El padre Alfredo Infante S.J; provincial de la Compañía de Jesús en Venezuela, expresó recientemente su visión sobre el contexto actual del país.
Infante recordó que durante un tiempo vivió en Angola en un momento por el cual ese país atravesaba muchos conflictos y sus habitantes desconocían hacia cuál rumbo iban. De lo que sí estaba seguro era que existía en el colectivo era el deseo de un reencuentro, de reconciliación y de paz.
“Un día, transitando por la selva, presencié una gran tormenta. Y después de la tormenta, viene la calma; pero es una calma como la que vivimos luego del 28 de julio (de 2024) y como la que vivimos después del 3 de enero (de 2026). Es un silencio espeso, lleno de incertidumbre: ¿Qué va a pasar? ¿Para dónde vamos?”, expresó en el podcast Poliskopio del Centro de Estudios de Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.
El padre Infante comentó que luego de esa tormenta salió a recorrer las calles y observó los paisajes y notó que hubo árboles que se arrancaron desde sus raíces, otros con quiebres; y otros con heridas, pero de pie.
Ese escenario lo hizo reflexionar sobre el momento actual porque consideró que de los árboles con quiebres había dos tipos: unos que se carcomieron por dentro y no soportaron el viento y terminaron quebrándose. Mientras que otros resultaron un poco más fuertes, con rigidez, pero que igual se quebraron con la tormenta.
Es la oportunidad de renacer y florecer
“El secreto de los que estaban de pie, aunque con heridas y sin hojas, pero allí de pie, estaban dispuestos a renacer. Esos eran los que tenían dos cosas importantes para este momento: raíces profundas y flexibilidad para leer la tormenta”, comentó.
A su juicio, esas dos características hicieron que estos árboles pudieran renacer, reverdecer y recomenzar nuevamente. No iba a ser los mismos árboles, sino que serían otros, con nuevas hojas. “Creo que estamos en ese momento del país”, afirmó.
Para Infante, inconsciente colectivo de Venezuela está lleno de paradojas, miedo, dolor, esperanza e incertidumbre; pero también hay un deseo profundo que “queremos renacer, florecer, no sabemos cómo, pero estamos en esa disposición de búsqueda”, dijo.
Adicionalmente, aprovechó la ocasión para recordar una máxima que San Ignacio repetía constantemente y era que debemos buscar conversaciones edificantes. “No se trata de pensar en ilusiones, pero sí alinear corazones y propósitos, con diferencias, pero que nos lleven a una comprensión y nos dé la posibilidad de vivir la incertidumbre con paz y no con angustia.
Alinear los pensamientos y corazones
Para finalizar, el provincial de la Compañía de Jesús afirmó que en Venezuela estamos en un tránsito, que la respuesta no vendrá desde afuera sino desde adentro. “Tenemos que alinear nuestra imaginación y a nuestros corazones. No se trata de pensar igual, sino hacer sinergia. Estamos en una gran oportunidad social para despertar y construir nuestro país”.
“Estamos en una oportunidad histórica, donde también podemos descubrir el camino para fecundar esa oportunidad sin inmediatismos, sino de mucha paciencia histórica y personal. La paciencia es el arte de la paz y la construcción de la paz es de largo aliento que da signos concretos y la búsqueda del bien común”, culminó.

