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martes, octubre 13, 2026

OIT revela optimismo por diálogo tripartito para destrabar estancamiento de sueldos


El integrante del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Jorge Roig, afirmó que observa con «optimismo» la posibilidad de concretar acuerdos laborales tripartitos en las mesas de diálogo social entre el Gobierno nacional, el sector empresarial y las centrales sindicales para transformar el esquema laboral e impositivo de las remuneraciones en el país.

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Durante una entrevista televisiva en Venevisión, Roig explicó que existe consenso entre las partes sobre la inoperancia del modelo actual, al tiempo que advirtió que el Estado venezolano enfrenta una imposibilidad financiera para asumir aumentos en los sueldos de una nómina pública que supera los ocho millones de personas, contabilizando trabajadores activos, jubilados y pensionados. «Estamos todos de acuerdo en que el sistema laboral actual no está funcionando, ni le da mayor ingreso a los trabajadores, ni le da seguridad ni certidumbre a los empleadores», aseveró el dirigente gremial.

Respecto al esquema de bonificaciones sin incidencia prestacional, Roig señaló que dicho mecanismo ha servido como un alivio temporal para mitigar la pérdida del poder adquisitivo sin comprometer la liquidez del gasto público ni la viabilidad de las empresas privadas. «Yo no satanizaría los bonos, tampoco los bendigo. Han sido la única solución para que el trabajador hoy tenga un poquito más de dinero en el bolsillo», sostuvo, añadiendo que las mesas del diálogo social evalúan la creación de una «Ley de Consensos Laborales y Sociales» que permita aplicar soluciones flexibles adaptadas a la capacidad económica de cada sector mientras se tramita una reforma de fondo a la Ley Orgánica del Trabajo.

Puntos clave de las declaraciones de Jorge Roig (OIT)

  • Consenso tripartito: Gobierno, empresarios y trabajadores coinciden en que el sistema laboral vigente está agotado y requiere transformaciones.
  • Limitación fiscal: El Estado carece de fondos para elevar los salarios de 8 millones de dependientes del sector público y pensionados.
  • Defensa pragmática de bonos: «Han sido la única solución para que el trabajador hoy tenga un poquito más de dinero en el bolsillo», precisó sobre los bonos sin incidencia.
  • Propuesta normativa: Evalúan la promulgación de una «Ley de Consensos Laborales y Sociales» con mecanismos temporales y adaptables a cada sector.
https://www.descifrado.com/

domingo, febrero 22, 2026

Sindicatos exigieron alza salarial de 300 dólares tras 47 meses sin aumento


Existe una expectativa positiva entre los venezolanos tras la captura y extracción de Nicolás Maduro a una prisión en Brooklyn, Nueva York, sobre todo tras la aprobación de la reforma de la Ley de Hidrocarburos y los esfuerzos realizados por el propio Donald Trump al llamar a invertir en Venezuela a las grandes petroleras del mundo. Eso lo proyectan las encuestas, pero en materia socio-económica, el mayor anhelo de los venezolanos, sin dudas, es que se aumenten los sueldos.

En redes sociales, representantes de los trabajadores de todos los sectores aumentan los decibeles. Monitor Sindical Venezuela, cuenta que profundiza sobre estas exigencias, incrementó las publicaciones con demandas claras, tanto para los dirigentes socialistas tutelados por los Estados Unidos como para los sectores empresariales:

Los precios suben, el Estado recibe más dinero y tu sueldo sigue igual. La cuenta no da. Hoy la lucha es por un salario mínimo de al menos 300 dólares. ¡Por una vida digna para todos los venezolanos, fijen el salario mínimo ya!”, se lee en X.

El ingreso más bajo de América Latina

La ONG Provea denunció que tanto el salario mínimo como las pensiones “permanecen anclados” en 130 bolívares -37 centavos de dólar al cambio oficial-, desde marzo de 2022, pese a los reiterados reclamos sindicales y al deterioro sostenido de las condiciones de vida. “Venezuela solo podrá avanzar hacia el encuentro y la convivencia cuando se reconozcan las necesidades de la población trabajadora y se respeten los espacios de diálogo social”, expresó la organización.

