Por: Joaquín Chaparro Oliveros
El escepticismo del ciudadano venezolano ante las palabras "diálogo" o "negociación" no es gratuito; es el resultado de años de frustraciones, de "diálogos de las mentiras" que solo sirvieron como oxígeno para un régimen decadente.
Durante mucho tiempo, fuimos testigos de cómo las cúpulas se sentaban a espaldas del país, permitiendo incluso que la tiranía eligiera a sus propios interlocutores en la acera del frente.
Eso no eran negociaciones; eran transacciones de complicidad donde el pueblo soberano jamás estuvo representado. Hoy, la historia ha dado un vuelco definitivo.
!El paradigma cambió porque cambió la naturaleza de la conducción y la fuerza moral que la respalda¡
Ya no estamos en la época de las agendas ocultas ni de los pactos de pasillo que hoy quedan al descubierto de forma repulsiva e impúdica.
Como bien nos recordaba Aristóteles, la virtud política es la integridad, porque el poder sin moral es tiranía. Es precisamente esa integridad la línea divisoria entre el pasado entreguista y el presente que hoy lidera María Corina Machado.
Por primera vez, el régimen no puede imponer a los voceros de la alternativa democrática ni chantajear a quienes se sientan a la mesa. Hay una representación legítima, inquebrantable y blindada éticamente, cuyo único mandato proviene de la voluntad popular expresada de manera categórica.
Esta nueva etapa no es una concesión; es una estrategia de presión donde la negociación se entiende bajo una máxima de Ronald Reagan: 'La paz no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de gestionarlo por medios pacíficos."
Se busca una transición ordenada y con plazos claros, pero con una advertencia severa e inequívoca: para el propio régimen, sentarse de forma real y seria es su mejor opción.
Si las fuerzas institucionales y ciudadanas se desbordan ante la intransigencia, el despelote será impredecible. La oferta de un proceso pacífico y con garantías está sobre la mesa, pero el tiempo corre y la paciencia de una nación entera no es infinita.
El rumbo hacia la redemocratización del país está trazado y la conducción legítima nos convoca a mantener una firmeza ciudadana inamovible. No se trata de confiar a ciegas, sino de respaldar la fuerza de la integridad frente a la degradación moral de quienes pretendieron secuestrar el futuro de Venezuela.
Afirmo firme y categóricamente:
"La tormenta perfecta electoral y política está en marcha; mantengamos la confianza en nuestras propias fuerzas y la guardia en alto. El cambio es un mandato ético y soberano que ya nada podrá detener."
DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano. &

