido políticas urbanas erradas, en particular la vana pero persistente pretensión de frenar el crecimiento de las mayores ciudades.

Y también el carácter rentista de nuestra economía, que ha permitido el crecimiento económico por largos períodos mientras la productividad interna se mantenía estancada o en regresión.

Puede sin embargo decirse que, pese a sus distorsiones, durante tres cuartos de siglo ese modelo cumplió en lo esencial con el objetivo civilizatorio, habiendo prevalecido los aspectos positivos del proceso por sobre los negativos.

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