
En las nuevas circunstancias que abre su regreso, María Corina Machado puede convertirse en una carta política valiosa para Trump. Acompañar una transición democrática le permitiría asentar la relación con Venezuela sobre bases más firmes y presentar un resultado favorable ante un electorado latino cuyo descontento podría pesar en las elecciones de medio término del 3 de noviembre. Cabe interpretar la apertura de Washington a su regreso dentro de ese cálculo, aunque no pueda afirmarse como un hecho demostrado.
Las recientes derrotas de Orbán en Hungría y de Flávio Bolsonaro en Brasil recuerdan que el respaldo de Trump no garantiza victorias. En Venezuela, su mejor oportunidad podría estar en reconocer un liderazgo que ya cuenta con apoyo propio y capacidad de movilización.
Frente a un acuerdo petrolero vulnerable, que puede hacer agua por sus cuestionamientos jurídicos y su falta de legitimidad democrática, María Corina ofrece la posibilidad de construir un entendimiento más duradero. Su respaldo ciudadano le permite ser una interlocutora decisiva para una transición y para una relación estable entre ambos países.
María Corina puede favorecer una alianza sólida con Estados Unidos y, al mismo tiempo, exigir que los acuerdos petroleros respeten la Constitución y el interés nacional. Esa combinación ofrece mayores posibilidades de estabilidad que la pretensión de asegurar negocios a costa de aplazar indefinidamente la voluntad ciudadana.
Trump tiene ahora la posibilidad de pasar de un acuerdo petrolero vulnerable a una relación duradera con una Venezuela democrática. María Corina puede ser decisiva para construirla, pero su legitimidad proviene del respaldo de los venezolanos.

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