Se trata del ingreso mensual más bajo en toda América Latina.

Y eso se debe a la política salarial del Ejecutivo, con base en decisiones de Maduro, quien se apoyó en el pago de bonificaciones que no inciden en beneficios laborales. Estos complementos suman 160 dólares mensuales -40 por concepto de alimentación y 120 como “ingreso de guerra económica”- y son depositados en bolívares según la tasa Banco Central.

Con el artículo 91 de la Constitución como espada, Provea recordó que el país acumula tres años y diez meses sin ajustes salariales, el período “más largo” registrado en casi tres décadas. La carta magna es contundente en ese apartado: “Todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia la canasta básica, ajustada al costo de la vida”, reza.

Y se calcula que la canasta básica venezolana asciende a USD 550 mensuales.

Solo reformando el Estado

Especialistas en economía advierten, sin embargo, que un incremento de esa magnitud sería “inviable” dadas las limitaciones fiscales del país.

Uno de ellos es Asdrúbal Oliveros, consultor empresarial. “Un trabajador público debería ganar un mínimo de USD 300, sí. Un pensionado debería ganar un mínimo de USD 300, sí. Pero eso es una condición moral”, adelanta en entrevista  con el Diario Primicias en la que augura un aumento, en víspera de mayo, en los bonos que ya se conocen.

bono sistema patria

Oliveros cree que el Gobierno continuará con la dinámica de aumentar los bonos ya conocidos mediante la asignación del sistema Patria, sin hacer ajustes importantes en el salario mínimo oficial. ¿La razón?:

No tienes manera de pagarle bien a un trabajador público, no hay ingreso para eso, con una nómina que se estima en, más o menos, 2.000.000 de empleados públicos y 4.000.000 de pensionados. El Estado, tal como está, no puede pagar buenos sueldos. No hay manera. En el sector público hace falta una reforma del Estado”, sostiene.

Control de expectativas

Para Luis Vicente León, economista y presidente de Datanálisis, resulta entendible que las proyecciones de mejora económica para 2026, impulsadas por la apertura petrolera, generen mayores expectativas salariales en una población que viene de años de deterioro severo en su ingreso real.

Sin embargo, León explica que pese a una mayor actividad económica y una reducción de la brecha cambiaria, solo se normalizan los flujos de divisas y se mejora el esquema de subastas del BCV que hoy dificulta planificar, se podrán ver efectos positivos sobre los ingresos. “Pero eso, por sí solo, no alcanza para recuperar la capacidad de compra al nivel que la gente espera”, advierte.

“El verdadero rescate del salario exige una discusión más profunda. La estructura actual de la Ley del Trabajo, especialmente en lo relativo a la retroactividad de las prestaciones sociales, quedó desbordada tras la hiperinflación. En la práctica, ese esquema terminó bloqueando aumentos salariales estructurales, porque su impacto acumulado sobre los costos haría inviable tanto al sector privado como al propio Estado”, agrega.

Según León, ese concepto de prestaciones acumuladas existe más en el papel que en la realidad. “Los trabajadores han visto pulverizarse sus beneficios y salarios mientras las empresas y el propio gobierno evitan ajustes salariales formales para no comprometer su viabilidad. El resultado ha sido el contrario al buscado: menor salario real y menor protección efectiva”, argumenta.

Por ello, el experto en finanzas, apuesta por una discusión nacional seria que permita rediseñar el marco laboral, proteger derechos de los trabajadores  y, al mismo tiempo, hacer viable la re-salarialización.

Es un proceso complejo y políticamente sensible. No luce probable que se resuelva en el muy corto plazo. Por eso es previsible que veamos ese año aumentos vía bonos e ingresos complementarios, que ayudan, pero no constituyen todavía la solución estructural que el salario real necesita”, refuerza.

