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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, mayo 27, 2026

LUSINCHI ¡Si! Por Douglas Zabala

 


Hoy venimos a recordar que un 27 de mayo de 1924 en la población de Clarines allá en el estado Anzoátegui nació Jaime Ramón Lusinchi.

 

Este oriental se incorpora al activismo político muy joven. Ingresa al Partido Democrático Nacional (PDN), cuando todavía era un estudiante de bachillerato en la Barcelona de 1939.  Al realizar Rómulo Betancourt y otros adecos el mitin fundacional de su partido Acción Democrática, en la Caracas del 13 de septiembre de 1941, Jaime Lusinchi participa activamente en esa gran jornada histórica.

 

Durante sus años universitarios en la UCV, fue presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV). En el periodo de la lucha contra la dictadura perezjimenista demostró arrojo y valor. En 1952, fue apresado por la Seguridad Nacional y al cabo de un tiempo, expulsado de Venezuela. En su exilio, realizó postgrado de pediatría en las universidades de Buenos Aires y Santiago de Chile.

 

Cuando Lusinchi ganó las elecciones de 1983, Venezuela vivía una de las crisis más agudas de su historia democrática. El país llegaba a aquellos comicios agobiado por los efectos del "Viernes Negro" del 18 de febrero de ese mismo año, cuando el presidente Luis Herrera Campins devaluó el bolívar y decretó el control de cambio, destruyendo de la noche a la mañana la ilusión de una Venezuela saudita.

 

En ese contexto de desencanto, Lusinchi se alzó con un triunfo monumental: obtuvo el 56% de los votos, derrotando al copeyano Rafael Caldera. Su consigna de "gobierno de austeridad" y su imagen de médico pausado convencieron a un electorado que pedía a gritos un cambio de rumbo tras el vendaval económico.

 

Su gobierno recibió una Venezuela hipotecada, con recesión y deuda disparada, pero en lugar de aplicar las duras medidas que exigía el Fondo Monetario Internacional, optó por un camino ecléctico: control de precios, austeridad discursiva y, paradójicamente, un gasto público que reactivó el clientelismo.

 

Entre los hechos más significativos de su mandato destaca la tensión casi bélica con Colombia en agosto de 1987, cuando la corbeta ARC Caldas penetró en aguas en disputa del golfo de Venezuela; Lusinchi ordenó el despliegue de la fuerza aérea y naval, poniendo a ambas naciones al borde del enfrentamiento.

 

Pero el rostro más amargo del gobierno lusinchista fue la sombra de la corrupción. El escándalo de RECADI (Régimen de Cambio Diferencial) destapó una red de malversación de miles de millones de dólares en la asignación de divisas preferenciales.

 

La figura de Blanca Ibáñez, su secretaria privada y luego esposa, alcanzó tal poder y cuestionamiento que la prensa llegó a decir que era "la mujer que casi gobernó Venezuela".

 

Acorralado por denuncias y acusado por un periodista, estalló ante las cámaras de Radio Caracas Televisión y, aludiendo a Marcel Granier, le espetó varias veces a un país asombrado: ¡A mí no me jodes tú! ¡Si!

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