Un hombre con gorra frente a los restos de un edificio caído en El Junquito.

Fuente de la imagen, Federico PARRA / AFP via Getty Images

Pie de foto, El Junquito, unos de los destinos turísticos de los caraqueños, también resultó afectado por los devastadores terremotos del 24 de junio.
Autor,  BBC News Mundo

La Guaira. Horas después de que dos terremotos sacudieran Venezuela el pasado 24 de junio, la atención mundial comenzó a centrarse en este estado ubicado al norte del país sudamericano.

Y motivos no faltan: decenas de edificios en este territorio —vecino de Caracas y frente al mar Caribe— colapsaron, convirtiendo a la zona en la más afectada por el doble evento sísmico que, hasta el martes, había dejado más de 1.943 fallecidos, más de 10.000 heridos y miles más de damnificados y desaparecidos.

Sin embargo, a medida que pasan los días, los habitantes de algunos de los otros cinco estados afectados han venido expresando su frustración por lo que consideran un abandono por parte de las autoridades.

"Como siempre, nos han tratado como el patio trasero de Caracas", dijo a BBC Mundo Eduardo Sierra, vecino de El Junquito, una región montañosa ubicada a unos 33 kilómetros al noroeste de Caracas y limítrofe con La Guaira.

La zona, a la que muchos caraqueños acuden los fines de semana y festivos para desconectar, sufrió daños con los sismos, principalmente en su parte comercial, según reportaron desde Cáritas Venezuela, la organización humanitaria de la Iglesia católica.

Varios de los restaurantes de la localidad, famosos por platos típicos como el cochino frito y las cachapas (especie de panqueque elaborado con maíz amarillo dulce), quedaron destruidos, al igual que decenas de viviendas y escuelas. Según la prensa local, el balance de víctimas ronda la media docena.

A falta de Estado, pueblo

Como en otras partes de Venezuela, nada más ocurridos los sismos, los habitantes de El Junquito fueron los primeros en salir a socorrer a sus vecinos que quedaron atrapados en lo que una vez fueron sus casas y sitios de trabajo.

"La gente comenzó a mover piedras sin esperar a nadie", aseguró Sierra.