Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, diciembre 29, 2014

El lugar común: La palanca del optimismo Simón García

Una crisis tan dura como la que padecemos requiere un temple a prueba de todo desánimo. Quienes sientan que es imperativo hacer algo para ponerle fin al retroceso del país, necesitan tener entusiasmo y aguante. Enfrentar las mayores dificultades con  optimismo.

El optimismo puede ser una palanca para hacer saltar las rutinas del cambio. La queja estéril, la descalificación de los que combaten, el tranquilizar la conciencia diciéndose que no hay nada que hacer o que la oposición no merece apoyo, son reacciones propias de quien quiere rendirse. Son las sirenas que nos tientan con la tranquila inercia, el gusto por las zonas de confort y la pereza para pensar por encima del nivel promedio de la sociedad.

Dice una canción de Jarabe de Palo que tener una ilusión no es ser iluso. Tampoco situarse con optimismo frente a la crisis es necesariamente un autoengaño, una apelación a un azar milagroso o una justificación de esta torcida copia de “revolución”. Los desastres que están acabando con Venezuela son los mismos fracasos que condujeron al ahora reconocido derrumbe del modelo cubano.

El régimen, obsesionado por su perpetuación, sabe que ya no tiene como detener el deslave del descontento, pero va a intentar sustraerle pedazos o dirigirlo hacia la desesperación, la decepción o la apatía. Pondrá más maña en evitar la factura del castigo, creará situaciones que induzcan a la abstención política y electoral.

El poder usará el pesimismo porque genera desesperanza y marginamiento que debilitarán la voluntad de lucha en la oposición. La oposición levantará el optimismo como una alternativa concreta, no como una pose. Uno que surja de una comprensión distinta de la realidad, de  avizorar tendencias que aún no son firmes, de una lectura de los signos que indican el inicio de la fase terminal del proceso. Uno que transmita entusiasmo y refuerce  la disposición a perseverar en una lucha desafiada a encontrar los medios y modos de hacerse victoriosa antes de termine de disolverse el país.

El 2015 debe observarse desde las calamidades que va a desatar la desaparición del colchón de los altos precios del petróleo, la imposibilidad de importar lo que no se produce aquí y los estropicios de una gestión sin ética ni eficacia. El mantenimiento del autoritarismo, de la democracia mínima y del Estado todopoderoso no será suficiente para acallar el descontento y la protesta.

También hay que observar la velocidad con la que la crisis esta devorando a su creador, el presidente Maduro. El extenso aparato de control social se está quedando sin recursos y la clientela que depende del Estado teme que va a dejar de recibir beneficios por los errores cometidos por el gobierno. La lealtad política continuará resquebrajándose.    

En los sectores populares, que están en el lado bueno de la crisis,  el malestar subterráneo se está transformando en una angustia de cambio cuyo riesgo es que puede ser atendida por variantes indeseables.  El tema es si la oposición podrá, muy temprano en el 2015, presentarse como un liderazgo unido que va a competir por un mismo concepto de cambio, con unos objetivos claros y un plan para asociar al país en su propia reconstrucción.

Son razones para convertir el optimismo en la convicción de que se abre un nuevo ciclo de cambios. Y si las encuentran menores, hay otro motivo: se ha comprobado científicamente que ser optimistas es bueno para la salud, la creatividad y la vida feliz.

@garciasim

http://www.notitarde.com/

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