Durante su participación en el conversatorio Migración: Desafíos para el mundo, América Latina y Chile, organizado por la Universidad Diego Portales (UDP), la expresidenta Michelle Bachelet analizó los desafíos actuales del organismo multilateral y abordó con humor sus aspiraciones en la carrera internacional.
Sus valoraciones surgieron tras trascender que la exmandataria sumó seis votos en contra durante la segunda consulta informal y confidencial del Consejo de Seguridad realizada en agosto, un escenario que complejiza su avance diplomático.
Al profundizar en las motivaciones de su postulación, la ex alta comisionada para los Derechos Humanos compartió una anécdota protagonizada por una ciudadana extranjera. Al respecto, relató textualmente: “Como me dijo una gringa: ‘Bueno, ¿y usted si no se puede hacer nada, para qué quiere ser Secretario General?’”.
Frente a esta interrogante, la ex jefa de Estado respondió entre risas: “A mí me dijeron ‘si no se puede hacer nada, ¿por qué quiere ser secretaria general de la ONU?’, y yo también me lo pregunto, tal vez porque sé que no voy a ser secretaria general”.
El deterioro y desprestigio de la ONU
Más allá del tono distendido, la exmandataria expuso un diagnóstico crítico sobre el momento que atraviesa el sistema internacional actual. En este sentido, sentenció que el organismo multilateral enfrenta una etapa de pérdida de influencia institucional, al manifestar que “Naciones Unidas ha dejado de ser relevante, porque se han tomado otras opciones, desde unilaterales a minilaterales, como lo vemos en Irán”.
Para la exmandataria, este retroceso responde directamente a la confrontación estratégica y estructural entre Estados Unidos y China, una disputa que deteriora la solvencia financiera de la institución.
Al detallar esta problemática, advirtió que ambas potencias arrastran obligaciones pendientes de pago, lo que sumerge a la organización en una severa crisis de liquidez operativa. No obstante, reivindicó la vigencia del espacio internacional al definirlo como el único foro global donde 193 naciones convergen para mantener el diálogo político.