Imagen destacada: Mejora el cálculo de las prestaciones de tus empleados

Propuesta con lupa en prestaciones

Jorge Roig, representante de Fedecámaras ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), coincide con Oliveros y León.

La semana pasada durante el Segundo Foro de Jóvenes Líderes, en Caracas, afirmó que Venezuela no podrá avanzar hacia un aumento del salario mínimo mientras no se modifique la legislación laboral vigente.

Roig señaló que el principal obstáculo es el mecanismo de recálculo de las prestaciones sociales, que se calcula con base en el último salario, con retroactividad e indexación. En un contexto inflacionario, explicó, incluso un aumento modesto puede generar obligaciones imposibles de cubrir para empresas con trabajadores de larga antigüedad. “No estamos hablando de eliminar las prestaciones sociales, sino de eliminar el recálculo”, expresó.

Como solución temporal, planteó la aprobación de una Ley de Emergencia Laboral que establezca un período especial en el que los aumentos salariales no incidan en el cálculo de las prestaciones. La medida tendría una duración limitada y estaría vinculada a otras variables que afectan la operación del sector privado.

Roig sostuvo que, con un ajuste transitorio de este tipo, el sector empresarial estaría en capacidad de mejorar los salarios. Recordó que el sector privado desea hacerlo porque un mayor ingreso impulsa el consumo y dinamiza la economía. “Los empresarios privados están deseosos de pagar un mejor salario, pero debemos superar la legislación laboral vigente para hacerlo posible”, sostuvo.


Arturo Molina: Salario, petróleo y verdad



El aguijón.

Venezuela atraviesa un momento de expectativa contenida. Desde comienzos de 2026 se ha instalado la idea de que podrían producirse cambios capaces de aliviar la presión económica que soportan millones de ciudadanos. Pero más que rumores o anuncios parciales, el país necesita algo tan simple como exigente: claridad. La incertidumbre no proviene únicamente de una crisis prolongada; nace también de la opacidad sobre lo que realmente se negocia y se planifica en nombre del interés nacional.

En el plano internacional, el reacomodo de las relaciones entre el gobierno venezolano y Estados Unidos ha devuelto el petróleo al centro del tablero. Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) vuelve a ocupar titulares como eje de posibles acuerdos y nuevos flujos comerciales. Sin embargo, más importante que los montos anunciados es la arquitectura institucional que debería acompañarlos. Según cifras oficiales y estimaciones independientes, la producción petrolera venezolana ha oscilado en los últimos años alrededor del millón de barriles diarios, muy lejos de los más de tres millones que llegó a bombear a comienzos de siglo. Aun en escenarios de recuperación, los ingresos no son ilimitados, y su impacto dependerá menos del volumen exportado que de la transparencia en su administración.

La soberanía no se declama: se ejerce con información pública y rendición de cuentas. El ingreso por exportaciones no es una cifra abstracta; es la base material de cualquier política social sostenible. Sin datos verificables sobre contratos, costos operativos y destino de los recursos, la expectativa se convierte en sospecha. Y ningún proceso de recuperación puede sostenerse sobre la desconfianza. En la vida cotidiana, el debate más urgente sigue siendo el salario. El ingreso mínimo legal perdió hace años su función protectora. De acuerdo con mediciones del Observatorio Venezolano de Finanzas, el salario mínimo mensual equivale a apenas unos pocos centavos de dólar al tipo de cambio vigente, mientras la canasta básica supera ampliamente los cientos de dólares. La brecha no es técnica: es existencial. Lo que debería garantizar condiciones mínimas de vida se ha convertido en una referencia simbólica.

