El origen de la creencia en la refundación de la patria como paso final de la patria mítica, se explica a partir del mito de la revolución inconclusa. Ana T. Torres.
Así tenemos que asumirlo. Tenemos que dejar atrás el pesimismo y la frustración. Continuar la lucha por la democracia y la libertad es lo que se impone. El análisis de la actuación de nuestros dirigentes debe hacerse de manera autocrítica, pero, no flagelante. Hay que mirar hacia adelante. Si se quiere hacer política de altura, tenemos que sacudirnos los lamentos por qué no hemos sabido hacer efectivos los triunfos electorales. Es necesario asumir con mucho entusiasmo y prudente optimismo las victorias políticas de la oposición democrática.
Las causas de las derrotas pueden ser muchas. Unas pueden ser de carácter interno, sobre todo por la falta de liderazgo sustentado en valores y por qué algunos dirigentes o militantes prefieren estar, y se preocupan más por estar cerca del líder que de los votantes y otros, en los que predomina la arrogancia, que contrasta con la humildad del candidato.Otras de las causas son externas: el uso abusivo y sin escrúpulos de los recursos del Estado, que son de todos, así como el acomodo egoísta de los beneficiarios del poder y la recurrencia a actuaciones de dudosa moral por parte del candidato de los que ejercen el gobierno de turno, factores que generalmente tienen un peso decisivo en competencias desiguales.
Hoy existen algunas exigencias históricas que de ser atendidas rendirán sus frutos en un futuro no muy lejano. Una de ellas es conservar la unidad en los sectores y factores de oposición frente a este desastroso y pueril gobierno, que sería la mejor expresión democrática, La otra exigencia es mantener la cohesión para la acción, acercarse a las clases populares para la defensa de sus derechos y dar a conocer las propuestas concretas y factibles como alternativas viables para la solución de los problemas.
Lo que se quiere hacer aparecer como un problema de la alternativa democrática, es por lo contrario, una verdadera fortaleza. Por fortuna ha emergido una gran cantidad de líderes sociales, comunitarios y políticos y se cuenta con una constelación de candidatos y candidatas que brillan con luz propia, de los cuales, uno o una de ellas será el abanderado o la abanderada de la esperanza de cambio en el país.
Hoy con todas las dificultades y desencuentros que implica el ejercicio de la democracia adoptada como sistema y como forma de gobierno, observamos una lenta pero esperanzadora recuperación de los partidos políticos, cometiendo viejos errores, es cierto, pero asumiendo nuevas exigencias de la sociedad civil que todavía los observa con recelo. Se ha comprendido que la unidad es un camino, no una meta.
La verdadera tragedia está del lado del autoritarismo al ver que su único candil no puede parpadear y no cuentan con otro que les alumbre. Es la herencia propia de los regímenes comunistas con su carga de mesianismo y exagerado culto a la personalidad. Es el producto de la mediocridad de un liderazgo que en lugar de formar, deforma. Eso sucede a los líderes que no aceptan que se los acompañe sino que los sigan. El liderazgo sustentado en valores no tiene esos problemas.
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