
Raúl Gorrín, un acaudalado empresario venezolano buscado durante años en Miami por cargos de corrupción extranjera y lavado de dinero, ha sido detenido durante varias semanas en uno de los centros de reclusión más secretos y ampliamente denunciados de Venezuela, según dijeron al Miami Herald tres fuentes familiarizadas con la situación.
Gorrín está recluido en celdas subterráneas bajo un edificio administrado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), frente a Plaza Venezuela, un sitio ampliamente conocido como La Tumba.
“Lo han tenido allí durante unas tres o cuatro semanas”, dijo una fuente, hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias.
La detención de Gorrín en esta instalación, históricamente reservada para detenidos políticamente sensibles o de alto perfil, ha generado interrogantes sobre las razones de su arresto y las dinámicas internas de poder en Caracas.
Aún no está claro si la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, quien reemplazó a Nicolás Maduro tras ser capturado por fuerzas estadounidenses a principios de enero para enfrentar cargos por narcotráfico, permitirá su traslado a Miami, donde enfrenta dos acusaciones formales. Venezuela y Estados Unidos no tienen un tratado de extradición, pero la administración Trump ha presionado a Rodríguez para que cumpla varias directrices estadounidenses en materia de petróleo, inmigración y otros asuntos clave desde que asumió el liderazgo del país.
La Tumba es una prisión poco convencional. El complejo está ubicado cinco niveles bajo tierra —aproximadamente a 15 metros de profundidad— dentro de una estructura diseñada originalmente como espacio de oficinas para el sistema Metro de Caracas.
Desde su conversión en centro de detención tras las protestas antigubernamentales de 2014, ha sido denunciado repetidamente por organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos. Exdetenidos, abogados y activistas la describen de forma consistente como un espacio de aislamiento extremo.
Las celdas, de aproximadamente 2 por 3 metros, están completamente selladas, con paredes blancas, sin ventanas y puertas metálicas reforzadas. La iluminación artificial permanece encendida las 24 horas del día, mientras que el silencio es casi absoluto, interrumpido solo ocasionalmente por el ruido lejano de los trenes del metro.
Estas condiciones han llevado a que la instalación sea asociada con la “tortura blanca”, un término utilizado para describir técnicas de presión psicológica diseñadas para quebrar mentalmente a los detenidos sin dejar marcas físicas visibles.
A diferencia del clima tropical en la superficie, las temperaturas dentro de la instalación se mantienen deliberadamente bajas mediante sistemas de aire acondicionado central, según múltiples testimonios recogidos en informes previos. El ambiente frío, combinado con la iluminación constante y el contacto humano mínimo, genera condiciones que, según defensores de derechos humanos, pueden constituir tratos crueles, inhumanos o degradantes.
Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado previamente casos de detenidos que describen ansiedad extrema, depresión, insomnio y deterioro cognitivo tras pasar semanas o meses en este tipo de confinamiento.
La detención de Gorrín añade un nuevo capítulo a la trayectoria de uno de los empresarios más influyentes —y controvertidos— de la Venezuela moderna.
Propietario de la cadena de televisión Globovisión y vinculado durante años a operaciones financieras relacionadas con el Estado venezolano, Gorrín ha sido identificado por autoridades estadounidenses como una figura central en esquemas de corrupción a gran escala.
Durante años, su nombre ha aparecido reiteradamente en investigaciones sobre corrupción transnacional, incluso mientras mantenía una presencia visible en el ámbito mediático y empresarial venezolano.
En 2019, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo sancionó por su presunto papel en un esquema de lavado de dinero que involucraba miles de millones de dólares vinculados a la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Posteriormente, fiscales federales en el sur de Florida lo acusaron de conspiración para lavar dinero y pagar sobornos a funcionarios venezolanos.
En octubre de 2024, Gorrín fue acusado de conspirar para lavar 1.200 millones de dólares que, según autoridades federales, él y otros asociados habrían sustraído del gobierno venezolano para invertirlos en Europa y Estados Unidos, incluyendo bienes raíces de lujo en el sur de Florida.
Según una acusación presentada en un tribunal federal de Miami, Gorrín habría conspirado para sobornar a altos funcionarios de la petrolera estatal venezolana a cambio de acceso a lucrativos contratos de préstamos gubernamentales.
Los fiscales sostienen que los pagos de esos préstamos se canalizaban a través del sistema de cambio preferencial del gobierno, generando ganancias extraordinarias.
Gorrín, quien fue aliado cercano del fallecido presidente Hugo Chávez y de Maduro, fue acusado en Miami de un cargo de conspiración para cometer lavado de dinero, delito que conlleva una pena máxima de 20 años de prisión en caso de ser declarado culpable.
Su caso se originó a partir de una acusación más amplia presentada en Miami en 2018, que involucraba a ocho asociados acusados de saquear PDVSA, incluidos altos ejecutivos y abogados. Desde entonces, se han imputado a cinco acusados adicionales —incluido Gorrín—. Aproximadamente la mitad se ha declarado culpable y ha sido sentenciada, incluyendo varios que aportaron pruebas en su contra. Otros permanecen prófugos en Venezuela o Europa.
Por separado, a finales de 2018, Gorrín fue acusado en otro esquema masivo de lavado de dinero destinado a desviar más de 1.000 millones de dólares del gobierno venezolano y movilizar esos fondos ilícitos a través de bancos estadounidenses e inversiones inmobiliarias de lujo en Miami, Coral Gables y Nueva York, según otra acusación en Miami.
Esa acusación también lo señala por conspirar para sobornar a funcionarios venezolanos, incluido el ex tesorero nacional Alejandro Andrade, quien se declaró culpable y cumplió condena en Estados Unidos.
Gorrín incluso ha tenido un papel indirecto como posible testigo en el juicio federal en curso en Miami contra el excongresista de Miami-Dade David Rivera, acusado de no registrarse como agente extranjero del gobierno de Venezuela. Según pruebas presentadas en el juicio, Gorrín habría ayudado a Rivera a obtener acceso a altos funcionarios venezolanos, incluida Rodríguez, para concretar un contrato de 50 millones de dólares representando a la filial estadounidense de PDVSA en 2017.
El abogado defensor de Gorrín, Howard Srebnick, no pudo ser contactado de inmediato para ofrecer comentarios.
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