En su lugar han proliferado bonos y compensaciones que alivian momentáneamente el bolsillo, pero no forman parte del salario integral ni inciden en prestaciones, vacaciones o pensiones. Esta distorsión debilita la seguridad jurídica del trabajador y traslada la estabilidad laboral al terreno discrecional. Como advertía el economista Asdrúbal Oliveros en un foro reciente, “sin anclas fiscales y monetarias claras, cualquier aumento nominal corre el riesgo de evaporarse en inflación”. El dilema no es si aumentar o no el salario, sino cómo hacerlo sin reproducir el ciclo de incremento–inflación–pérdida de poder adquisitivo. Desde hace más de dos décadas, el salario se fija esencialmente por decreto presidencial, desplazando la negociación tripartita prevista en la legislación laboral. Esa práctica ha erosionado la confianza institucional. Las decisiones salariales no pueden depender de anuncios ocasionales ni de fechas simbólicas; deben responder a un proceso técnico, transparente y verificable donde participen el Estado, los empleadores y los trabajadores con cifras auditables sobre la mesa.

Si se proyecta un incremento en los ingresos del país por una eventual mejora petrolera, la ciudadanía merece conocer la ruta progresiva de ese alivio. Si el aumento salarial será modesto, deben explicarse con franqueza las restricciones fiscales y monetarias. Si será sustancial, debe detallarse cómo se sostendrá sin alimentar nuevas presiones inflacionarias. La expectativa sin información se transforma inevitablemente en frustración, y un ajuste cosmético combinado con una reducción de derechos solo profundizaría el malestar social. Venezuela necesita menos consignas y más datos; menos decisiones unilaterales y más institucionalidad. Una salida responsable exige que el gobierno publique cifras verificables, que el sector empresarial asuma compromisos claros de formalización y productividad, y que el movimiento sindical participe con propuestas viables y sostenibles. La ciudadanía no es un espectador pasivo: es el sujeto del contrato social.

Lo cierto de todo esto, es que la discusión sobre el salario no es un tecnicismo económico. Es una discusión sobre dignidad. Y ningún país puede reconstruir su futuro si administra sus recursos en silencio y sueldos en incertidumbre.

jarturomolina@gmail.com – @jarturomolina1 – www.trincheratachirense.blogspot.com

https://www.costadelsolfm.org/

viernes, febrero 13, 2026

UNT propone una Ley de Amnistía amplia y la derogación de la Ley de Odio y la Ley Simón Bolívar


jueves, febrero 12, 2026

Secretario de Energía de EE.UU. aboga por «liberar» a los ciudadanos y economía de Venezuela


miércoles, enero 21, 2026

Gremio advierte déficit del 60% de personal de enfermería en el país por bajos sueldos



La vicepresidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital (Cedc), Naucela Gudiño, planteó un salario mínimo para el sector que esté por el orden de los US$ 500 mensuales.

Gremio advierte déficit del 60% de personal de enfermería en el país por bajos sueldos

Los bajos salarios ocasionaron la deserción de al menos el 60% del personal de enfermería en centros sanitarios del país, advirtió Naucela Gudiño, vicepresidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital (Cedc).

La dirigente gremial explicó que se trata de un enorme déficit que afecta la atención oportuna de pacientes y ocasiona la sobrecarga laboral del personal que se mantiene activo en el sistema de salud pública nacional.

Detalló que en los hospitales tipo cuatro, en los que antes existían nóminas entre 800 y 1.200 profesionales de enfermería, distribuidos en cuatro turnos, actualmente funcionan con 200 o menos profesionales en los mismos turnos, por lo que es frecuente encontrar a una enfermera atendiendo a un promedio de 50 pacientes, lo que retrasa la administración de medicamentos y aumenta la mortalidad.

Naucela Gudiño puntualizó que el salario que devengan los profesionales de enfermería es de Bs.246 bolívares al mes y que los ingresos a bases de bonos entregados por el Ejecutivo nacional no tienen incidencia en prestaciones sociales como el bono vacacional ni de fin de año, que antes representaban ingresos importantes.

Asimismo, destacó la necesidad de mejoras salariales, pensiones, jubilaciones y cláusulas económicas, contempladas en la convención colectiva y planteó un salario mínimo para el sector que esté por el orden de los US$ 500 mensuales, dijo en entrevista para Radio Fe y Alegría.

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