Tras el devastador doble terremoto que azotó al país y dejó a numerosas familias sin vivienda, la promesa de reabrir la cartera de créditos hipotecarios ha acaparado la atención pública. Aunque la intención de financiar la compra o reparación de inmuebles a mediano y largo plazo es indiscutiblemente loable, el gobierno y ciertos banqueros están impulsando esta narrativa sin ponderar el abismo financiero que se esconde detrás. Otorgar préstamos de larga duración bajo las condiciones actuales no es un alivio inmediato, sino una jugada sumamente aventurada que podría detonar riesgos sistémicos para las instituciones financieras.
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Esta precaria situación es el resultado directo de la hiperinflación, que destruyó al bolívar como reserva de valor y erradicó la capacidad de ahorro necesaria para sostener estos financiamientos a largo plazo. Si la banca se arriesga a otorgar estos créditos sin una garantía del Estado, el remedio será mucho peor que la enfermedad. Descubre los datos exactos, la tabla de liquidez monetaria y el análisis profundo de José Guerra en nuestro documento exclusivo.
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