Rufino Blanco Fombona nació en aquella Caracas del 17 de junio de 1874 cuando todavía Venezuela tronaba en combates entre las fuerzas insurgentes comandadas por el general León Colina y el ejército del gobierno de Antonio Guzmán Blanco, a quien intentaban derrocar por las fuerzas de las armas.
Blanco Fombona después de haber ingresado a estudiar Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, abandona sus estudios para ingresar en la Academia Militar y en 1892 participa en la Revolución Legalista. Cuando apenas comenzaban sus 19 años de vida fue nombrado Cónsul en Filadelfia y desde allí empezó a cultivar el arte de escribir.
Aparte de ser escritor y poeta, Rufino era un hombre de a Caballo y de armas tomar. En 1900 bajo el gobierno de Ramon Andueza Palacio, el General Benjamín Ruiz, presidente del Estado Zulia, designa a este caraqueño como secretario del gobierno. Allá en el Zulia Fombona tuvo un altercado con su secretario, Pablo Vílchez.
Sucedió que Rufino ordenó colocar un Timbre para llamar a sus empleados. A poco hizo sonar el Timbre destinado a don Pablo. Este permaneció imperturbable en su escritorio. Nuevo repique de timbre y nueva indiferencia del secretario. Al final, Blanco Fombona dijo al portero, que llamara personalmente a Don Pablo. Este se levantó de su escritorio y llegó hasta Fombona:
“A sus órdenes, Don Rufino. Me dice el portero, que usted deseaba hablar conmigo”. Si, Don Pablo; envié al portero, porque ya lo había llamado por el timbre varias veces. ¿Por el timbre? Dispense que no lo atendiera, yo me llamo Pablo Vílchez.
Menos mal que el incidente con su secretario, no pasó a mayores, porque este temerario poeta, terminó fulminando de un tiro al Tesorero del gobierno del Zulia, por haberle retenido el pago de su quincena. Siendo gobernador del Territorio Federal Amazonas, iría a la cárcel en Ciudad Bolívar por haber matado al coronel que pretendía detenerlo por luchar contra el monopolio del caucho en plena región amazónica.
Blanco Fombona escribió en su “Diario de mi vida” una agitada biografía de exilios y luchas políticas, que lo llevó a residir, desempeñando cargos diplomáticos, en Holanda, Estados Unidos, República Dominicana, Francia, España, Uruguay y Argentina.
En sus afanes distinto al de las armas, Fombona al evocar su pasión por las letras nos expresa:
“Lo que más me interesa en un libro es el autor, el alma del autor. Por eso no leo libros tontos o vulgares; a la segunda página, sé si debo continuarlo o no. La lectura que prefiero es la de un Diario íntimo; o de unas Memorias, sobre todo si no son políticas ni de algún militar: los soldados resultan prolijos y carecen de alma como las bestias. Después, me complacen las biografías de hombres célebres; después, las biografías de hombres corrientes, es decir, las novelas modernas; después, los estudios de crítica y, por último, las obras de psicología, de psiquiatría y aun de lo que llaman ahora los alemanes y austriacos, psico-análisis”.
Rufino Blanco Fombona dejó para las generaciones futuras amantes de las letras, entre otras obras: Los poemarios Cantos de la prisión y del destierro y Cancionero del amor infeliz. Los libros de relatos Dramas mínimos y Tragedias grotescas y las novelas El hombre de oro, La mitra en la mano, La bella y la fiera y El secreto de la felicidad.
Escritos tomados de mi libro VI
“Venezuela en Crónica”
Edición: Sultana del Lago Editores