Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, diciembre 05, 2014

El costo de la indefinición ALBERTO LOVERA

Nadie se cree que estamos "blindados" frente a la crisis económica que nos encuentra desamparados. Ya había síntomas evidentes de la escasez de divisas y de bienes esenciales, de inflación acelerada, del alza del tipo de cambio, y para complicar el panorama, se ha sumado una reducción notable del precio del barril petrolero, pero el desquiciamiento de la economía venezolana es previo a lo que acontece en el mercado petrolero.

De tanto ponderar el costo político de un ajuste económico que parece ineludible, el gobierno ha complicado más las cosas y se ha complicado a sí mismo.

Este ajuste a cuentagotas, con más anuncios que realizaciones, conduce a lo peor de todos los mundos.

Cuando llega la hora del ajuste, sea gradualista o de shock, se requiere un diseño de conjunto, las medidas inconexas pierden efectividad cuando no se enlazan en una secuencia con objetivos claros. Lo que percibimos son intentos (infructuosos) por correr la arruga, pero ya no hay para donde.

Es como una operación que se hace por cuotas, poniendo en peligro la vida del enfermo.

El gobierno quiere extenderle la vida a un modelo económico y político que ya entró en agonía irreversible, corta o larga, pero que no da para más. Esto lo dicen voces de todos los tonos cercanos y lejanos a la cúpula gobernante. En su empeño por conservar el poder a toda costa están sometiendo a nuestro país a enormes penurias y a un agravamiento de la situación económica. Ya es hora de aceptar que sólo una rectificación a fondo puede atender este enredo que quienes nos han gobernado han alimentado.

Mientras la cúpula se debate en la tarea imposible de un ajuste que evada sus costos políticos, y sigue sin afrontar la inevitabilidad de un ajuste a fondo de la economía, hay unos costos que están pagando los más pobres y la creciente empobrecida clase media, que sufre a diario la escasez, la inflación galopante, la inseguridad.

Obviamente que un ajuste supone medidas compensatorias para amortiguar en los sectores más vulnerables los impactos de las medidas adoptadas, hasta donde ello es posible, pero no se puede evadir la adopción de políticas que corrijan las enormes distorsiones que se han venido alimentando en la sociedad venezolana, a riesgo en contrario de agravar la situación ya de por sí delicada.

Peor que el costo social de un programa de ajuste de cualquier intensidad, es su posposición cuando es imperioso. Los costos de la indefinición y posposición terminan pagándolos los sectores más pobres, mientras que los políticos que quisieron salirse de la suerte no resultarán indemnes porque la gente sabrá cobrarles políticamente el abandono de sus responsabilidades como dirigentes.

En vez de estar inventando fantasiosos culpables (guerras económicas, conspiraciones internacionales) de los males que nos agobian, que asuman su responsabilidad de la conducción de un barco (por cierto averiado) cuyos tripulantes no son otros que la cúpula del poder, que reclama un urgente cambio de rumbo.

alberto.lovera@gmail.com

TalCualdigital

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